viernes, 8 de marzo de 2013

"Los comienzos del Frente Popular", " Journal de Généve" del 17 de enero de 1937.



"Los comienzos del Frente Popular", editorial del " Journal de Généve" del día 17 de enero de 1937, por D. Niceto Alcalá Zamora, ex Presidente de la República española.
«... Las primeras siete semanas del «Frente Popular» fueron las últimas de mi presidencia, desde el 19 de febrero al 7 de abril de 1936, con el Ministerio Azaña. Durante cierto período, uno de los Poderes del Estado, el que yo ejercía, escapaba todavía al «Frente Popular». Durante los cien días que siguieron y que precedieron a la guerra civil, la ola de anarquía ya no encontró obstáculo. La táctica del «Frente Popular» se desdobló. En las Cortes se atrevió a todo; en el Gobierno quedaba débil, pero provocadora.

«El «Frente Popular» se adueñó del Poder el 16 de febrero gracias a un método electoral tan absurdo como injusto, y que concedió a la mayoría relativa, aunque sea una minoría absoluta, una prima extraordinaria. De este modo hubo circunscripción en que el «Frente Popular», con 30.000 votos de menos que la oposición, pudo, sin embargo, conseguir diez puestos más en cada trece, sin que en ningún sitio hubiese rebasado en un 2 por 100 al adversario más cercano. Este caso paradójico ge bastante frecuente.

«Al principio se creyó que el «Frente Popular» resultaba vencido. Pero cinco horas después de la llegada de los primeros resultados, se comprendió que las masas anarquistas, tan numerosas y que hasta entonces se habían mantenido fuera de los escrutinios, habían votado compactas. Querían mostrar su potencia, reclamar el precio de su ayuda: la paz y, tal vez, la misma existencia de la Patria.

«A pesar de los refuerzos sindicalistas, el «Frente Popular obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 Diputados. Resultó la minoría más importante, pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla, consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.

«Primera etapa: Desde el 17 de Febrero, incluso desde la noche del 16, el «Frente Popular», sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, la que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden: reclamó el Poder por medio de la violencia. Crisis; algunos Gobernadores civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.

«Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este modo, ge fácil hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el «Frente Popular» eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron Diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsó de las Cortes a varios Diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria, se trataba de la ejecución de un plan deliberado y de gran envergadura. Se perseguían dos fines: hacer de la Cámara una convención, aplastar a la oposición y asegurar al grupo menos exaltado del «Frente Popular». Desde el momento en que la mayoría de izquierdas pudieran prescindir de él, este grupo no era sino el juguete de las peores locuras.           

«De este modo las Cortes prepararon dos golpes de Estado parlamentarios. Con el primero, se declararon a sí mismas indisolubles durante la duración del mandato presidencial. Con el segundo, me revocaron. El último obstáculo estaba descartado en el camino de la anarquía y de todas las violencias de la guerra civil.

jueves, 7 de marzo de 2013

Referendum sobre la permanencia de España en la OTAN, 1986



(...) Al final del mes comenzaron las reuniones para explicar a los cuadros del partido las razones para defender el sí en el referéndum de la OTAN.
Se había creado una plataforma cívica para la salida de la OTAN montada con el apoyo del Partido Comunista y presidida por Antonio Gala.
En los medios de comunicación se había desatado una polémica pueril y estéril  sobre el  si Gobierno tendría que disolver las Cortes si perdía el referéndum. Tanto en el partido como en el Gobierno no entendíamos por qué habría que disolver las Cortes. No era más que una estrategia de acoso y derribo del Gobierno, utilizando el referéndum, pues pensaban que era la única ocasión en que tenían de infligir una derrota al Gobierno al darse la extraña conjunción de que parte de la izquierda y de la derecha se hubieran convertido en aliados circunsatanciales. La izquierda por coherencia política; la derecha, por oportunismo.
(…) El día 8 El País publicó una encuesta …
Los datos eran desesperanzadores. Por el momento íbamos a perder el referéndum.
El domingo 16 se produjeron concentraciones eb contra de la OTAN en varias ciudades españolas.
(…) El domingo 23 hubo una manifestación enorme en contra de la OTAN en Madrid
(…) El día 5 de marzo El País publicó el último de sus sondeos sobre la intención de voto en el referéndum. Los datos seguían siendo desesperanzadores; no: entre el 52 y el 56%; sí: entre el 40 y el 46%.
(…) En Madrid se manifestaron cien mil personas contra la OTAN. Pese a todo, yo aún era optimista (…) estaba convencido de que si Felipe salía un par de veces en televisión para explicar al país las razones para seguir en la OTAN, conseguiría dar un vuelco a las previsiones.
(…) Felipe estaba cansado, harto…Pensaba que estaba haciendo algo que era necesario para este país y se sentía incomprendido y en algunos casos traicionado; consideraba mezquino quem hubiera políticos de la oposición que , que por conseguir un triunfo puntual, intentaran echar abajo un proyecto necesario para España. Felipe González  estaba convencido que era imprescindible continuar en la OTAN para consolidar el futuro de España entre los países más avanzados….
El día 12 se celebró el referéndum. Por la noche esperábamos los resultados con los nervios en punta.
A los pocos minutos de cerrar las urnas estábamos seguros de que había ganado el sí. Los resultados finales fueron 52,53% a favor del sí y 39,84, del no; el resto, papeletas en blanco y votos nulos.
(…) Al día siguiente subió la Bolsa espectacularmente; no era un mal indicador.
“Aquellos años”. Julio Feo. (459-472)

miércoles, 6 de marzo de 2013

Nación y "nacionalidades"

Nación y "nacionalidades"
Julian Marias 15 ENE 1978.- Tribuna “El País”

España ha sido la primera nación que ha existido, en el sentido moderno de esta palabra; ha sido la creadora de esta nueva forma de comunidad humana y de estructura política, hace un poco más de quinientos años -si se quiere dar una fecha representativa, sería 1474-.
Antes no había habido naciones: ni en la Antigüedad, ni en la Edad Media habían existido; ni fuera de Europa.
Ciudades, imperios, reinos, condados, señoríos, califatos; naciones, no.
Poco después de que España llegara a serlo, lo fueron Portugal, Francia, Inglaterra; con España, la primera «promoción»; más adelante, Holanda, Suecia, Prusia;. en un sentido peculiar, Austria, y desde fines del siglo XVII empieza a germinar algo así como una nación dentro de Rusia. Italia y Alemania no llegan a ser naciones hasta hace un siglo (aunque se sentían ya así, social si no políticamente, mucho antes, y verdaderamente lo eran).
Políticamente, las expresiones «Monarquía española» y «Nación española» han precedido largamente a «España».
El Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias (1611), da esta definición: «NACION. Del nombre latino natio, is, vale reyno o provincia estendida, como la nación española.»
Ricardo de la Cierva, en un artículo impecable, acaba de recordar lo que ha sido siempre, cuantitativamente incluso, el uso constitucional de las expresiones «Nación» y «Nación española».
Hasta hace unos días, el anteproyecto de Constitución recién elaborado arroja por la borda, sin pestañear, la denominación cinco veces centenaria de nuestro país. Me pregunto hasta dónde puede llegar la soberbia -o la inconsciencia- de un pequeño grupo de hombres, que se atreven, por sí y ante sí, a romper la tradición política y el uso lingüistico de su pueblo, mantenido durante generaciones y generaciones, a través de diversos regímenes y formas de gobierno.

En la época en que el nombre «nación» se usa abusivamente -Naciones Unidas- por todos los países que son o se creen soberanos, desde los más grandes hasta los que apenas se encuentran en el mapa, con estructuras sociales y políticas que nada tienen que ver con la de la nación, resulta que la más vieja nación del mundo parece dispuesta a dejar de llamarse -y entenderse- así.
El anteproyecto recurre a cualquier arbitrio imaginable con tal de escamotear el nombre «Nación»: «sociedad», «pueblo», «pueblos» y, sobre todo, «Estado español» -la denominación que puso en circulación el franquismo por no saber bien cómo llamarse, que ha ocupado tantos años los membretes de los impresos oficiales- Pero ocurre que estos conceptos no son sinónimos; y usarlos como si lo fueran significa una falta de claridad sobre las realidades colectivas, disculpable en la mayoría de los hombres, pero no en los autores de una Constitución.

Ahora que la Iglesia -sabiamente- ha añadido a los pecados de pensamiento, palabra y obra los de omisión, la de la palabra Nación en el texto constitucional propuesto resulta difícilmente perdonable. En él, en efecto, nunca se dice que España es una nación, lo cual equivale a decir que España no es una nación, ya que en ese texto era necesario decirlo. Me gustaría computar -en caliente, directamente- lo que de ello piensan los españoles, si se dan cuenta de lo que se intenta hacer con su país, es decir, con ellos (y con sus descendientes).

Pero no es esto sólo. La idea nacional se cuela en el anteproyecto, como de pasada, en el artículo dos, que dice así: «La Constitución se fundamenta en la unidad de España y la solidaridad entre sus pueblos y reconoce el derecho a autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.»
Yo no sé qué quiere decir que la Constitución «se fundamenta en la unidad de España»; entendería que la reconozca o la afirme o la proclame; pero esto no es demasiado grave. Sí lo es que el texto diga que integran España «nacionalidades y regiones».
Explicaré por qué me parece así.

Esta Constitución, tan enemiga de toda « discriminación », la practica aquí en las más serias cuestiones.
Según ella, hay en España dos realidades distintas, a saber, «nacionalidades» y «regiones».
En una Constitución, habría que decir cuáles son -y me gustaría saber quién se atreve a hacerlo, y con qué autoridad-.
Pero lo más importante es que no hay nacionalidades -ni en España ni en parte alguna-, porque «nacionalidad» no es el nombre de ninguna unidad social ni política, sino un nombre abstracto, que significa una propiedad, afección o condición.
El Diccionario de Autoridades (1734) dice: «NACIONALIDAD. Afección particular de alguna nación,. o propiedad de ella.» Y la última edición (1970) del Diccionario de la Academia la define así: «Condición y carácter peculiar de los pueblos e individuos de una nación. 2. Estado propio de la persona nacida o naturalizada en una nación. »

Es decir, España no es una «nacionalidad», sino una nación.
Los españoles tenemos «nacionalidad española»; existe la «nación España», pero no la «nacionalidad España» -ni ninguna otra-.
Con la palabra «nacionalidad», en el uso de algunos políticos y periodistas en los últimos cuatro o cinco años, se quiere designar algo así como una «subnación»; pero esto no lo ha significado nunca esa palabra en nuestra lengua. El artículo del anteproyecto no sólo viola la realidad, sino el uso lingüístico.

Algunos defensores de esa acepción espúrea de la palabra «nacionalidad» invocan el precedente del famoso libro Las nacionalidades, publicado hace poco más de un siglo por D. Francisco Pi y Margall, catalán, republicano federal, uno de los presidentes del poder ejecutivo de la efímera I República Española (febrero de 1873 a enero de 1874).
Ahora bien, al invocar ese libro demuestran no haberlo leído.
Porque Pi y Margall no llamó nunca «nacionalidades» a ningún tipo de unidades político-sociales, ya que sabía muy bien la lengua española en que escribía -en que escribió tan copiosamente- Las «nacionalidades» de que habla son, no Francia, España, Alemania, Suiza o Estados Unidos, sino la nacionalidad francesa, la española, la alemana, la suiza, la norteamericana, etcétera. Usa la expresión en el sentido en que -todo el siglo XIX habló del «principio de las nacionalidades».
A las naciones, Pi y Margall las llamaba «naciones»; y a lo que solemos llamar «regiones», casi siempre las denominaba con la vieja palabra romana, de amplísima significación, «provincias».
Lo que pasa es que resulta más cómodo leer títulos que libros, y los antiguos, ni siquiera solían tener las socorridas solapas que tantas veces simulan un conocimiento inexistente.

Al hablar -con entusiasmo- del principio federalista, que Pi y Margall pretendía aplicar a todos los niveles, desde el municipio hasta Europa, escribe, por ejemplo:
«Yerra el que crea que por esto se hayan de disolver las actuales naciones
¿Qué había de importar que aquí, en España, recobraran su autonomía Cataluña, Aragón, Valencia y Murcia, las dos Andalucías, Extremadura, Galicia, León, Asturias, las Provincias Vascongadas, Navarra, las dos Castillas, las islas Canarias, las de Cuba y Puerto-Rico, si entonces como ahora había de unirlas un poder central, armado de la fuerza necesaria para defender contra propios y extraños la integridad del territorio, sostener el orden cuando no bastasen a tanto los nuevos Estados, decidir las cuestiones que entre éstos surgiesen y garantizar la libertad de los individuos.
La ración continuaría siendo la misma.
Y ¿qué ventajas no resultarían del cambio?
Libre el poder central de toda intervención en la vida interior de las provincias y los municipios, podría seguir más atentamente la política de los demás pueblos y desarrollar con más acierto la propia, sentir mejor la nación y darle mejores condiciones de vida, organizar con más economía los servicios y desarrollar los grandes intereses de la navegación y el comercio; libres por su parte las provincias de la sombra y tutela del Estado, procurarían el rápido desenvolvimiento de todos sus gérmenes de prosperidad y de riqueza: la agricultura, la industria, el cambio, la propiedad, el trabajo, la enseñanza, la moralidad, la justicia. En las naciones federalmente constituidas, la ciudad es tan libre dentro de la provincia como la provincia dentro del cuerpo general de la República.»

Pi y Margall extiende la misma Consideración a otras naciones:
«Otro tanto sucedería en Francia si se devolviese a sus provincias la vida de que disfrutaron, y en Italia, si se declarase autónomos sus antiguos reinos y repúblicas, y en la misma Inglaterra, si lo fuesen Escocia e Irlanda... Inglaterra, Italia y Francia seguirían siendo las naciones de ahora.»
Pi y Margall habla constantemente de «grandes naciones» y «pequeñas naciones»: ni a unas ni a otras se le pasa por la cabeza llamar «nacionalidades».
Y el libro III de Las nacionalidades se titula La Nación española.

¿De dónde viene entonces este uso caprichoso e inaceptable de la palabra «nacionalidad»?.
Es, simplemente, un anglicismo, de los que tanto gustan los que no tienen mucha familiaridad con la lengua inglesa.
Si no me equivoco, procede de John Stuart Mill, que en su tratado sobre Representative Government (1861) usó la palabra nationality en su recta significación y, además, de manera imprecisa, como designación de una comunidad.
Mill habla de feeling of nationality (sentimiento de nacionalidad), French nationality (nacionalidad francesa), etcétera. Pero también dice, por ejemplo-, «A portion of mankind may be said to constitute a Nationality if they are united among themselves by common sympathies which do not exist between them and any others, etcétera.» («Puede decirse que constituye una Nacionalidad una porción de humanidad si están unidos entre sí por simpatías comunes que no existen entre ellos y otros cualesquiera, etcétera.»).

Por esta vía -una teoría polítíea inglesa de mediados del siglo XIX- ha entrado en nuestra lengua una moda recentísima, imprecisa, que aparece con alguna frecuencia en nuestros periódicos y en los discursos de algunos políticos que acaso no saben muy bien de qué hablan.
Parece demasiado que tan livianos motivos determinen la Constitución de la Nación española, introduzcan una arbitraria desigualdad entre sus miembros y pongan en pelígro la articulación inteligente y fecunda de un sistema de autonomías eficaces, fundadas en la realidad, no en oscuros rencores o en la confusión mental.

Comentario de "La Resolución de la ONU sobre las relaciones con España"





TEXTO a Comentar.
A) Por su origen, naturaleza, estructura y comportamiento general, el régimen de Franco es un régimen fascista, organizado e implantado en gran parte merced a la ayuda de la Alemania nazi y de la Italia fascista de Mussolini.
B) Durante la larga lucha de las Naciones Unidas contra Hitler y Mussolini, Franco prestó una ayuda muy considerable a las potencias enemigas, a pesar de las continuas protestas de los aliados. [...]
La Asamblea General, convencida de que el Gobierno fascista de Franco en España [...] no representa al pueblo español [...], recomienda que se prohíba al Gobierno de Franco pertenecer a los organismos internacionales creados por las Naciones Unidas, o relacionados con ellas, y participar en conferencias y otras actividades que puedan concertar las Naciones Unidas, o dichos organismos, hasta que se forme en España un gobierno nuevo y adecuado.
Además [...], recomienda que, si dentro de un plazo razonable, no se establece en España un gobierno cuya autoridad proceda de sus gobernados y que se comprometa a respetar la libertad de expresión, de religión y de reunión, y a celebrar cuanto antes elecciones en las que el pueblo español pueda expresar su voluntad, libre de coacción y de intimidación, y de coacción de partido, el Consejo de Seguridad estudie las medidas para remediar tal situación.
Asimismo, la Asamblea recomienda que todos los Estados miembros de las Naciones Unidas retiren inmediatamente los embajadores y ministros plenipotenciarios que tienen acreditados en Madrid. [...]
Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, 12 de diciembre de 1946.

La ONU, según su Carta fundacional, pretende “la paz y la seguridad internacional”, “instaurar un nuevo orden mundial, cooperar en la solución de los problemas políticos, sociales, económicos y culturales de la humanidad y establecer un orden jurídico internacional”. Su Consejo de Seguridad tiene competencia para adoptar “Resoluciones” de obligado cumplimiento para sus Estados miembros.

*.- La ONU, creada al finalizar la II Guerra Mundial, sustituyó a la Sociedad de Naciones.
*.- El 1 de abril de 1939 finalizó la Guerra Civil española.
*.- El 31 de agosto de ese mismo año Alemania cruzó la frontera polaca y comenzó la II Guerra Mundial. Durante la Guerra España permaneció neutral hasta junio de 1940, no beligerante después: suministrando a Alemania materias primas y la División Azul (unos 47.000 voluntarios oficialmente falangistas que invadieron con los nazis la Unión Soviética).
*.- Después de la entrevista de Hitler y Franco en Hendaya, se firmó un protocolo en noviembre de 1940 en el que se acordó la entrada de España en la guerra a cambio de la recuperación de Gibraltar y de territorios en el África francesa, finalmente España no intervino en el conflicto.
Al entrar EE.UU. en la guerra (1942) Franco volvió a adoptar una postura neutral.
En 1945 finalizó la Segunda Guerra Mundial con el triunfo de las potencias aliadas sobre las potencias del Eje.
El Régimen de Franco padeció una etapa de aislamiento internacional:
Condenado su Régimen, por una Resolución de Naciones Unidas de 1946, sufrió un bloqueo diplomático y económico. Franco tildó esta actitud de “antiespañola” y respondió el 9 de diciembre de 1946 con una masiva concentración en la plaza de Oriente de Madrid de apoyo al régimen.

La “Guerra Fría” y el anticomunismo hicieron que los Estados Unidos se aproximasen a la España franquista (1950) llegándose a establecer Acuerdos bilaterales consolidadazos a partir de 1953.
Durante la Guerra de Corea (1950) la ONU levantó su condena al Régimen autoritario de Franco. El interés de EEUU por la posición geoestratégica de España desembocó en la firma de un acuerdo de ayuda económica y cooperación militar en 1953.
También la Santa Sede firmó ese mismo año el concordato. Finalmente la apertura se cierra con la admisión de España en la ONU en 1955 y otras organizaciones internacionales.
 Sin embargo, el aislamiento internacional de España se mantuvo: no fue admitida ni en la Organización Militar del Atlántico Norte (OTAN ,1949), ni en la Comunidad Económica Europea (CEE, 1957), aunque si fue admitida en la ONU en 1955.
 
Contenido del texto contextualizado para organizar el comentario:
Naciones Unidas ya condenó al régimen de Franco y decidió que, mientras continuara su régimen, España no podría ser admitida en la ONU. El 9 de febrero exigió a sus miembros que actuaran consecuentemente a esta condena que era contra Franco y no contra el pueblo español a quienes los miembros de la ONU daban “seguridades de su simpatía constante” y le postraban su deseo de “una acogida cordial cuando las circunstancias permitan el que sea admitido”.
El Subcomité del Consejo de Seguridad , en mayo y junio de 1946, concluyo:
*.- Que “en origen, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen de Franco es un régimen de carácter fascista, establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hítler y de la Italia fascista de Mussolini”.
*.- Que “Franco, a pesar de las continuas protestas de los Aliados, prestó ayuda considerable a las potencias enemigas”:
*.- de 1941 a 1945 con la División Azul y la Escuadrilla Aérea Salvador, pelearon en el frente oriental contra la Rusia soviética.
*.- en el verano de 1940, España se apoderó de Tánger en violación del estatuto internacional, y, debido a que España mantenía un importante ejército en el Marruecos español, gran cantidad de tropas aliadas quedaron inmovilizada en el África del Norte;
*.- Franco fue cómplice de la lucha de Hítler y Mussolini contra los pueblos integrados en Naciones Unidas.
Por ello la Asamblea General considera que:
El Gobierno fascista de Franco:
*.- Fue impuesto por la fuerza.
*.- No representa al pueblo español.
*.- Y hace imposible la integración de España en Naciones Unidas.
Por ello recomienda:
*.- Que se excluya a este Gobierno de todos los organismos internacionales de Naciones Unidas o relacionados con ellas hasta que “se instaure en España un gobierno nuevo y aceptable”.
*.- Que si dentro de un tiempo razonable, no se establece en España un Gobierno
*.- cuya autoridad surja de la voluntad de los españoles.
*.- respete la libertad de expresión, de culto y de reunión,
*.- y efectúe elecciones, libres de intimidación y violencia, en las que el pueblo español pueda expresar su voluntad.
*.- Se adopten las medidas convenientes para resolver esta situación.
*.- La Asamblea General recomienda asimismo que los Estados Miembros de las Naciones Unidas informen al Secretario General, en la próxima sesión de la Asamblea, qué medidas han tomado de acuerdo con esta recomendación.
Quincuagésima nona reunión plenaria, 12 de diciembre de 1946.

Consecuencias: Autarquía económica y aislamiento internacional
El texto se refiere a una Resolución aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en su Sesión Plenaria de 12 de diciembre de 1946.
 
*.- Esta misma Asamblea, en una Sesión Plenaria anterior (9 de febrero de ese mismo año) recordó como en su Carta fundacional, la ONU estableció que quedarían excluidos de la misma “los estados, cuyos regímenes se hubieran instalado con el apoyo de las fuerzas armadas de países que lucharon contra las Naciones Unidas, durante el tiempo en que los mismos permanezcan en el poder."
Recordó también como “en la Conferencia de Potsdam los gobiernos del Reino Unido, de los Estados Unidos de América y de la Unión Soviética declararon que no respaldarían la solicitud de admisión a las Naciones Unidas del gobierno español "el cual se fundó con el apoyo de las potencias del Eje y no posee, considerando sus orígenes, su naturaleza, su historial y su íntima asociación con los estados agresores, las condiciones necesarias para su admisión.

Al aprobar estas dos declaraciones, recomendó a los miembros de las Naciones Unidas su deber de actuar, en sus relaciones futuras con España, de acuerdo con la letra y el espíritu de las mismas.(Vigésimo primera sesión plenaria, 9 de febrero de 1946)
En consecuencia con lo anterior, el 12 de diciembre de 1946, la misma Asamblea de Naciones Unidas, mediante Resolución, señaló lo siguiente:
Los Estados miembros de Naciones Unidas, en San Francisco, Potsdam y Londres condenaron el régimen de Franco en España y decidieron que, en tanto éste permaneciera en el poder, España no podría ser admitida en las Naciones Unidas.
La Asamblea General de Naciones Unidas, el 9 de febrero de 1946, recomendó a sus miembros “que actuaran de acuerdo con el espíritu y la letra de las declaraciones de San Francisco y de Potsdam”.
Y que a pesar de esto “los pueblos de las Naciones Unidas garantizan, al pueblo español, su simpatía constante y su acogida calurosa cuando las circunstancias hagan posible su admisión”.
La Asamblea General recordó como durante los meses de mayo y junio de 1946, el Consejo de Seguridad realizó un estudio acerca de otras posibles acciones a realizar por las Naciones Unidas en tal situación.
El Subcomité del Consejo de Seguridad responsable del estudio concluyó de forma unánime:
"a) Por su origen, su naturaleza, su estructura y su comportamiento general, el régimen franquista es un régimen fascista, a imagen y semejanza de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini. Su establecimiento fue posible, en gran parte, gracias al apoyo de éstos regímenes a la sublevación franquista.
"b) Durante la larga lucha de las Naciones Unidas contra Hitler y Mussolini, Franco, a pesar de las reiteradas protestas de los Aliados, otorgó una ayuda muy importante a las potencias enemigas. En primer lugar, y a modo de ejemplo, desde 1941 hasta 1945, la División Azul de infantería, la Legión española de voluntarios y el Escuadrón aéreo Salvador lucharon contra la Rusia Soviética en el frente de Europa oriental. En segundo lugar, en verano de 1940, España se apoderó de Tánger violando el estatuto internacional de esta ciudad. Además, el mantenimiento por parte de España de un numeroso ejército, en la zona colonizada de Marruecos, provocó la inmovilización, en el norte de África, de un considerable grupo de tropas aliadas.
"c) Evidencias documentales irrefutables demuestran que Franco participó, junto con Hitler y Mussolini, en la conspiración destinada a provocar la guerra contra los países que, durante la guerra mundial, se asociaron bajo el nombre de Naciones Unidas. El aplazamiento de la plena beligerancia de Franco hasta un momento a determinar de común acuerdo, formaba parte de los planes de la conspiración."
Por tanto, la Asamblea General, en el convencimiento de que el gobierno fascista de Franco en España, impuesto por la fuerza al pueblo español (con la ayuda de las potencias del eje, a las cuales brindó asistencia material durante la guerra), no representa a dicho pueblo y hace imposible, mientras permanezca en el poder, la participación de España en los asuntos internacionales junto a los demás pueblos de las Naciones Unidas;
Recomienda que se impida al gobierno franquista de España adherirse a las instituciones internacionales establecidas por las Naciones Unidas o relacionadas con esta organización, así como participar en conferencias u otras actividades promovidas las mismas, hasta que se constituya en España un gobierno nuevo y aceptable.
La Asamblea General, deseando además garantizar la participación de todos los pueblos amantes de la paz, incluido el español, en la comunidad de naciones,
Recomienda que, si en un plazo razonable, no se establece en España un gobierno basado en el consentimiento ciudadano, y comprometido:
- con el respeto a la libertad de expresión, de religión y de reunión, y
- a organizar sin demora elecciones en las cuales el pueblo español, libre de presiones e intimidaciones y al margen de los partidos, pueda expresar su voluntad, el Consejo de Seguridad considere las medidas necesarias a tomar para resolver esta situación;
Recomienda a todos los miembros de las Naciones Unidas, la retirada inmediata de Madrid de sus embajadores y ministros plenipotenciarios, allí acreditados.
La Asamblea General recomienda, además, a los Estados Miembros de la organización que informen al Secretario General y a la próxima Asamblea de las medidas adoptadas en orden al cumplimiento de esta recomendación.
Quincuagésima novena sesión plenaria, 12 de diciembre de 1946



lunes, 4 de marzo de 2013

La Europa "Las naciones" o de "los Pueblos" de la Generalitat de Catalunya"




Estas fronteras delimitan las “naciones existentes” y no los Estados arbitrarios que, por maldad o ignorancia, recogen los mapas políticos del Estado Español.
España no es una Nación para este mapa pero sí para millones de españoles y el resto de la población y los “Estados” existentes.

En este mapa se reflejan  nítidamente las fronteras que delimitan las realidades de su  investigación arqueológica y de su nostalgia.
Ésta “Europa de los “pueblos” o de las “naciones”, así, recoge las supuestas realidades nacionales que constituyen el Viejo Continente Euroasiáticoafricano.
En ella, la llamada España no es una Nación, simplemente es uno de los Estados “fruto de centralismos mastodónticos y opresores” que someten por la fuerza a un numeroso y variopinto conjunto de minorías nacionales cuya liberación  constituye la misión sagrada que los nacionalistas deben realizar.
Para tal fin, estos nacionalismos, hacen una utilización racional de lo irracional al servicio de su necesaria e imprescindible conquista del poder político.

La Europa de los Pueblos o de las Naciones es un o de los muchos instrumentos de propaganda que algunos nacionalistas hegemónicos (aunque fragmentados, enfrentados y heterogéneos) especialmente fuertes en sus respectivos territorios que, mediante la generalización  de sus objetivos, legitimarlos y presentarlos como una pieza más de un amplio engranaje imparable.
Un análisis histórico, político y cultural profundo invalida la entelequia en cuestión

Su nacionalismo consiste en convertir lo irracional en un producto racional que les permita su conquista del poder político.
Para ello necesitan instrumentalizar:
*.- La necesidad de autoidentificación.
*.- El deseo de reconocimiento
*.- y la hostilidad atávica al extraño.

El nacionalismo identitario así, en cuanto doctrina política, necesita dedicar todos sus esfuerzos a ocultar aquello que es en realidad es, en cuanto nacionalismo.
Así, bajo el pretexto del amor a las propias raíces y la recuperación de sus auténticas esencias, el nacionalismo  esconde su  máquina implacable de asalto al Estado y al presupuesto por parte de los grupos mesocráticos impacientes por pasearse en coche oficial, disponer de despachos lujosamente enmoquetados y colocar a amigos y parientes.
Para conseguir tan nobles propósitos, el señuelo nacionalista, en vez de utilizar  las bajas pasiones de los electores con ardientes llamadas a la igualdad y la solidaridad busca por todos los medios que las circunstancias culturales, políticas y económicas sean más favorables a la ferocidad que a la envidia.
Este nacionalismo es, ante todo, forma de acción política encaminada  a apoderarse del Estado mediante la movilización de las masas llamándolas a la construcción  o a la liberación  de una nación previamente fabricada a partir  de elementos protonacionales de índole histórica, lingüística, étnica o icónica.

Así, este nacionalismo particularista y separador, tiene que oponerse y combatir al “ESTADO-NACIÓN” como España-Nación de la Europa occidental contemporánea.
Ocultando inicialmente sus fines y habiendo alcanzado ya posicione de hegemonía electoral  o presencia significativa  en sus reclamadas “naciones” (caso catalán,  escocés o vasco) tienen que defender su slogan: “lo mío es mío”, aunque éste enfrente a los distintos grupos “nacionalistas” del territorio en lucha fraticida en cuanto competidores del mismo fin.

Los nacionalismo vasco y catalán se han desarrollado en este siglo en dos regiones industriales con rentas per cápita netamente superiores al promedio español, y sus mensajes se centran en la injusticia de verse obligados  a compartir su prosperidad, fruto de su mayor laboriosidad e inteligencia, con el resto del Estado, del cual aspiran en consecuencia a segregarse.
El nacionalismo escocés, por su parte, aunque opera en un país de riqueza inferior a la de Inglaterra, ha hallado en el petróleo del Mar del Norte la excusa  perfecta para exigir su desvinculación con el Reino Unido y el disfrute en exclusiva de semejante regalo de la naturaleza.

En otros aspectos, sin embargo, estos tres ejemplos citados difieren netamente.
*.- El nacionalismo Catalán es de base fundamentalmente lingüística.
*.- El Vasco toma como referencia la etnia.
*.- El escocés, al que le sería difícil recurrir a una identidad  en su lengua o raza, se ha volcado en la idea pragmática de que los escoceses manejarían mejor sus propios asuntos y recursos, ya que las políticas de Westminster para Escocia no han sido capaces de elevar su nivel de vida en la medida requerida.

Apurando sobre esto, los escoceses podrían, sin forzar la Historia, esgrimir el recuerdo de un estado propio, mientras que los vascos ni siquiera se atreven a ello y los catalanes  han de remontarse a la Edad Media y recurrir a una hipotética Monarquía catalana que jamás existió como pieza aislada  sino formando parte de un reino mucho más amplio que experimentó varias divisiones y recomposiciones en agitados avatares dinásticos.
Resulta imposible, así, establecer un modelo general de estos micronacionalismos separatistas europeos en nuestros días.

Su único rasgo común es su voluntad de apropiarse de una parte del Estado al que pertenecen mediante la construcción:
*.- de un aparato estatal propio equipado con total soberanía,
*.- de consolidar y mantener una mayoría electoral suficiente en el territorio de su “nación”, que facilite el ejercicio del derecho a la autodeterminación y el reconocimiento de la comunidad internacional.

Conviene recordar que la “Europa de los Pueblos”  pretende extender artificiosamente a todo un continente su concepción nacionalista defendida por movimientos nacionalistas hegemónicos en regiones especialmente desarrolladas y utilizando como herramienta sus persuasión política.
El entusiasmo europeística de estos nacionalismos, que se manifiestan partidarios de una Europa fuertemente federalizada en detrimento de los actuales Estados, es una simple coartada para su deseo de debilitar los poderes centralizados que todavía los coartan.
Desde su óptica, ya que un Gobierno Federal Europeo sería algo tan lejano e impreciso, que no podría oponer una identidad nacional alternativa a la que constituye su principal arma de acción electoral.

El nacionalismo ofrece siempre  una faz seductora que nos invita a bucear en un falseado pasado y a soñar en un idílico futuro pero:
*.- sin compartir lo que ahora es nuestro presente.
*.- excluyendo a todos aquellos que los contradicen en una amenaza potencial a su libertad.
*.- negando su ahora existente nacionalidad a quienes no piensan como ellos.
Estos nacionalismos identitarios, heterogéneos, indeterminados y excluyentes, solamente se considerarán realizados cuando eliminen la diferencia entre Estado y sociedad fundidos en un engendro totalizador, opresivo y excluyente.
Su meta es borrar la línea que separa lo privado y lo público que constituye la marca distintiva de la civilización.