jueves, 2 de mayo de 2013

LA URSS Y LA GUERRA DE ESPAÑA, Manuel Azaña



De todos los temas relacionados con la guerra española, pocos o ninguno han dado tanto que hablar como la cooperación rusa en la defensa de la República.
El origen, los propósitos, la importancia de esa cooperación, sus efectos militares y políticos, han sido, tanto en España como en el resto de Europa, tergiversados por la propaganda y la polémica, desfigurados —en más o en menos— por la emoción de las partes contendientes.
Es cierto que la cooperación rusa ha despertado graves temores, por las consecuencias (irrealizables en muchos respectos), que pudiera traer para el porvenir del pueblo español.
También es cierto que despertó esperanzas alegres, primeramente, en un área de opinión muy extensa, para el resultado militar, y en segundo término, dentro de límites mucho más reducidos, en el terreno político.
Ambos puntos de vista —el del temor y el de la esperanza— eran, a mi parecer,  equivocados, por falta de conocimiento cabal de las cosas y por la peligrosa facilidad de  confundir con la realidad un sentimiento personal.
Frente a la presencia importante, decisiva, de las potencias totalitarias en España, era fatal que se levantase, como antítesis necesaria, la de la presencia soviética, y que se le achacasen un origen, un propósito, un resultado paralelos (aunque de signo contrario) a los de la intervención italo-alemana, sin pararse a averiguar el volumen exacto y las posibilidades de la cooperación rusa.
Así es siempre la polémica política, que ni en paz ni en guerra suele guardar miramientos con la verdad.
Es creíble que durante la guerra, habrá habido en la España «nacionalista»:
*.-  extremosos defensores de la colaboración armada italiana;
*.- otros, más tibios, que la hayan soportado;
*.- y algunos que la habrán mirado con antipatía y recelo.
El mismo fenómeno,  guardadas las proporciones, ha podido producirse en la España republicana, con esta diferencia: nunca ha habido un ejército ruso, grande ni chico, en el territorio de la República.
Nunca ha habido un pacto político, para el presente ni para el futuro, entre los gobiernos de la República y el de Moscú.
La posición internacional de España, en el caso de haber subsistido la República, no habría variado esencialmente respecto de lo que venía siendo antes de la guerra.
Estas tres circunstancias muestran los límites impuestos por la naturaleza misma de las cosas, no ya a las intenciones, sino a los medios de acción y los resultados posibles de la cooperación rusa. De otros límites hablaré más tarde.
*.- Había también en algunas zonas de opinión de la España republicana una actitud antirrusa en la cual participaban hombres políticos muy importantes, que gobernaban o habían gobernado la República.
Causa: la política absorbente del partido comunista en la política interior de la República.
Para algunas gentes, la URSS y el partido comunista español eran la misma cosa.
Es decir: se conducían como si estuvieran persuadidos de que la posición de la URSS ante el problema de España, incidente en un problema europeo más complejo, era igual a la del partido comunista español, que mirando forzosamente el problema desde Madrid o Barcelona, no podía verlo desde Moscú... ni desde Londres.
Parecían también persuadidos de que la URSS sería para la República española un escudo invulnerable, con el cual se podría contar indefinidamente y en cualquiera eventualidad. Una información más puntual les habría demostrado que tales cálculos fallaban por su base.
Admitamos que Alemania e Italia, empeñadas en ganar la guerra de España, habrían hecho para conseguirlo todos los esfuerzos imaginables. La recíproca no era cierta. Las potencias opuestas al bloque italo-alemán en Europa, y por consiguiente en España, consideraban que, en el juego europeo, la carta española era de segundo orden.
Por dar jaque a Italia y Alemania en España, no solamente nadie arrostraría un conflicto grave, pero ni siquiera una tensión  diplomática, ni un enfriamiento de las ententes ni de las amistades oficiales.

Esta situación alcanzaba también a la URSS.
Cuando alguna persona, razonablemente, trataba de explicar los motivos de esa situación, probando que no podía esperarse otra cosa, y que la ayuda rusa no podía hacer prodigios, algunos fanáticos se enfurecían, como si los insultaran.
Más que por fanatismo, por falta de instrucción.
La República española, dirigida en sus comienzos por un gobierno de coalición republicano-socialista, tardó dos años en reconocer de jure a la URSS. Hecho el reconocimiento en 1933, no se nombró embajador, ni se estableció ninguna otra relación política o diplomática.
Se intentó redactar un protocolo, que sirviese para prevenir las posibles actividades políticas de la URSS en España. Algún agente comercial ruso estuvo en España, examinando con el ministro de Hacienda las posibilidades de un convenio. Existía base para hacerlo, con ventaja de ambos países. No se llegó a nada, por las dificultades de concertar la forma y las garantías de pago.
Estuvo también en España una comisión de marinos rusos, que visitó algunos establecimientos industriales, que pudieran aceptar encargos de material naval.

El gobierno cayó en septiembre del 33, y las cosas quedaron en tal estado. Así continuaban en febrero de 1936, al constituirse un nuevo gobierno republicano, esta vez sin participación socialista.
Evidentemente, el reconocimiento hecho tres años antes, había de formalizarse, estableciéndose con la URSS relaciones normales. Los trámites se llevaron con tan poca prisa, que seis meses más tarde, al empezar la guerra, aún no se habían organizado las embajadas.
El primer embajador soviético llegó a Madrid a los dos meses de guerra.
Ninguna gestión se había hecho para ofrecer ni para buscar el apoyo ruso, en ninguna forma. En Moscú parecían tener acerca de la situación de la República, informes poco precisos, o más bien, equivocados, tal vez por haber creído demasiado a los optimistas. Dos únicas conversaciones tuve yo con el embajador soviético.
Por ellas vine a saber que en Moscú creían en el triunfo inmediato y fácil de la República.
Las observaciones del embajador debieron de convencerle de que no era así.
Las consecuencias, desastrosas para la República, de la no-intervención, sobre todo de la no-intervención unilateral, empezaban a dejarse sentir.
Los gobiernos que prohibían la exportación de armas y municiones para España, estaban estrictamente en su derecho.
También estaba en el suyo el gobierno español comprándolas donde se las quisieran vender. El embajador soviético, visitante asiduo del presidente del Consejo, ministro de la Guerra, mantuvo en el más riguroso secreto las intenciones de Moscú respecto de la venta de material de guerra, de suerte que el arribo de la primera expedición, fue casi una sorpresa.
Y durante todo el curso de la guerra, la afluencia de material comprado en la URSS ha sido siempre lenta, problemática y nunca suficiente para las necesidades del ejército.
La gran distancia, los riesgos de la navegación por el Mediterráneo, las barreras levantadas por la no-intervención, impedían, por de pronto, un abastecimiento regular.
Según mis noticias, en 1938, hubo un lapso de seis u ocho meses en que no entró en España ni un kilo de material ruso. Por otra parte, los pedidos del gobierno español, nunca eran atendidos en su totalidad; lejos de eso.
Más de una vez, el embajador de la República en Moscú, trasladó a su gobierno las recomendaciones del ruso para que se mejorase y aumentase la producción de material en España, reduciendo al mínimo la importación, que no era segura ni de duración indefinida. Por qué la industria española no llegó a un rendimiento suficiente, pertenece a otro lugar.
Resultado: en ningún momento de la campaña, el ejército republicano no solamente no ha tenido una dotación de material equilibrada con la del ejército enemigo, pero ni siquiera la dotación adecuada a su propia fuerza numérica.
En cuanto a los combatientes rusos en España, he leído en una publicación, al parecer respetable, que la defensa de Madrid corría a cargo de un ejército ruso de ocupación, cifrado en cien mil hombres.
En 1937, el presidente del Consejo de “entonces”, ciertamente poco inclinado a transigir con ninguna intromisión rusa, me hizo saber que el número de rusos presentes en España con diversas misiones, ascendía a 781.
Móviles de los gobiernos españoles que promovieron el aprovisionamiento de material en la URSS: suplir la carencia de otros mercados en Europa y América. Sin esa circunstancia, la URSS no habría tenido nada que hacer en la guerra de España.
Una situación tal, ha tenido consecuencias importantes. No fue la menor la impresión causada en la opinión popular española.
El espíritu público, naturalmente agnado por la guerra y su cortejo de horrores, estaba pronto a llevar sus simpatías allí donde encontrase, o le pareciese encontrar, un asomo de amistad y comprensión. No se le puede pedir a una masa que discurra como un hombre de Estado, ni que aprecie con exactitud la política exterior de otro país, lejano y desconocido. Es indudable que en la mayoría de los adeptos de la República hubo, temporalmente, un movimiento de gratitud hacia la URSS; gratitud que era la fase positiva de una profunda decepción. Ese movimiento cedió poco a poco, después con gran celeridad, lo mismo en los grupos políticos y en algunos de sus leaders, que en la masa general.
He aquí por qué: los comunistas españoles aprovecharon a fondo para su propaganda, aquella disposición del ánimo público. A juicio de personas expertas en política, conocedoras del país y de la situación dé Europa, la aprovecharon demasiado.
Un partido que en las elecciones de 1936 obtuvo el cuatro por ciento de los votos emitidos en toda la nación, creció durante la guerra, y a causa de ella, usando de todos los métodos de captación, entre ellos la influencia y la protección desde los ministerios que ocupaban.
Una identificación imposible entre los fines propios de la política exterior de Moscú y los fines peculiares del partido comunista español, servía para reforzar o cimentar aquella propaganda.
Como si detrás de cada personaje, más o menos embrujado por el prestigio moscovita, detrás de cada propagandista, detrás del partido estuvieran, y hubiesen de estar siempre el señor Litvinov, el ejército rojo, y los 180 millones de súbditos de la URSS.
El primero de los tres miembros de esa suposición, se ha realizado algunas veces, pero los otros dos eran desvarío. Con todo, en algunas conversiones al comunismo, muy sorprendentes, he podido apreciar que el resorte psicológico no era la revelación de una doctrina, sino un sentimiento de despecho e irritación.
El vago sentimiento rusófilo de que he hecho mención, se vio envuelto y contrariado por la oposición creciente a la política de partido de los comunistas. Es cierto que los comunistas españoles no se cansaban de repetir que no aspiraban a implantar el bolchevismo, que su adhesión a la República democrática era sincera, etcétera.
Informadores muy personales, que creo fidedignos, me aseguraban, viniendo de Moscú, que los dirigentes soviéticos estaban convencidos de que el comunismo en España era imposible, por motivos nacionales e internacionales.
Si en efecto lo creían así, daban muestras de buen sentido. Mas el partido comunista seguía la misma táctica que otros grupos políticos: ocupar  en el Estado para ser los más fuertes el día de la paz. Justo es decir que esa táctica no fue adoptada por los Republicanos, ni por la fracción del partido socialista que había permanecido fiel a su tradición democrática y «anticatastrófica».

La oposición a la política de partido de los comunistas fue creciendo entre todos los que no estaban sujetos a su disciplina.
Se vio reforzada por todo lo que era o aspiraba a ser oposición al gobierno, en el que los comunistas tenían dos o tres puestos, aunque los oponentes no hayan encontrado la ocasión o no hayan tenido los medios de manifestarse.
Tocante a los motivos de la política de Moscú en el problema de España, me abstengo de discurrir por conjeturas. Muy fino ha de ser quien pretenda conocer en su raíz última las decisiones de un gobierno que se rodea de tanto secreto. (Contraste notable con la locuacidad española; otros más profundos hay entre los dos pueblos, pese a quienes con ligereza pretenden asemejarlos.)

Preferir la explicación más complicada no es siempre lo más sagaz.
Todo el mundo conoce que los puntos de vista de la URSS en los problemas planteados en Europa por la política del Eje, han diferido de los de París y Londres.
Igualmente, y por los mismos motivos, han diferido en el asunto de España. El valor de España para la política internacional de la URSS no depende de que haya en la Península un régimen bolchevista, sino de que el gobierno español entre en el sistema de las potencias occidentales y refuerce el sistema, en lugar de disminuirlo o amenazarlo.
Los dirigentes de Moscú no podían desconocer, incluso por su propia experiencia, que el bolchevismo en España, lejos de reforzar las amistades franco-española y anglo-española; las habría puesto en entredicho.
Una España bolchevizada habría sido relegada internacionalmente, al lazareto, por todo el tiempo, que no habría sido mucho, que necesitaran las potencias circundantes para aniquilar ese régimen en la Península.
Según la tesis de Moscú, la descomposición de las amistades francesas en el oriente europeo, la política de intimidación del Eje, no contrarrestada por nadie, disminuían la personalidad internacional de Francia.
La empresa ítalo-alemana en España era una pieza principal de aquella política.

El hundimiento de la República menguaría la posición francesa en Occidente y en el Mediterráneo; menguando la posición de su aliada, menguaría también la posición de la URSS en Europa. La URSS apoyaba, en consecuencia, la causa de la República en el terreno diplomático. En el orden militar, el apoyo consistía esencialmente en lo que he dicho. Los límites de una y otra acción,  impuestos por la situación que entonces tenía la URSS en Europa, estaban más o menos a la vista.
En ningún caso podía ni quería tomar la URSS una actitud intransigente que originase decisiones peligrosas. Las discusiones de Ginebra y del Comité de No-Intervención lo prueban. Menos aún ha entrado en los cálculos de la URSS comprometerse seriamente en España. La guerra española ha sido en todo momento para la URSS una «baza menor».
Creo saber que un personaje del Kremlin llegó a admitir la sospecha de que alguien en Europa hubiera visto con gusto que la URSS se metiera a fondo en España, esperando que así se debilitara.
Desconozco el fundamento de la sospecha.
El solo hecho de admitirla y de prevenirse contra ella llevaba implícito el propósito, confirmado por los hechos, de no arriesgar  directamente en la causa de España ningún atout (diplomático o militar) de verdadera importancia. Piénsese como se quiera de todo ello, las cosas ocurrieron, en los puntos que he tocado, como queda dicho y no de otra manera.

Estación Conde Duque, destino Paracuellos


Estación Conde Duque, destino Paracuellos
Lo sucedido en el cuartel madrileño y su desenlace en las célebres fosas demuestra que el bando frentepopulista ejecutó una operación política de eliminación de desafectos decidida con independencia del Alzamiento y preparada durante semanas.
En la madrugada del 7 de noviembre de 1936, al pie del Cerro de San Miguel, frente a la que sería la Fosa nº1, fue fusilado en Paracuellos del Jarama el teniente de Ingenieros Carlos Samper Roure.
Había ingresado en el Ejército como soldado raso, tenía 42 años y cuatro hijas de corta edad y llevaba detenido desde el 20 de julio.
Escribió en cautividad veinte emotivas cartas a su mujer y a sus pequeñas (tierno con éstas, amoroso y práctico con aquélla) que han servido a su nieto Jesús Romero Samper como hilo conductor de una de las más completas investigaciones sobre las sacas de aquel tétrico invierno, publicada bajo el título Cartas a Paracuellos (De Buena Tinta).
Las muertes del Cuartel de la Montaña han eclipsado lo que sucedió en el cercano Cuartel de Conde Duque, que alojaba un centro de Transmisiones donde estaba destinado el teniente Samper.
Las unidades quedaron acuarteladas al estallar el Alzamiento. No estaban comprometidas con él y quedaron a la espera de órdenes.
Aisladas de la cadena de mando, enseguida fueron cercadas y hostigadas por grupos de milicianos, a quienes contuvieron con el mínimo de fuego.
Finalmente se entregaron a la Guardia Civil, pero el destino de cuarenta y tres militares estaba sellado.
No como represalia por un movimiento en el que no habían participado, sino como fase del estudiado plan frentepopulista de exterminio de desafectos.

Nunca hasta ahora se habían conocido al detalle esas cuarenta y ocho horas.
Como el papel jugado por un soplón, el soldado comunista Cristóbal Parra Berruezo, que dirigía una célula revolucionaria. Proporcionó información a los asaltantes y luego acusó a mandos y compañeros, contribuyendo al asesinato de 43 inocentes y a la desaparición de otros 11.
Incluso una sentencia judicial de 1937 admite que mintió.

Arena blanda y fosas
Las cartas de Samper permiten conocer cómo era la vida en la Modelo: relativamente aceptable, aunque en progresivo deterioro, en cuanto a visitas, comida y hábitat.
Sólo al final los presos intuyeron su destino: “Estad siempre alegres y contentas”, escribe a sus pequeñas, con la pesadumbre de quien sabe el mazazo que les aguarda y signará sus vidas.
En realidad no tuvieron certeza de lo sucedido hasta terminada la guerra, cuando supieron que era uno de los caídos en algún lugar de Paracuellos.

¿Por qué allí?
Romero Samper documenta las razones por las que se eligió ese paraje para las matanzas.
La orografía, como una pendiente del 82% en algunos parajes que dejaba en un alto casi invisible el enclave donde tableteaban las ametralladoras.
El terreno, arena blanda y húmeda óptima para excavar las amplias fosas que debían ocultar miles de cuerpos. Y, sobre todo: asegurar una depuración criminal larga y sistemática ajena a los vaivenes del frente. Nada se dejó al azar, y se trabajó durante semanas en seleccionar el sitio.
La munición encontrada corresponde a once tipos de armas. El análisis de sus zonas de concentración permite trazar un mapa casi perfecto de cada saca de fusilamientos, y demuestra el aporte de fusiles y revólveres de procedencia soviética: miles de Mauser 98, ametralladoras Maxim o fusiles ametralladores Degtyarev habían sido entregados en aquellas fechas.
En pocas horas ese armamento ya se estaba dedicando a la masacre. Lo que da idea de la partida que se jugó en España. 

“…nos hemos preocupado un poco por limpiar la retaguardia. Es difícil asegurar que en Madrid está liquidada la Quinta Columna, pero lo que si es cierto es que allí se han dado los golpes más fuertes…y esto se debe a la preocupación del Partido y al trabajo abnegado, constante, de dos camaradas nuevos,… el camarada Carrillo, cuando fue Consejero de Orden Público, y el camarada Cazorla,…”


Declaraciones publicadas de Francisco Antón en “Discursos pronunciados en el Pleno Ampliado del Comité Central del Partido Comunista de España, celebrado en Valencia los días 7 y 8 de Marzo de 1.937.” (Biblioteca Central Militar. Armario Especial. Signatura 1.048).


“Habrá diez mil quinientos (refiriéndose a la población “penal” en Madrid en) pero dentro de muy pocos días solamente tienen que quedar quinientos…”


Réplica del Ministro de Justicia (Juan García Oliver) al Secretario Técnico de Prisiones (Antonio Fernández Martínez), según declaraciones de Manuel Guerrero Blanco (funcionario del Ministerio de Justicia) en AHN-CG 1526 (2), Ramo Nº 3, Folio 34.

miércoles, 1 de mayo de 2013

La Constitución de 1978 y el estado de las autonomías.



 
Suárez consiguió que la oposición democrática aprobara sus reformas:
*.- Se entrevistó con los líderes de los aún ilegales PSOE y PCE - Felipe González y Santiago Carrillo- estableciendo una "ruptura pactada".
*.- El PSOE fue legalizado en diciembre de 1976.
*.- El PCE fue legalizado el 9 de abril de 1977 (dando lugar a numerosas dimisiones y protestas de militares franquistas). El PCE renunció al uso de la bandera republicana y se comprometió a acatar la monarquía.

El 15 de junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones democráticas en España desde 1936, con un 80% de participación.
*.- Venció Unión de Centro Democrático (UCD), una coalición de partidos que reunía a los reformistas franquistas con socialdemócratas, liberales y democristianos (34% de los votos), liderada por Adolfo Suárez.
*.- El PSOE, obtuvo el 29% de los votos.
*.- El PCE, un 9% y AP, encabezada por Manuel Fraga, el 8%.
*.- Los nacionalismos ganaron en Cataluña (Convergencia i Unió CIU, liderada por Jordi Pujol) y País Vasco (PNV).
*. La izquierda radical no tuvo representación y apenas la tuvo el franquismo no democrático. El juego político se establecía así entre dos grandes partidos, de centro-derecha y de centro-izquierda, con otros dos más pequeños en los extremos.

Don Juan de Borbón había cedido a su hijo Juan Carlos sus derechos a la Corona en mayo de 1977, con lo que el rey tenía ya la plena legitimidad dinástica que le faltaba.

Segunda etapa del Gobierno Suárez (1977-1979).
Tras las elecciones de junio de 1977 se restableció un sistema democrático, (a falta de una Constitución necesaria).
La UCD intentó gobernar en solitario estableciendo pactos con otras fuerzas políticas, estableciendo medidas consensuadas para resolver los problemas más acuciantes que se evidenciaban en la nación, especialmente: la crisis económica, la redacción de una Constitución y los atentados terroristas de extrema izquierda y extrema derecha, que tenían como objetivo desestabilizar la democracia y conseguir un golpe militar.

En octubre de 1977 se firmaron los Pactos de la Moncloa por el Gobierno y los representantes de los principales partidos de la oposición, sindicatos y empresarios.
Con ellos se alcanzaron acuerdos económicos básicos y de carácter sociopolítico.
Los Pactos de la Moncloa consiguieron reducir el déficit exterior y bajar la inflación pero su aplicación se vio limitada por la segunda crisis del petróleo (1979).

El Gobierno configuró 13 preautonomías, (una autonomía provisional a las regiones cuyos representantes parlamentarios la solicitaran). Responsable del proceso fue Manuel Clavero, ministro para las Regiones.
*.- La primera autonomía, Cataluña: El 29 de septiembre de 1977 se restableció el Gobierno autonómico en Cataluña, volviendo del exilio su presidente, Joseph Tarradellas.
*.- En el País Vasco se restableció el Consejo General Vasco el 6 de enero de 1978.
*.- En Galicia , una Xunta de Galicia provisional en marzo de 1978.
Quedando así resueltos los casos de las tres autonomías históricas.

Algunos de los políticos jóvenes del gobierno procedían del Movimiento (los "azules" como Martín Villa), mientras que otros eran democristianos (Lavilla, Oreja).

La Constitución de 1978.
La Constitución democrática de 1978 fue resultado del consenso entre casi todos los partidos, para ello se redactó un texto extenso, detallado y algo ambiguo.

Una ponencia formada por siete miembros redactó un anteproyecto, que fue debatido en las Cortes.
La Constitución fue aprobada en referéndum el 6 de diciembre de 1978 con un 88% de votos a favor, y fue promulgada el 29 de diciembre. En el País Vasco hubo alto índice de abstención y los votos negativos supusieron el 23%. También fue rechazada por la extrema derecha.
*.- La Constitución define a España como un "Estado social y democrático de Derecho".
*.- Recogiendo la tradición liberal y también la republicana de la constitución de 1931, enumera los derechos individuales y los sociales[1].
*.- Reconoce la soberanía popular.
*.- Establece como forma de Estado la monarquía parlamentaria. El monarca es el jefe del Estado, pero su poder está muy limitado: reina, pero no gobierna.
*.- Establece la división de poderes, con Cortes bicamerales- Senado y Congreso-, cuyos miembros son elegidos por sufragio universal (ciudadanos mayores de 18 años).
*.- España se define como unidad nacional, se reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran, con amplias competencias y gobiernos propios (un nuevo modelo de Estado no centralista, en una situación intermedia entre la descentralización administrativa y el federalismo).
*.- El castellano es la lengua oficial pero son lenguas cooficiales las regionales en su ámbito territorial.
*.- El Estado es no confesional, pero establece relaciones de cooperación con la Iglesia católica.

Consolidación democrática y crisis de la UCD (1979- 1982):
Aprobada la Constitución, Suárez convocó nuevas elecciones para marzo de 1979, que volvió a ganar UCD, en minoría.
En este periodo se desarrolló el Estado de las Autonomías.
 El Titulo VIII de la Constitución establecía la posibilidad de que todas las regiones y no sólo las nacionalidades históricas se convirtieran en Comunidades Autónomas. En ellas habían de conformarse órganos legislativos (parlamentos autónomos) elegidos por sufragio universal y órganos ejecutivos (gobiernos autónomos).
Se preveía la transferencia de competencias legislativas y ejecutivas a los poderes autonómicos (artículo 143 de la constitución).
Se establecían dos grados de autonomía, puesto que los poderes autonómicos podían recibir competencias de diferente grado y a un ritmo distinto.
El procedimiento más rápido y completo era el previsto en el artículo 151, al que podían acceder directamente las nacionalidades históricas (Cataluña, País Vasco y Galicia) e incluso otras si cumplían determinados requisitos y se ratificaba en referéndum. El resto se regirían por artículo 143 -con excepción de Navarra debido a su sistema foral-

Se aprobaron los Estatutos de Autonomía. Los primeros fueron el catalán y el vasco en 1979, aprobados en referéndum, luego Galicia y Andalucía, en 1980 y luego todos hasta 17 Comunidades Autónomas. En 1995 se aprobaron los estatutos para Ceuta y Melilla.

Se celebraron también las primeras elecciones municipales democráticas (abril de 1979) con victoria de la izquierda, generalmente el PSOE o el PSOE-PCE, en las principales ciudades. El Estatuto de los Trabajadores (1980) y la Ley del Divorcio (1981) fueron aprobados. España entró en la OTAN, con la fuerte oposición de la izquierda; el PSOE se comprometió a convocar un referéndum sobre la permanencia en la OTAN del país cuando llegara al poder. El PSOE renunció a la ideología marxista tras un Congreso extraordinario del partido, y endureció su oposición; el PCE sufrió una crisis debido a que Carrillo no pudo controlar las disidencias. AP se reforzó con la incorporación de políticos de UCD.

La UCD entró en crisis. El PSOE presentó una moción de censura[2] contra el gobierno en mayo de 1980 y Suárez empezó a recibir críticas de los barones de su propio partido, escindido en dos grupos: liberales y socialdemócratas en el centro- izquierda; democristianos y conservadores, en el ala derecha. Suárez cambió varias veces su gobierno. Abril Martorell, vicepresidente del Gobierno, dimitió (julio de 1980) y también Suárez en enero de 1981. 
 

[1] Reconoce amplios derechos y libertades (a la vida -con la abolición de la pena de muerte-, a la libertad ideológica, de expresión, de reunión, de manifestación, de sindicación, a la huelga, entre otros). Incluye numerosos derechos de carácter social y económico (a la integridad, al pleno empleo, a la educación, a la Seguridad Social, a la propiedad privada, a la protección del medio ambiente, del consumidor, de la tercera edad, etc.
[2] Moción de censura: un grupo de diputados del Congreso -por lo menos la 10ª parte- puede presentar por escrito una moción de censura contra el gobierno, alegando sus motivos y proponiendo un candidato con un programa alternativo. Esta moción será debatida en la cámara y si alcanza la mayoría absoluta en una votación, el candidato propuesto podrá formar gobierno. 



En las elecciones de noviembre de 1933...

Bienio Republicano-socialista
 *.- Una Constitución democrática,
*.- El voto de la mujer,
*.- Una gran labor cultural,
*.- Elevación de los salarios y los derechos de los trabajadores,
*.- Una reforma ejemplar del Ejército,
*.- Expansión de la enseñanza a todos los niveles,
*.- Solución al "problema catalán",
*.- Una reforma agraria importante y otras medidas muy beneficiosas para el pueblo.
La "reacción" hizo cuanto estuvo a su alcance para echar abajo estos logros.

En las elecciones de noviembre de 1933, sin embargo, el pueblo, no la oligarquía, se volvía contra las izquierdas que tanto se habían desvelado por favorecerle y votaba al centro derecha.

¿Tenía razón la mayoría de españoles que rechazó a las izquierdas después de haberlas experimentado durante dos años?.
No fueron las mínimas y ocasionales violencias de las derechas, sino las de la CNT, replicadas con enorme dureza desde el poder, la verdadera causa de la quiebra del Gobierno republicano-socialista, sobre todo después de la matanza de Casas Viejas.
Y la CNT era una sindical izquierdista que había colaborado a traer la República.
El grueso de la derecha se atuvo estrictamente a la legalidad republicana, en lugar de subvertirla.
La República no había llegado con un programa izquierdista, sino que había sido concebida como una democracia liberal por Alcalá-Zamora y Miguel Maura, verdaderos promotores de la empresa.
Fue el predominio alcanzado enseguida por las izquierdas lo que condujo a desvirtuar ese objetivo ya en la misma Constitución, lastrada por graves sectarismos y mutilaciones de los derechos ciudadanos.
Además, incluso los elementos democráticos de la Constitución fueron echados a perder en gran medida por la Ley de Defensa de la República y, más tarde,  por la de Vagos y Maleantes, impulsadas ambas por Azaña.
El voto femenino, lo promovieron tanto las derechas como las izquierdas, salvo una parte de estas últimas, muy renuente a concederlo por puro sectarismo.
Sobre la labor cultural del bienio, no cabe duda de que tuvo cierto interés, quedó contrarrestada por hechos tan negativos como la supresión de centros de enseñanza prestigiosos por el mero hecho de ser católicos, o las graves destrucciones de bibliotecas, escuelas y obras de arte, y por la difusión de unas ideologías fanatizantes.
La cifra de huelguistas saltó de 240.000 en 1931 a 840.000 en 1933, subiendo también en vertical el número de parados (de 390.000 a 618.000), aumentando de forma dramática la miseria extrema y, por tanto, las desigualdades sociales.
En ello jugaron factores ajenos a la política de las izquierdas, como la crisis económica mundial de la época, pero también las medidas adoptadas no suavizaron sino que empeoraron la crisis, frenando la iniciativa privada y creando una inseguridad a su vez paralizadora de la actividad económica.
La reforma militar, necesaria y aceptada por la mayoría del Ejército, se echó a perder en buena parte por la agresiva demagogia antimilitar de las izquierdas, que "se ensañan con el ejército a mansalva", como indicaba Azaña, y por la política de promoción profesional, demasiado partidista, también deplorada por aquél, aunque no supo o no quiso ponerle remedio, aparte de contribuir al descontento exhibiendo una actitud de desprecio hacia los militares.
De la expansión de la enseñanza su resultado distó mucho de las cifras triunfalistas en cantidad, y más aún en calidad, ofrecidas por la propaganda.
Tampoco fue resuelto el problema planteado por el agresivo nacionalismo catalán, pues el estatuto de autonomía, visto por el Gobierno como una solución estable, lo consideraban los nacionalistas tan sólo como un paso en una escalada indefinida de reivindicaciones hasta una práctica separación de Cataluña.
 En cuanto a la reforma agraria, fue realizada con la demagogia habitual, sembrando esperanzas desmedidas entre el campesinado, con realizaciones frustrantes, que fomentaban en círculo vicioso más agitación y más radicalización de las masas, a quienes se señalaban los propietarios grandes y medianos como los responsables de la miseria.
En los dos años fueron asentados 4.400 campesinos, una cifra irrisoria, en poco más de 24.000 hectáreas, lo cual daba a cada uno unas parcelas de sólo seis hectáreas de tierra por lo común pobre y poco productiva, impidiéndoles salir de la miseria.
También fueron establecidos de forma ilegal, es decir, vulnerando el derecho de propiedad, 40.000 yunteros extremeños sobre 123.000 hectáreas, fincas mínimas de tres hectáreas, inviables económicamente. Azaña tiene comentarios sarcásticos sobre la chapucería con que su Gobierno abordó la cuestión agraria.
 Todos estos fracasos y daños los vio y los sufrió la población, aunque a menudo no entendiera bien su origen, y por ello cambió drásticamente su voto en 1933.
Máxime cuando vinieron acompañados de una elevación sin precedentes de la violencia política, así como de la delincuencia común.
En tan corto período murieron en la calle o en atentados un mínimo de 250 personas, entre ellas más obreros que en muchos años de monarquía.
 La mayoría de las historias progresistas prestan atención muy insuficiente a estos datos, pues, como salta a la vista, estropean la visión idílica de la República que intentan transmitir a la gente, y de paso ponen en su lugar unas pretensiones científicas que sólo pueden mantenerse a base de omitir o desvirtuar sin escrúpulo gran número de hechos significativos.