domingo, 11 de noviembre de 2012

Maragall y Pujol proclaman que ha llegado el momento del «Estado catalán» Diada 2007


BARCELONA. Los ex presidentes de la Generalitat Jordi Pujol y Pasqual Maragall olvidaron ayer sus viejas rencillas personales y políticas para reclamar al unísono un Estado propio para Cataluña en un acto institucional que puso fin a la celebración oficial de la Diada de Cataluña.
En la entrega de la medalla de oro de la Generalitat a Pujol y Maragall, los líderes históricos de nacionalismo y del socialismo catalanes lanzaron sus proclamas independentistas para asombro y estupor de su sucesor en el cargo, José Montilla, y regocijo de los máximos dirigentes de ERC y de CiU, Josep Lluís Carod-Rovira y Artur Mas, respectivamente.
El morbo de ver «hermanados» a Pujol y Maragall en la misma causa, ya que en los últimos días habían coincidido en reclamar la «huelga fiscal» para acabar con el expolio que, a su entender, sufre Cataluña por parte del Estado, llenó el aforo del Salón de Sant Jordi del Palau de la Generalitat. Ni Maragall ni Pujol defraudaron las expectativas creadas por ambos en la conmemoración del 11 de septiembre más soberanista de toda la historia de la Diada.

Una Constitución catalana
Ante el Ejecutivo de Montilla en pleno, diputados, autoridades militares y eclesiásticas y representantes de la sociedad civil catalana, Maragall aseguró que «Cataluña será una nación porque figurará en su propia Constitución como Estado dentro de una Europa diversa, y no solamente porque lo diga el Preámbulo de su Estatuto».
Según el líder socialista, «ahora es el momento» de decirle a España que «tienen tres naciones no reconocidas que quieren ser Estado», en alusión al País Vasco, Galicia y Cataluña, y añadió que este reconocimiento no debilitará a la UE, sino todo lo contrario.
Tras subrayar que para él, su familia y amigos era «un honor» el galardón otorgado por el presidente catalán, nacido en Iznájar (Córdoba), recordó, Maragall comparó la rendición de Barcelona ante las tropas de Felipe V en 1714 con el bombardeo de Pinochet al Palacio de la Moneda en el golpe contra Allende y los ataques del 11-S. «Tres ciudades bom-bardeadas un 11 de septiembre de dolor», apuntó.

Constitución adaptada
Pujol, por su parte, aseguró que «no es Cataluña la que se tiene que adaptar a la Constitución, sino que es la Constitución la tiene que adaptarse a Cataluña, y respetarla». El ex presidente catalán subrayó que la «nación catalana» es una realidad que «viene de mucho más lejos» que la Carta Magna. «No es fruto de ninguna Constitución ni de ningún pacto político, ni de ningún programa electoral, es una realidad histórica con identidad propia», apuntó. Pujol, mucho más moderado que Maragall en sus planteamientos soberanistas, emplazó a Montilla a que «entre en juego» para frenar los, a su juicio, intentos del Estado de «reducir a un común denominador» a Cataluña junto al resto de autonomías. «En la defensa de una identidad propia y del autogobierno, que tiene raíces históricas que pero sobre todo expresa una voluntad de proyecto futuro, nadie nos podrá igualar en el conjunto del Estado», añadió.
Pujol también agradeció el otorgamiento de la medalla de oro de la Generalitat, pero le espetó a Montilla que para él su «mayor honor» era haber sido presidente de la Generalitat durante 23 años «por voluntad del pueblo de Cataluña».

«Un camino no deseado»
Con el fin de sofocar los ánimos independentistas, incluso dentro de su propio gobierno, Montilla contestó a Pujol y Maragall que «nadie nos hará ir, como pueblo, por un camino que, colectivamente, no deseamos». El presidente de la Generalitat matizó que, en los últimos 30 años, Cataluña «siempre ha salido adelante» y aseguró que «ahora también sabrá encontrar el camino de su futuro» si hay unión entre los partidos catalanes para alcanzar los «grandes objetivos nacionales» como el despliegue de «todas las potencialidades» del nuevo Estatuto.
El camino que traza Montilla es muy diferente al dibujado por su vicepresidente de gobierno, que insiste en la necesidad de poner una fecha al referéndum sobre la independencia de Cataluña. Carod abogó ayer porque la consulta popular se celebre en un «plazo sensato» y reiteró que es «la única salida» ante la situación actual de Cataluña.
El secretario general de ERC, Joan Puigcercós, consideró, por su parte, que Cataluña debe seguir la «estela de Escocia» y que este país debería de ser un referente y «aliado» de la «nación catalana en su camino hacia la independencia».
El presidente de CiU, Artur Mas, emplazó a los catalanes a recuperar la ilusión y la confianza en el futuro pese a que Cataluña vive «un momento difícil» por culpa de la mala gestión del tripartito de Montilla y del Gobierno de Zapatero.
«Los catalanes se sienten en parte desconcertados, en parte confundidos y en parte enfadados, y es lógico», dijo el líder nacionalista, tras reiterar su confianza en su proyecto de convertir CiU en «la casa grande del catalanismo», donde tengan cabida todas las tendencias políticas. El contrapunto a esta cascada victimista y tremendista lo puso el líder de Unió. Josep Duran Lleida, que se borró de la Diada para no participar de este enfervorizado ambiente, dijo desde Chile que los catalanes no tienen derecho a quejarse ni a sentirse y comportarse como «un pueblo derrotado». «No tenemos derecho solamente a transferir y traspasar responsabilidades a los de fuera», apuntó. Duran, que desenmascaró a la clase política catalana, fue tajante: «No podemos poner siempre excusas». Desde la Casa de Cataluña en Santiago, reconoció que la Diada se ha celebrado en un clima de «desilusión y desánimo» por el síndrome post-estatutario y el, a su juicio, «trato injusto» del Estado en materia de infraestructuras.

viernes, 12 de octubre de 2012

El suicidio demográfico de España

El suicidio demográfico de España. Iván Vélez.- Alertadigital.

 Alejandro Macarrón Larumbe (Avilés, 1960) publicó el pasado año el libro El suicidio demográfico de España (Ed. Homo Legens, Madrid 2011, 269 págs.), trabajo que trata de someter a análisis uno de los problemas más graves por los que atraviesa la Nación española: el estancamiento, cuando no retroceso numérico, de su cada vez más envejecida población.

Con la novedad de la aplicación de técnicas estadísticas avanzadas, El suicidio demográfico de España trata sobre un material más que trabajado desde hace siglos. En efecto, la preocupación por la composición y contaduría de la población hispana tiene una gran tradición y trascendencia. Los censos, recuentos, catastros y vecindarios, son muy frecuentes en España sobre todo a partir del siglo XVI, alcanzando gran detalle en el XVIII gracias a los procesos reformistas emprendidos por los Borbones.
El alcance y objetivo de los mismos fue dispar, de ahí que podamos remontarnos a las cartas pueblas locales del siglo IX o referirnos a trabajos más amplios como el Censo de reclutamiento militar, confeccionado por Alonso de Quintanilla en 1482, las Relaciones Topográficas y el Censo especial e moriscos y esclavos, obras ambas encargadas por Felipe II, o el Vecindario de leva de soldados realizado en 1693.
Apoyada en un gran aparato gráfico, la obra denuncia, desde sus primeras páginas, los principales problemas que se perciben al analizar las cifras que ofrece, sobre todo, el Instituto Nacional de Estadística.
A grandes rasgos, éstos consisten en la baja tasa de fecundidad de las mujeres españolas, apenas compensada por la de las madres extranjeras, y el envejecimiento de la población, cuestiones que, en detalle, incorporan aspectos problemáticos en diversos sentidos. Por las páginas del libro planea una cifra: 2,1 es decir, el promedio de hijos por mujer que pueden asegurar la reposición de la población existente, cifra de la que las españolas se alejan si tenemos en cuenta que en 2010 se situó en un insuficiente 1,38, al que se llegó con la ayuda de las madres extranjeras.

Con unos registros tan alejados de la tasa de reposición, el futuro parece oscurecerse, pues nuestro autor conecta envejecimiento poblacional con ausencia de atractivos para el asentamiento de nuevos habitantes extranjeros que pudieran también dinamizar la economía. Y es que precisamente la incidencia de la inmigración es uno de los temas centrales del libro.

Tema polémico, pues recordará el lector que no hace muchos años, por España circuló, sobre todo en ambientes autodenominados «de izquierdas», un lema que rezaba: «ningún ser humano es ilegal». Frase que obviaba un detalle fundamental, a saber: que los que llegaban a las costas españolas tras jugarse la vida en una patera, o entraban a España en avión procedentes de Hispanoamérica, no eran seres humanos que venían a «enriquecernos culturalmente» –que también este ideologizado argumento se escuchó–, sino ciudadanos de sociedades políticas concretas que llegaban para intentar mejorar sus vidas y a menudo las de sus familias. Ocurre también, que no es lo mismo un ser humano islamizado que uno cristianizado.

Y esta circunstancia no es accesoria cuando se observa que en Cataluña y Murcia, por no hablar de Ceuta y Melilla, el creciente número de musulmanes no dejará indiferente el futuro de tales tierras y aun el de la propia España, que si bien pudiera mantener su unidad –cosa esta altamente discutible a la luz del panorama político actual– vería seriamente comprometida su identidad. Sea como fuere, lo cierto es que una de las conclusiones a las que llega Macarrón, extendiendo su análisis a otras naciones de diferentes credos religiosos, es que la elevación del nivel económico de las sociedades conlleva la bajada de la natalidad, por supuesto debido a la incidencia de lo que se ha llamado «planificación familiar», pero también a otros factores que tampoco gustarán a los rigoristas del progresismo.

A los métodos anticonceptivos y a la incorporación de la mujer a la vida laboral extrahogareña, añade el autor el impacto de las políticas españolas despenalizadoras del aborto o las facilidades de disolución matrimonial, a lo que debemos unir el desdibujamiento de tal concepto, merced a los políticamente correctos oficios de la dócil RAE, quien ya acepta un matrimonio sin madre.

En definitiva, el panorama descrito por Macarrón resulta desolador, particularmente en regiones como Galicia, Asturias o Castilla-León si de lo que se trata es de realizar el análisis sobre la división administrativa o autonómica actual, trabajo asequible por disponerse de estas cifras desde las propias administraciones, talladas a tal escala.

Otras conclusiones, acaso más interesantes e ilustrativas, se podrían obtener introduciendo las oposiciones campo/ciudad o interior/costa, pues la distribución de la población en relación con tales disyuntivas nos llevarían a introducir un prisma basal que pondría al descubierto estrategias políticas que el perfil autonomista a veces diluye.

En cualquier caso, Macarrón extrae una conclusión difícil de digerir en determinados contextos. En relación con la baja tasa de natalidad, problema que resulta ser el más acuciante para el futuro de los nativos españoles, don Alejandro resuelve que se trata en gran medida de una falta de voluntad por parte de los posibles padres.
Voluntad que, por otro lado, se ve comprometida por una serie de factores que si en algunos casos resultan insoslayables –por ejemplo los de carácter económico-, en otros brotan de atmósferas ideológicas tan extravagantes que llevan a la infertilidad por motivos ecológicos como los defendidos por el multimillonario norteamericano Ted Turner, verdadero ángel custodio de la observancia del cumplimento con la «huella ecológica» asignada a cada individuo que habita el planeta.

sábado, 6 de octubre de 2012

"La nacionalidad Catalana" Prat de la Riba



TEXTO 2: LA NACIONALIDAD CATALANA (1906)
“Siendo la nacionalidad una unidad de cultura, un alma colectiva, con un sentir, un pensar y un querer propios, cada nacionalidad ha de tener la facultad de acomodar su conducta colectiva, es decir, su política, a su sentimiento de las cosas, a su sentido, a su libre voluntad. Cada nacionalidad ha de tener su Estado.
[...] La aspiración de un pueblo a tener política propia, a tener un Estado suyo, es la fórmula política del nacionalismo. La aspiración a que todos los territorios de la misma nacionalidad se agrupen bajo la dirección de un Estado único es la política o tendencia pannacionalista..
[...} Allá donde hay nacionalidades que han de hacer vida en común, el régimen federativo tiene natural aplicación; el Estado federal, asociación de los Estados nacionales, es el organismo jurídico de la nueva formación política.
[...] Del hecho de la nacionalidad catalana nace el derecho a la constitución de su Estado propio, de un Estado catalán. Del hecho de la actual unidad política de España, del hecho de la convivencia secular de varios pueblos, nace un elemento de unidad, de comunidad que los pueblos unidos han de mantener y consolidar; de aquí, el Estado compuesto.
Estos dos hechos primarios, fundamentales, el de la personalidad nacional de Cataluña y el de la unidad de España, fortalecidos por dos leyes correlativas, la de la libertad que implica la autonomía y espontaneidad sociales, la de la universalidad que lleva a la constitución de potencias mundiales, se resuelven en una fórmula de armonía, que es la Federación Española.
Así, el nacionalismo catalán, que nunca ha sido separatista, que siempre ha sentido la unión fraternal de las nacionalidades ibéricas dentro de la organización federativa, es aspiración levantada de un pueblo, que, con conciencia de su derecho y de su fuerza, marcha con paso seguro por el camino de los grandes ideales progresivos de la humanidad.”
Enric PRAT DE LA RIBA: La nacionalidad catalana, Alianza Editorial/ Enciclopedia Catalana, Madrid, 1987


Ideas para un comentario del contenido del Texto:
Prat de la Riba, intervino en la Redacción de las Bases de Manresa (programa político del catalanismo y proclamación oficial, abierta y sistemática del autonomismo catalanista) que reivindicaban que Cataluña fuera la única soberana de su gobierno interior y que pudiera establecer libremente sus leyes y establecer y recaudar sus impuestos, acuñar su moneda y cuantas otras atribuciones se derivasen de su soberanía.
En la “Nacionalidad Catalana” (1906), Prat de la Riba sistematizó estas reivindicaciones y sentó las bases de una constitución regional catalana que permitiera integrar un Estado Catalán en el Estado español.
Siguiendo el texto, que se propone para comentar, Prat de la Riba:
*.- Parte de una realidad: Cataluña es una Nación que reivindica su derecho a tener un Estado Catalán.
*.- Señala que cada nacionalidad es una “unidad de cultura”, un “alma colectiva”, “un sentir, pensar y querer propios”, (una identidad propia que la determina).
*.- Por ello establece que cada nacionalidad “ha de tener la facultad de acomodar su conducta colectiva, (…) su política, a su sentimiento de las cosas, (…) a su libre voluntad”, a su identidad.
*.- Por tanto, si “cada nacionalidad ha de tener su Estado”, La nacionalidad catalana (Cataluña) debe tener su propio Estado (un Estado catalán).
*.- Concluye Prat de la Riba afirmando que esta es la aspiración de su nacionalismo y, además, lograr que “todos los territorios de la misma nacionalidad (Catalana) se agrupen bajo la dirección de ese Estado único” (pannacionalismo); refiriéndose a que las cuatro provincias catalanas no abarcan todos los territorios catalanes definidos por su identidad catalana.

Prat de la Riba hace compatible esta realidad primaria con otra también primaria y fundamental: “la unidad política de España” (en la que se incluye la nación catalana) fundamentada en la convivencia secular de pueblos que han vivido durante siglos junto y que constituye un elemento de unidad que estos pueblos “han de mantener y consolidar”.
Para respetar estas dos realidades que afectan a Cataluña (y a España), Prat de la Riba propone la Constitución de un Estado federal (compuesto) que posibilite que nacionalidades que han de hacer vida en común tengan su Estado propio.
Sólo “la Federación Española”, según Prat de la Riba, hace compatibles estos “dos hechos primarios, fundamentales, el de la personalidad nacional de Cataluña y el de la unidad de España”.
Prat concluye: Cataluña, en sus reivindicaciones “nunca ha sido separatista” porque “siempre ha sentido la unión fraternal de las nacionalidades ibéricas dentro de una organización federativa”,

Las tesis nacionalistas que propone Prat de la Riba se refieren a un nacionalismo “identitario” que se opone al nacionalismo “político” surgido de las revoluciones liberales de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. El nacionalismo político, según él, no respeta las “identidades” nacionales existentes y crea otras artificiales a las que llama naciones.
Aunque Prat de la Riba señale la Guerra de Sucesión y los Decretos de Nueva Planta de Felipe V (inicios del siglo XVIII) como origen de la negación de los derechos de la nacionalidad catalana por los monarcas Borbones (lo que supone una grave anacronismo histórico).
Solo la constitución de un “Estado federal, asociación de los Estados nacionales”, puede hacer compatibles dos realidades (el derecho de Cataluña nación a tener su propio Estado y su deseo de continuar su secular unión con las demás nacionalidades ibéricas (para las que reclama también el derecho a tener cada una su propio Estado).
Se hace necesaria, por tanto, la constitución de la una Federación Española.
Por ello, Prat de la Riba sostiene que el nacionalismo catalán nunca ha sido separatista, siempre ha sentido y respetado la unión fraternal de Cataluña con las demás nacionalidades ibéricas dentro de su necesaria organización federativa.

Otras afirmaciones de Prat de la Riba que nos ayudan a entender el texto:
*.- “Lo que generalmente se llama patria grande no es sino un Estado compuesto de varias agrupaciones sociales que tienen la condición de verdaderas patrias”.
*.- España “no es más que el Estado o agrupación política a la cual pertenecen” los catalanes.
*.- “El Estado es una entidad política, artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. El primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas”.
*.- La Patria es “la comunidad de gentes que hablan una misma lengua, tienen una misma historia común y viven hermanados por un mismo espíritu que marca con un sello original y característico todas las manifestaciones de su vida”.
*.- “Enclavada Cataluña en el área geográfica conocida con el nombre de España, somos españoles, del mismo modo que somos europeos por estar comprendida España dentro del continente Europa. Gobernada España por el Estado español, los catalanes somos españoles como miembros de este Estado, como ciudadanos de esta sociedad política.
No somos, pues, enemigos de España, tomada en este sentido (el único real), ni al combatir el Estado español queremos otra cosa que rehacerlo con equidad y justicia y con una organización más adecuada y perfecta, dentro de la cual Cataluña puede encontrar una vida de libertad y progreso”.

*.- “Las Bases de Manresa, programa de la gran mayoría de los autonomistas catalanes, son incompatibles con una aspiración separatista. (...) Nuestra aspiración es una aspiración de libertad, pero también de unión y solidaridad con los demás pueblos. Nosotros, que queremos hacer más sólida y durable y, sobre todo, más justa la unión española, presentamos fórmulas de paz, nos dirigimos a las clases dirigentes de España y les hacemos observar que las actuales bases de unión no son equitativas, porque sacrifican a la fuerza del número elementos estimadísimos de nuestra personalidad; les recordamos el ejemplo de numerosas segregaciones que no se habrían producido si se hubiese escuchado la voz de los que pedían un poco de libertad (hechos que demuestran que la unión de ahora no sirve para unir, sino para separar)”.
(...) “queremos ver la patria catalana unida con vínculos de hermandad con los demás pueblos de España, formando una familia fuerte y bien avenida, sin Cenicientas explotadas ni herederas altivas”.




PRAT DE LA RIBA (1870-1917)

*.- pasa por ser uno de los fundadores del nacionalismo moderado y moderno catalán.
*.- uno de los redactores de las bases de Manresa.
*.- líder de la Lliga Regionalista.
*.- Sus numerosas publicaciones fijaron el cuerpo ideológico del nacionalismo moderado catalán.
*.- Tenía una visión del pasado de una Cataluña romántica, donde los reyes castellanos habían estado agraviándola  sistemáticamente.
*.-  Partidario de participar en la vida política española para inclinar sus leyes a los intereses catalanes.

Un texto más completo:
Nosotros veíamos el espíritu nacional, el carácter nacional, el pensamiento nacional, veíamos el Derecho, veíamos la lengua; y de lengua, Derecho y organismo, de pensamiento y de carácter y espíritus nacionales, extraíamos la Nación, que es, una sociedad de gente que hablan una lengua propia y tienen un mismo espíritu que se manifiesta uno y característico por debajo de toda la vida colectiva.
“Y veíamos más: veíamos que Catalunya tenía una lengua, Derecho, arte propio, que tenía un espíritu nacional, un carácter nacional, un pensamiento nacional, Catalunya era pues, una nación.
Y el sentimiento de patria, vive en todos los catalanes, nos hace sentir que patria y nación eran lo mismo, y que Catalunya era nuestra nación, igual que nuestra patria.
Si ser patria, ser nación era tener una lengua, una concepción jurídica, un sentido del arte propio, si era tener espíritu, carácter, pensamiento nacional. la existencia de la nación o de la patria era un hecho natural como la existencia del hombre, independientemente de los derechos que le fueran de hecho reconocidos.
Siendo la nacionalidad una unidad de cultura, un alma colectiva, con un sentir, un pensamiento y un querer propios, cada nacionalidad ha de tener la facultad de acomodar su conducta colectiva, esto es, su política, el sentimiento de sus cosas, para su conocimiento, para su propio querer. Cada nacionalidad ha de tener su Estado.
El Estado, pues, viene a ser un organismo, como una parte viva de la nacionalidad, por eso no se puede pertenecer a dos nacionalidades diferentes, como un corazón no puede palpitar en dos cuerpos diferentes, como un mismo cerebro no puede servir de instrumento de la vida anímica a dos hombres diferentes.
A cada nación un Estado, esta es la fórmula sintética del nacionalismo político, este es el hecho jurídico que ha de corresponder al hecho social de la nacionalidad.
Consecuencia de toda la doctrina expuesta es la reivindicación de un Estado catalán, en unión federativa con los Estados de las otras nacionalidades de España. Del hecho de la nacionalidad catalana nace del derecho a la constitución de un Estado propio, de un Estado catalán. Del hecho de la actual unidad política de España, del hecho de la convivencia secular de diferentes pueblos, nace un elemento de unidad, de comunidad, que los pueblos unidos han de mantener y solidificar. De aquí el Estado compuesto.
Estos dos hechos primarios, fundamentales: el de la personalidad nacional de Catalunya, y el de la unidad de España, reforzados por dos leyes correlativas: la de libertad, que implica la autonomía y la espontaneidad social, la de la universalidad que lleva a la constitución de potencias mundiales, se resuelven con una fórmula de armonía, que es la Federación Española.
Así el nacionalismo catalán, que nunca ha estado o sido separatista, que siempre ha sentido intensamente, la unión y hermandad de las nacionalidades ibéricas dentro de la organización federativa, tiene una aspiración de un pueblo que, con conciencia de su derecho y de su fuerza, marcha, con paso seguro, por el camino de los grandes ideales progresistas de la humanidad.”

Los procesos de industrialización y urbanización en la España de la Restauración"



Los procesos de urbanización e industrialización en la España de la restauración:
Antecedentes:
El modelo de la Revolución industrial, con sus profundas transformaciones económicas y sociales, por diversas razones no arraigó en España.
La desamortización de la tierra no supuso la creación de una agricultura moderna (los nuevos propietarios agrarios no realizaron las inversiones de capital y las transformaciones técnicas necesarias). Tampoco se creo un campesinado propietario de una extensión de tierra suficiente. España, durante el siglo XIX, siguió siendo un país predominantemente agrario en el que predominaron los jornaleros sin tierra y los arrendatarios pobres.
En la industria tampoco la modernización alcanzó resultados relevantes. La industria catalana vivió siempre atenazada por los problemas de un mercado exiguo y de poca capacidad adquisitiva.
La creación de la siderometalurgia vasca (década de los ochenta del siglo XIX) tampoco se consolidó hasta el siglo XX.

Principales causas del retraso económico:
*.- Las condiciones geográficas de la Península dificultaron las comunicaciones interiores y la formación de un mercado nacional articulado.
*.- La escasez de materias primas y de fuentes de energía y su dispersión geográfica hicieron costosa la producción industrial (importación de hierro y minas de carbón pobre y de extracción costosa).
*.- No coincidencia geográfica entre yacimientos minerales, fuentes de energía y puertos marítimos (situación menos grave en Asturias y País Vasco).
*.- Falta de mano de obra industrial por el lento crecimiento demográfico.
*.- Carencia de excedentes agrícolas y falta de un mercado interior capaz de absorber la producción industrial.
*.- Crecimiento desigual de la población según zonas, el excedente de población de finales de siglo se orientó hacia la emigración exterior y no hacia las ciudades.
*.- La pérdida de las colonias americanas significó la pérdida de mercados y de materias primas (el proceso de industrialización europeo coincidió con la formación de los imperios coloniales).
*.- La ausencia de capitales y de una mentalidad inversora no posibilitó la innovación en las técnicas productivas de la industria española.
El capital obtenido por los beneficios agrícolas, en vez de ser invertido en el desarrollo de la industria, se orientó hacia la compra de la deuda pública y de tierras desamortizadas.
El continuo endeudamiento de la Hacienda pública, con su permanente emisión de Títulos de Deuda con intereses cada vez más altos, acaparó para el Estado los pocos capitales existentes e impidió que fueran invertidos de manera productiva.
La burguesía española fue fundamentalmente rentista y terrateniente y orientó sus capitales hacia procesos especulativos. Solo en el Norte y en Cataluña hubo un sector de la burguesía que, con una visión emprendedora, orientó sus capitales a la producción textil y siderúrgica.
Como consecuencia la industria española tuvo una dependencia de los capitales extranjeros, éstos repatriaron sus beneficios (evitando la reinversión y la acumulación de capitales en España).
*.- La política proteccionista del Estado favoreció los intereses agrarios e impidió un desarrollo competitivo de la industria, potenció el inmovilismo y no se incentivaron los necesarios cambios tecnológicos.
La economía española osciló entre dos políticas económicas difícilmente conciliables (proteccionismo y librecambismo)
*.- Un pequeño núcleo de burguesía industrial periférica, la catalana principalmente, aspiró a crear una industria moderna sin disponer ni de una industria metalúrgica básica, ni de unos medios de financiación importantes, ni de un mercado suficiente. Para su expansión, necesitaba de una política económica rígidamente proteccionista.
*.- La oligarquía terrateniente, predominante en Castilla y en Andalucía, beneficiaria de la desarmotización, pretendió que España fuera una gran productora de cereales que abasteciera al mercado europeo y defendió una política librecambista.

Período 1874-1914
Fueron años de relativa prosperidad económica.
*.- Por la estabilidad política que ofrecía garantías a los inversores y facilitaba una recuperación de los sectores más afectados por el clima de agitación política y social del Sexenio.
*.- Las políticas de librecambio, impuestas en Europa,  permitieron un crecimiento sostenido de la industria en el Norte y en Cataluña.
*.- Un cierto equilibrio fiscal y presupuestario facilitó que parte de las inversiones se canalizaran hacia la industria y la banca.
Hacia final de siglo se produjo en España una profunda crisis agraria (por la llegada de la filoxera y de los productos agrícolas extraeuropeos más baratos).
La oligarquía agraria y la burguesía industrial coincidieron en el  proteccionismo. Ambos grupos establecieron un acuerdo para ocupar en exclusiva lo que quedaba del mercado colonial (especialmente Cuba) y del mercado interior español.
La implantación de aranceles proteccionistas permitió:
*.- La formación de un sector bancario bastante importante en manos de financieros españoles.
*.- Crecimiento de le industria siderometalúrgica.
*.- Creación de les primeras plantas de producción de energía eléctrica.
No evitaron:
*.- El lento crecimiento de la población debido a las altas tasas de mortalidad y la emigración.
*.- Una población activa predominantemente agraria.
*.- Una estructura industrial «arcaica» en le que el valor de la producción neta textil era seis veces superior a la de la siderometalúrgica. (En los países más industrializados de la época el valor de le producción siderúrgica superaba al de la textil.)
Al terminar el siglo los principales problemas del sistema económico español:
*.- Agricultura atrasada y dominante.
*.- Mercado interior con escasa capacidad de compra.
*.- Mecanismos de competencia arcaicos.
*.- Inversiones que buscaban el beneficio a corto plazo y, salvo en el País Vasco, ajenas al equipamiento industrial.
*.- Carencia de mercados exteriores exclusivos que impedía una expansión sostenida al margen de la competencia continental.
La evolución de la economía española entre, 1800 y 1914, resultó ser la propia de una revolución industrial tardía, incompleta y fracasada, a pesar de haber iniciado tempranamente su proceso de industrialización.

La industria durante la Restauración:
Fue la época de asentamiento del capitalismo industrial español. La siderurgia y la minería experimentaron una importante expansión, debida tanto a las inversiones extranjeras como a la acción de los inversores nacionales.
El crecimiento fue especialmente importante en el País Vasco, donde surgieron los grandes grupos siderúrgicos ligados a la banca vizcaína.
En Asturias y Santander se desarrolló una industria relacionada con las minas de hierro y carbón, Los altos hornos se alimentaron principalmente de la hulla inglesa, de mejor calidad y mucho más barata a pesar incluso del sobreprecio de los fletes.
También creció la industria catalana: a la industria algodonera, que aprovechó la bonanza para modernizarse, se sumaron entonces otros sectores como el lanar o el papelero.
Otro aspecto importante fue la duplicación del tendido ferroviario y el aumento espectacular del número de viajeros y del volumen de mercancías transportadas.
También mejoró la red de carreteras, se extendió el servicio de correos, se difundió el telégrafo y la energía eléctrica comenzó su difusión (en 1882 ya había iluminación de este tipo en Barcelona y en Madrid)  

*.- España a comienzos del siglo XX seguía siendo un país eminentemente agrícola (el 70% de las familias españolas vivían del sector primario).
*.- La tierra además estaba mal repartida (el 94% de los propietarios poseían sólo el 46% de la tierra), casi la mitad del territorio agrícola español tenía fincas de extensión no rentable y sólo un 25% más lo representaba el mesofundio (el resto latifundios con fincas de más de 250 hectáreas).

Síntesis:
*.- Fuerte déficit de su balanza comercial.
*.- Incremento demográfico y aceleración del proceso de concentración de la población en las ciudades.
*.- Relativo crecimiento económico acentuado por una favorable coyuntura internacional.
*.- Mejora de los transportes por el considerable incremento del tendido ferroviario y la construcción de nuevas carreteras.
*.- Concentración de la industria en determinadas  zonas (metalúrgicas en la fachada cantábrica y textiles en Cataluña).
*.- La minería, hasta ahora basada en la extracción artesanal, pasó a ser una gran industria impulsada por la masiva llegada de capitales extranjeros.
*.- Relativa consolidación de la burguesía en una incipiente economía capitalista.
*.- Dependencia económica, técnica y financiera del exterior.
*.- Inexistencia de un amplio mercado de consumo que dificultó el desarrollo industrial.
*.- Estancamiento y marginación rural; empobrecimiento progresivo del proletariado del campo.
*.- Polémica proteccionismo/liberalismo económico (textiles catalanes, metalúrgicos vascos y grandes cerealistas castellanos opuestos a las medidas librecambistas). Triunfo del proteccionismo ante las concesiones realizadas a unas industrias no competitivas por su bajo nivel técnico y el escaso poder adquisitivo de la población.

ASPECTOS DEMOGRAFICOS

La población española creció de forma importante en el siglo XIX.
Durante el último cuarto del siglo XIX la población española creció despacio (16,6 millones de habitantes en el censo de 1877 y  18,6 en 1900).
El crecimiento (debido en parte al comienzo del desarrollo económico y desde 1840 al fin de la guerra carlista) no sirvió para impulsar una revolución industrial. La tasa de crecimiento española era en 1860 un 6‰ más baja que la media europea, las características de la población española eran más propias del ciclo antiguo que de la etapa demográfica moderna.
El principal lastre demográfico español era la alta mortalidad, cuyo descenso debía constituir el primer paso para una revolución demográfica. La mortalidad española, pese a haber descendido, era aún muy elevada a mediados del siglo: un 27%.
En el último tercio del siglo hubo un aumento considerable de los movimientos migratorios:
*.- La migración interior hacia las ciudades motivado por las expectativas de empleo que generaba el crecimiento industrial y de los servicios.
Las grandes ciudades del Norte y levante como Barcelona, Bilbao o Valencia, y también Madrid, crecieron aceleradamente en el último cuarto de siglo.
El crecimiento urbano trajo consigo problemas graves (falta de viviendas y el hacinamiento en suburbios sin infraestructuras ni servicios).
Las ciudades  polarizaron poco a poco la vida social, aunque España siguió siendo un país agrario, la vida urbana influyó cada vez más en la mentalidad colectiva y fue concentrando el interés nacional.
*.- La emigración exterior (Africa del Norte e Iberoamérica, sobre todo Argentina).Varios cientos de miles los emigrantes, casi todos ellos jornaleros afectados por la crisis agrícola de fin de siglo, buscaron en el exterior el empleo continuado que no podían lograr en España.
Los sucesivos gobiernos asistieron a ese proceso migratorio sin intentar detenerlo, conscientes de la incapacidad del país para dar trabajo y alimento a sus excedentes de población.

Evolución de la población de las principales ciudades españolas (1857-1900)
Ciudad
1857
1900
aumento
Madrid
281.170
539.853
192,10
Barcelona
178.625
533.000
298,39
Valencia
106.435
213.550
200,63
Sevilla
122.139
148.315
121,43
Málaga
92.611
130.109
140,48
Murcia
26.888
111.539
414,82
Zaragoza
59.978
99.118
165,25
Bilbao
17.649
83.306
472,01
Palma de Mallorca
42.900
63.937
149,03
Alicante
20.342
50.142
246,49
Oviedo
14.156
48.103
339,80
Las Palmas de Gran Canaria
14.308
44.517
311,13
La Coruña
27.354
43.971
160,74
León
9.963
15.580
156,37
                                                                     (Población 1857, índice 100)

Datos complementarios:
*.- En el País Vasco surgió una poderosa banca ligada a la industria del hierro, que canalizó inversiones hacia el equipamiento industrial.
*.- La repatriación de capitales procedentes de Cuba ayudó al desarrollo.
En el periodo 1883-84 se desencadenó una pequeña recesión causada por la sobreproducción y por una crisis bursátil. A partir de 1890 la situación económica cambió: al librecambismo dominante en los años 80 sucedió, en todo el mundo, el proteccionismo (contexto internacional de nacionalismo, colonialismo e imperialismo).
En los años 80 varios grupos presionaron al Gobierno para que adoptara medidas proteccionistas: los cerealistas castellanos a través de La liga Agraria, los industriales textiles catalanes asociados en el Fomento Nacional del Trabajo, los siderúrgicos vascos e incluso los propietarios de las minas de carbón asturianas.
El gobierno español reaccionó a finales de 1890 con una subida de los aranceles agrarios y, en diciembre de 1891, aprobó una ley arancelaria que incluyó una larga lista de productos agrícolas e industriales.
Francia, país que acaparaba la parte fundamental de nuestro comercio exterior, respondió adoptando medidas proteccionistas frente a los productos españoles.
El resultado fue el mantenimiento de los precios y, en el caso de los cereales, un aumento espectacular, que volvió a producir el hambre entre los jornaleros y las clases populares.
Además, la nueva tarifa, junto a la entrada en España de la plaga de la filoxera en 1892, arruinó la producción de vinos, que en la década anterior había constituido un tercio de las exportaciones.

El sector financiero padeció la misma debilidad que el resto de la economía española.
Causas de su retraso respecto al europeo:
*.- La permanente inestabilidad política, que hacía muy difícil el asentamiento del crédito.
*.- España tardó mucho tiempo, hasta 1856, en generalizar el sistema de sociedades anónimas, lo que retrajo a los inversores que arriesgaban no sólo su capital en las empresas sino también su patrimonio particular.
*.- El país se hallaba sumido en un caos monetario.
*.- La deuda pública actuó atrayendo los capitales por sus elevados intereses, incluso los de los pocos bancos que funcionaban.

Sector terciario.
Las principales y más rentables empresas del sector servicios estaban en manos extranjeras, algunos ejemplos significativos:
*.- Las compañías eléctricas preferentemente en manos alemanas.
*.- Los teléfonos de Madrid dependían de una sociedad francesa.
*.- El suministro de aguas a la ciudad de Barcelona en manos de una sociedad francesa.
*.- Los transportes urbanos de Barcelona a cargo de empresas belgas.
*.- La electricidad de Barcelona distribuida por una compañía canadiense.
*.- Los servicios ferroviarios en torno a Sevilla en manos francesas, su abastecimiento de aguas a cargo de una compañía inglesa y sus tranvías en manos de capital alemán
Algunas referencias cronológicas significativas:
*.- El primer teléfono que funcionó en España en 1877.
*.-En 1881 se inauguró la luz eléctrica en Madrid llegando a finales de siglo a las principales ciudades.
*.- Se duplicaron a finales de siglo los 6.200 kilómetros de línea férrea existentes en 1875, los 15.000 kilómetros de carreteras del Estado en 1870 pasaron a ser 35.000 en 1900.