viernes, 16 de octubre de 2009

Comentar un texto encierra una gran dificultad.


Elección del método (depende del tipo de texto):

*.- Literal: seguir el orden señalado por el texto, de forma progresiva, palabra por palabra, explicando todo a cada paso.
Útil para Tratados de Paz, leyes, decretos… (textos articulados).
Peligro la reiteración e insistir en hechos tan evidentes que no necesitan ninguna explicación.

*.- Lógico: explicar el contenido reagrupando los temas afines y presentando estos reagrupamientos encadenada y secuencialmente.

*.- Lógico-literal: en primer lugar agrupar el contenido del texto por temas o líneas básicas (método lógico) y luego, dentro de estos reagrupamientos, explicar el contenido de ellos.

Naturaleza del texto:
*.- Jurídico o legislativo cuya redacción ha sido cuidadosamente medida y pensada
(Constituciones, leyes, decretos, resoluciones, tratados).
*.- Textos más circunstanciales (discursos, artículos de prensa…) orientados a conseguir un determinado efecto: enteramente organizados, ideados para la consecución de determinados resultados.
*.- Literarios, filosóficos, históricos… tratan de expresar pensamientos o ideas.
*.- Testimoniales, relatos personales…
*.- Documentos que proporcionan datos (censos, libros de catástro, estadísticas)
Por la identidad del autor y su proximidad al acontecimiento, veracidad… (Quién)
*.- Ejemplo: emanados de la autoridad pública
*.- Identidad del destinatario (A quién va dirigido)
*.- Cuándo, dónde y circunstancias de su redacción
*.- Por qué: las intenciones del autor
*.- Secuencia de las ideas principales
*.-Sentido y significado de los términos y datos que contiene
*.-Alcance del texto e influencias del texto.
Interés del texto dentro del contexto el que éste se sitúa...

¿Qué es comentar un texto histórico?:


Comentar un texto histórico significa extraer de él
*.- el cuándo,
*.- el por qué,
*.- el cómo,
*.- el dónde,
*.- el quién;
*.- antecedentes, causas, efectos, consecuencias…
*.- Supone tanto aproximarse a la realidad pasada como desarrollar el espíritu crítico.
*.- Consiste en comprender una época y comprender el pensamiento del hombre que la vivió y la creó, incluso cotejándolo con el de otros hombres coetáneos, por si aquel falló en sus propias apreciaciones y convicciones.
*.- Comentar un texto no es sólo contar lo que nos ofrece a simple vista… hay que saber leer entrelíneas.

Más que comentar un texto se trata de comprenderlo:
*.- Razonar el pasado sin caer en la subjetividad y evitando el anacronismo histórico (no tratar de entenderlo con mentalidad de presente)
*.- Comprender un documento es hacerle hablar a base de preguntas. Sin juzgarlo (la historia es comprender y hacer comprender)

Defectos a evitar en un comentario:
*.- Explicación externa: no hablar del texto propuesto sino referir hechos aprendidos en un libro de historia y que tienen relación con el texto a comentar.
Así el texto no significa nada más que un pretexto para hablar de un tema histórico. Pero eso no es un comentario.

*.- Explicarlo parafraseando el texto, decir lo que dice el texto pero de otra manera sin añadir el más mínimo matiz.

*.- Sustituir el comentario por una composición o redacción literaria.
Hacer una redacción de carácter peyorativo (con apreciaciones de carácter agresivo o circunspecto, hirientes o inofensivos, polémicos o incontrovertibles, condenatorios o llenos de incienso pero generalmente faltos de objetividad sin entrar en el análisis del texto en sí o sin tener en cuenta que unos párrafos, aislados de todo el conjunto de una obra, puede conducir a conclusiones falsas.

¿Para qué sirve comentar textos históricos?



*.- La historia nace la de la interpretación de documentos.
*.- La historia se hace con documentos y donde no los hay, no hay historia.
*.- La historia comienza allí donde los documentos empiezan a ser inteligibles.
*.- A los documentos hay que tratar de sacarles el mayor partido posible.
*.-La familiarización con los documentos conduce al historiador, y al que estudia la historia, a tomar contacto con el pasado, e inmediatamente a compararlo con el presente.
Indudablemente puede resultar más atractivo, “a priori”, moverse en el mundo de las discusiones teóricas, de los planteamientos doctrinales, que enfrentarse con los polvorientos legajos.

*.-El documento puede ser utilizado con fines científicos y/o con fines didácticos.
*.- El manejo de los documentos con fines didácticos:
**.-Exige un participación activa del alumno y lo motiva.
**.-Despierta su interés y su curiosidad.
**.-Destierra la memoria mecánica y su consecuencia principal, el verbalismo.
**.-Desarrolla su espíritu crítico.
**.-Le hace descubrir la complejidad de los hechos históricos estudiados, luchando contra el esquematismo deformador y engañoso.
**.-Le acerca a la metodología histórica, haciéndole comprender cómo trabaja el historiador, cuales y cuantos son los inconvenientes a salvar.
**.-Le permite reconstruir el clima de una época.

El documento puede ocupar lugares diversos:
*.- Antes del estudio del tema, al cual introduce y para el que sirve de motivación.
*.-A lo largo del estudio del tema, como tesis o hipótesis de trabajo.
*.-Después del estudio de un tema histórico, para tratar de fijar los conocimientos ya adquiridos o para mejorar su comprensión.
*.-Como elemento evaluador sobre la aplicación de los conocimientos adquiridos.

El texto escrito no es el único documento existente: todo lo que constituya un vestigio, resto o recuerdo del pasado vivido es documento.

martes, 6 de octubre de 2009

Los antecedentes de la Restauración



Ante las preguntas que me han formulado en clase, buscando en la red, he encontrado estos dos esquemás gráficos (firmados por su autor) que quizás puedan ayudarles en sus dudas. ¡Ya me contarán!.

Nuevo comentario: La nacionalidad catalana (Prat de la Riba)


"Siendo la nacionalidad una unidad de cultura, un alma colectiva, con un sentir, un pensar y un querer propios, cada nacionalidad ha de tener la facultad de acomodar su conducta colectiva, es decir, su política, a su sentimiento de las cosas, a su sentido, a su libre voluntad.
Cada nacionalidad ha de tener su Estado.
[...] La aspiración de un pueblo a tener política propia, a tener un Estado suyo, es la fórmula política del nacionalismo.
La aspiración a que todos los territorios de la misma nacionalidad se agrupen bajo la dirección de un Estado único es la política o tendencia pannacionalista...
[...} Allá donde hay nacionalidades que han de hacer vida en común, el régimen federativo tiene natural aplicación; el Estado federal, asociación de los Estados nacionales, es el organismo jurídico de la nueva formación política.
[...] Del hecho de la nacionalidad catalana nace el derecho a la constitución de su Estado propio, de un Estado catalán. Del hecho de la actual unidad política de España, del hecho de la convivencia secular de varios pueblos, nace un elemento de unidad, de comunidad que los pueblos unidos han de mantener y consolidar; de aquí, el Estado compuesto.
Estos dos hechos primarios, fundamentales, el de la personalidad nacional de Cataluña y el de la unidad de España, fortalecidos por dos leyes correlativas, la de la libertad que implica la autonomía y espontaneidad sociales, la de la universalidad que lleva a la constitución de potencias mundiales, se resuelven en una fórmula de armonía, que es la Federación Española.
Así, el nacionalismo catalán, que nunca ha sido separatista, que siempre ha sentido la unión fraternal de las nacionalidades ibéricas dentro de la organización federativa, es aspiración levantada de un pueblo, que, con conciencia de su derecho y de su fuerza, marcha con paso seguro por el camino de los grandes ideales progresivos de la humanidad."
Enric PRAT DE LA RIBA: La nacionalidad catalana, Alianza Editorial/ Enciclopedia Catalana, Madrid, 1987.
Sería interesante que leyeran algo de lo que les indico:

lunes, 5 de octubre de 2009

Datos biográficos de Joaquín Costa


Jurista, historiador y erudito español representativo del movimiento regeneracionista. Procedente de una familia campesina modesta, consiguió estudiar en la Universidad de Madrid, doctorándose en Derecho (1872) y Filosofía y Letras (1873).
Su dedicación a la docencia se vio truncada por la estrecha política universitaria del momento, que le decantó hacia otras actividades como la de notario, letrado de Hacienda y profesor de la Institución Libre de Enseñanza.
Pronto comenzó a distinguirse por sus conferencias, artículos y ensayos sobre múltiples aspectos de la realidad española, que le señalaban como un intelectual populista, crítico y sagaz, ligado al krausismo (la corriente filosófica de los seguidores de Krause).

La crisis agrícola de finales del siglo XIX y, sobre todo, la conmoción que sufrió la conciencia nacional española con la derrota en la guerra frente a Estados Unidos y la consiguiente pérdida de las posesiones coloniales de Cuba, Puerto Rico y Filipinas (1898), le estimularon en sus ataques al orden establecido y la búsqueda de propuestas de cambio.

Postuló la recuperación de la economía y de la sociedad agrarias a partir de las tradiciones españolas (Colectivismo agrario en España, 1898) y de una política de fomento (Política hidráulica, 1911), como base para la reconstrucción del país y su inserción entre las potencias europeas (Reconstrucción y europeización de España, 1900).

A pesar de sus convicciones republicanas, hasta los años noventa no había participado en la política activa; en 1896 fracasó en su primer intento por hacerse elegir diputado, acentuando desde entonces la crítica al dominio de los caciques en el medio rural, que corrompía las elecciones y tergiversaba el sentido del sistema parlamentario (Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno de España, 1901-1902).
Consciente de que los vicios caciquiles eran comunes a todos los partidos del régimen de la Restauración, canalizó su actividad política a través de organizaciones de nuevo cuño, como la Liga de Contribuyentes de Ribagorza o la Cámara Agrícola del Alto Aragón.
En 1899 estas instituciones se unificaron con otras similares, dando lugar a la Liga Nacional de Productores; y en 1900 confluyeron con la Asamblea de Cámaras de Comercio de Basilio Paraíso, formando la Unión Nacional. Aquel grupo de presión regeneracionista resultó poco eficaz, por lo que Costa decidió abandonarlo en 1903, presentándose a las elecciones en las listas de la Unión Republicana. Su delicado estado de salud no le permitió ocupar el escaño, retirándose en aquel mismo año a Graus.

Sus críticas al régimen oligárquico de la Restauración, al que culpaba del atraso nacional, expresaban la frustración de las clases medias españolas ante la pobreza del país y su incapacidad para dotarse de un sistema político moderno; pero, en la medida en que confiaba para solucionarlo en la actuación personal de un «cirujano de hierro» con fuerza para desmontar el caciquismo, anticipaba la solución autoritaria que llegaría con la dictadura de Primo de Rivera, por lo que se ha relacionado a Costa con los orígenes del pensamiento fascista.

Para entender la crítica de Joaquín Costa al funcionamiento práctico del Sistema de la Restauración.


El fraude electoral generalizado que caracterizó el sistema del turno tiene lugar en el contexto de un país agrario y atrasado.

La clave de la adulteración electoral estaba en los “caciques”, que eran los encargados de llevar a la práctica los resultados electorales acordados por las elites de los partidos.
Los caciques eran personajes ricos e influyentes en la España rural (terratenientes, prestamistas, notarios, comerciantes...), quienes siguiendo las instrucciones del Gobernador Civil de cada provincia, amañaban las elecciones.
Los gobernadores habían sido a su vez informados por el ministro de Gobernación de los resultados que "debían" de salir en sus provincias, siguiendo el "encasillado" acordado por las elites políticas.
Los métodos desplegados por los caciques durante los elecciones fueron muy variados: violencia y amenazas; cambio de votos por favores (rebajas de impuestos, sorteo de quintos, saldo de préstamos, agilizar expedientes que se eternizaban en las oficinas estatales...); o simplemente trampas en las elecciones, el conocido popularmente como el “pucherazo”.
Su influencia la ponía al servicio del partido que defendía y era un intermediario entre el Estado y su zona


El funcionamiento del turno de partidos era el así:
*.- Cuando el partido en el poder se veía sometido a fuertes presiones internas, el Rey llamaba a gobernar al otro partido.
Tenía el apoyo de la Corona pero carecía del respaldo de las Cortes que era imprescindible en un régimen constitucional.
*.- El Rey otorgaba al nuevo Presidente del Gobierno el Decreto de disolución de las Cortes. Se preparaban nuevas elecciones que se manipulaban para que el resultado sirviera al nuevo gobierno y respetara a la oposición.
La representación parlamentaria se distribuía entre una mayoría en el partido del poder, un número importante del partido de la oposición y escasa representación de otros partidos no di-násticos

Todo esto descansaba en dos condiciones pactadas:
*.- La implicación de la Corona en el sistema político como árbitro de los partidos. El Rey podía decidir cuándo era conveniente la sustitución de un partido por otro.
*.- El falseamiento electoral que era el único medio para crear las mayorías parlamentarias necesarias en cada momento.

En la práctica el Gobierno no dependía de las Cortes, era el Gobierno quien las fabricaba. Esta manipulación electoral se conseguía con dos mecanismos: el encasillado y el pucherazo.
*.- El encasillado: las fuerzas políticas negociaban y se repartían los distritos electorales entre los partidos dinásticos.
La mayoría de los puestos era otorgada a sus propios candidatos, una minoría al partido turnante y muy pocos puestos a los partidos de minorías
*.- El pucherazo: era la manipulación o cambio de los resultados electorales y arreglo de las cifras de votos para ganar las elecciones. Los partidos hacían uso de: compra de votos, intimida-ción, utilización de electores fallecidos o "colocar la urna en un hospital de epidémicos como ocurrió en Madrid en 1886".
Con este sistema era evidente que la opinión del pueblo y sus votos no eran decisivos. Pudo mantenerse porque la población española era básicamente rural y tenía altos grados de analfabe-tismo y porque hasta principios de siglo, los partidos de oposición (los republicanos, los nacio-nalistas, los socialistas) no supusieron un grave peligro para la Monarquía.
Esta realidad generalizada se rompía algunas veces en las ciudades porque en ellas el voto era más libre (en las elecciones generales el sistema funcionaba perfectamente, en las municipa-les, especialmente en las grandes ciudades no era así).