viernes, 7 de junio de 2013

La que se nos viene encima



13 05
La que se nos viene encima
La Vanguardia | Francesc de Carreras“


El objetivo es analizar con criterios históricos, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, las consecuencias que ha tenido para el país la acción política, casi siempre de carácter represivo, del Estado español en relación con Catalunya (…) Los diversos ponentes analizarán las condiciones de opresión nacional que ha padecido el pueblo catalán a lo largo de estos siglos, las cuales no han impedido el pleno desarrollo político, social, cultural y económico”.

El Govern de la Generalitat prepara para el año próximo la conmemoración del famoso 11 de septiembre de 1714: se cumplirán 300 años de la caída de Barcelona tras el asedio de las tropas de Felipe V.
Esta última batalla puso fin a la llamada “guerra de sucesión” a la Corona de España que había comenzado en 1700 y que, más allá de sus repercusiones internas, fue un conflicto internacional en el que se dirimía el equilibrio entre las grandes potencias europeas al enfrentarse dos coaliciones encabezadas, respectivamente, por el imperio austriaco e Inglaterra y por Francia y España.
Los sucesivos tratados de Utrecht pondrían un definitivo final al conflicto estableciendo un nuevo reparto territorial.

Se suele olvidar que en esta guerra de sucesión la ciudad de Barcelona fue asediada militarmente cuatro veces: en 1704 y 1705 por las tropas anglo-austriacas y en 1706 y 1714 por las francoespañolas.
No hace falta añadir que en la composición de las tropas de asedio, así como entre los defensores de Barcelona, había militares de todos los orígenes, incluidos siempre en todos los bandos muchos catalanes.
Los ejércitos, como se sabe, estaban compuestos de mercenarios y los enfrentamientos eran entre monarquías, no entre pueblos: entonces sólo había súbditos, no ciudadanos.

El peligro de las conmemoraciones históricas es su manipulación política.
Lo más adecuado sería que la tarea se dejara a los historiadores, cuidando únicamente los poderes públicos que su patrocinio –es decir, las subvenciones– se limite a asegurar el rigor científico y la pluralidad de tendencias historiográficas.

En este aspecto, tanto la Generalitat como el Ayuntamiento de Barcelona no han comenzado muy bien: los comisarios nombrados por ambas instituciones para organizar la conmemoración son Miquel Calçada (Mikimoto) y Toni Soler (el director del programa Polònia, de TV3), conocidos sobre todo por hacer periodismo humorístico.
Quizás no lo hagan mal, probablemente el sentido del humor sea adecuado para este tipo de fastos históricos, pero es dudoso que resulten competentes y objetivos como historiadores.
Valentí Puig, en un artículo reciente, expresaba su temor a que la conmemoración se convirtiera “en un reality show posmoderno a cargo del contribuyente”, un temor que muchos compartimos.
Tampoco son un buen auspicio las celebraciones previas que tendrán lugar este año para calentar el ambiente. La primera creo que será la inauguración el 11 de septiembre del remodelado edificio del antiguo Mercat del Born, cuyas obras, ya empezadas para convertirse en Biblioteca Pública provincial –financiada por el Estado–, fueron súbitamente interrumpidas al descubrirse restos de cimientos de las casas derribadas bajo la administración de Felipe V para construir una ciudadela militar, hoy desaparecida y transformada en parque.
 Existiendo junto al Born un barrio de la misma época, todavía en pie y habitado, siempre me pareció absurda tal decisión desde el punto de vista del interés general, aunque sea coherente con las políticas de las autoridades nacionalistas dado el rédito victimista que pretenden sacar a estos restos sin importancia arqueológica. Mientras, la Biblioteca aún está por hacer: de seguir las obras ya se hubiera terminado hace más de diez años. La propaganda se ha antepuesto a la cultura. ¿Por qué la Conselleria de Cultura no se llama Conselleria de Propaganda?
Me ha llegado también el programa del simposio “Espanya contra Catalunya: una mirada històrica (1714-2014)”, dirigido por el profesor Jaume Sobrequés y organizado por el Centre d’Història Contemporània de Catalunya (del Departament de Presidència de la Generalitat) y la Societat Catalana d’Estudis Històrics (del Institut d’Estudis Catalans). Se celebrará en Barcelona los días 12, 13 y 14 de diciembre de este año.
Como ven, su mismo título, evocador de un combate de boxeo, ya pone de manifiesto su carácter netamente político, para nada científico. Espero, al menos, que para ser ecuánimes organicen otro simposio que lleve por título “Catalunya contra Espanya”.
 El título ya es revelador, pero una mirada a los objetivos y al contenido de los temas a tratar, acentúan todavía más su carácter de mera propaganda nacionalista catalana. En el programa se dice textualmente:
“El objetivo es analizar con criterios históricos, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, las consecuencias que ha tenido para el país la acción política, casi siempre de carácter represivo, del Estado español en relación con Catalunya (…) Los diversos ponentes analizarán las condiciones de opresión nacional que ha padecido el pueblo catalán a lo largo de estos siglos, las cuales no han impedido el pleno desarrollo político, social, cultural y económico”.
Este último inciso es muy curioso porque delata una contradicción de fondo: ¿cómo es posible que un pueblo tan oprimido, perseguido y expoliado, se convirtiera en uno de los más ricos, cultos y socialmente avanzados de España a fines del mismo siglo XVIII y así haya continuado hasta hoy? No dudo que este simposio, con un poco de sentido del humor, nos aclarará este paradójico enigma.
Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

La Crisis intelectual en España.



jun 13 05
La crisis intelectual
El País | Andreu Jaume

Uno no puede defender una obviedad filológica, como que en Mallorca o Valencia se habla catalán, sin que se le suponga cierta simpatía nacionalista. O denunciar los abusos y la irresponsabilidad de Artur Mas sin que inmediatamente el coro le acuse a uno de fascista. Cada vez hay menos opinión libre, porque casi todo el pensamiento está comprado por una u otra causa comercial.




Algún día, seguramente en otro país, se estudiarán las causas de que en España hayamos llegado a esta situación, cada vez más disparatada.
A la fenomenal crisis económica, social y política se le añade otra de la que nadie habla pero que quizá las explique todas, es decir, la crisis intelectual que permite a todo el mundo decir —e incluso legislar—, las más tronadas ocurrencias, sin que casi nadie se oponga y la sociedad se acostumbre a convivir con ellas como una forma de identidad.

En Cataluña, por ejemplo, no le bastó a Artur Mas hacer el ridículo en unas elecciones plebiscitarias que convocó en torno a su mesiánica figura, sino que ahora se dispone a gastar los pocos recursos que le quedan en una desmesurada campaña publicitaria para conmemorar el tricentenario de la guerra de sucesión, sin otro objetivo, por supuesto, que apuntalar su proyecto independentista.
Para ello, no solo está utilizando todas las instituciones que su partido controla, incluido el Parlamento, un organismo que solo sirve para proclamar, con el beneplácito de casi toda la cámara, inútiles declaraciones de soberanía, en vez de ocuparse del empleo, la sanidad o la educación, sino que incluso se ha inventado un servicio diplomático paraestatal, Diplocat, controlado por las delicadas manos de ERC y dedicado a difundir (no se sabe muy bien dónde, pues parece que nadie les recibe) su particular versión de la Cataluña oprimida y saqueada. No les falta razón, claro, el problema es que equivocan el sujeto de la acción.

Por si no fuera poco, ante tan desgraciada gestión política, se pretende crear, mediante la manipulación de la radio y la televisión autonómicas y la subvención de medios afines, la ilusión de una opinión pública unánime que secunda y aplaude el paraíso de la independencia.
Hace poco, TV3 emitió un documental sobre la inminente emancipación de Cataluña titulado Hola, Europa (título pueril donde los haya), uno de los mayores espectáculos de deshonestidad intelectual que se recuerdan en este país, donde absolutamente todos los entrevistados —políticos, historiadores, economistas, banqueros, opinadores— estaban de acuerdo y no había ni un solo punto de vista, ya no digo contrario, sino ni siquiera reticente.
El sólo hecho de haberse prestado a semejante bajeza, financiada además con dinero público, da una idea de la servidumbre a la que se ha acostumbrado una buena parte de la clase intelectual, atada, como diría Nietzsche, con el dogal de la gratitud. Y es verdad que hay voces disidentes, pero son siempre las mismas y ya forman parte de la rutina dialéctica que se ha enquistado en el debate político, cada vez más fatigado y aburrido, cada vez más previsible y exasperante para el ciudadano desatendido o anestesiado.

Por otra parte, la distopía independentista de Mas y sus secuaces ha desencadenado una especie de guerra entre comunidades que confirma la enorme insensatez que supone la actual configuración del Estado de las autonomías.
Días atrás nos desayunábamos con la noticia de que las cortes de Aragón, con los votos del PP y del PAR, habían decidido promulgar una nueva ley de lenguas en que el catalán pasa a llamase Lapao mientras que la fabla se conocerá como Lapapyp.
Ça fait rêver.
No es de extrañar que algunos alemanes tengan dudas de que realmente podamos llegar a ser europeos.
El catalán, como reconoce la Constitución, es una lengua española y como tal debería ser protegida por el Estado, que es la única instancia capaz de garantizar la frialdad necesaria para ocuparse de estas materias.
Si se deja en manos del sentimiento de aldea pasan estas cosas, como ya ha ocurrido en Valencia y, como ocurrirá, mucho me temo, en Baleares, donde el presidente autonómico, José Ramón Bauzá, una verdadera luminaria, tiene serios problemas para pronunciar la palabra “catalán” y ya medita, según cuentan, una operación parecida a la aragonesa.
Si a todo esto le añadimos los desmanes de Telemadrid (dedicada a exhibir esa crudeza tan castiza, esa desoladora y gruesa falta de matización que nunca puede ser la respuesta al nacionalismo ni a nada), el espasmódico griterío que le invade a uno cuando sintoniza cualquier tertulia televisiva o la cerril monotonía de los argumentos en periódicos y radios, el panorama se vuelve terriblemente desalentador y eficazmente disuasorio, pues la estupidez, como bien saben los asesores de los gobernantes, es un fuerte narcótico.
Pero el verdadero problema estriba sobre todo en la falta de una respuesta o, mejor dicho, en la imposibilidad de contestar, pues en nuestro país cualquier expresión intelectual está políticamente infectada.
Uno no puede defender una obviedad filológica, como que en Mallorca o Valencia se habla catalán, sin que se le suponga cierta simpatía nacionalista. O denunciar los abusos y la irresponsabilidad de Artur Mas sin que inmediatamente el coro le acuse a uno de fascista. Cada vez hay menos opinión libre, porque casi todo el pensamiento está comprado por una u otra causa comercial.

Como digo, algún día un hispanista inglés explicará cómo hemos llegado a esto. Probablemente apunte que España nunca tuvo Ilustración y que su pobreza en los siglos XVIII y XIX impidió la formación de una élite intelectual como la que tuvieron Francia e Inglaterra. Aunque quizá no haga falta ir tan lejos y simplemente constate la frivolidad y el sectarismo con que se ha maltratado, a lo largo de la democracia, un asunto tan delicado como la educación, convertida en un elemento de confrontación y adoctrinamiento políticos, a expensas de una juventud, en contra de lo que dice el tópico, cada vez peor preparada y más desganada. O tal vez hable de la manera en que se ha concebido la cultura, siempre relegada al ámbito del ocio y el lujo, como si no tuviera nada que ver con la polis, con la inevitable consecuencia de que la polis se llena de bárbaros y la cultura se convierte en una fiesta. Y quizá, después de todo, concluya que basta con mirar un determinado cuadro de Goya, aquel en que dos gañanes se matan a garrotazos en un páramo, recortados contra un cielo de grisalla y cobre, para estremecerse con un silencioso entendimiento.
 Andreu Jaume es editor.

lunes, 3 de junio de 2013

"Ellos, esos hijos de puta, tienen en las manos y en el computador su futuro y el de sus hijos"


"Ellos, esos hijos de puta, tienen en las manos y en el computador su futuro y el de sus hijos"
Periodista Digital, 04 de junio de 2012 a las 08:58
No crean riqueza, sino que especulan y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda.
El escritor Arturo Pérez Reverte publicó en el año 1998 un artículo que describe a la perfección una sociedad con una crisis económica y social como la actual, dando detalles muy difíciles de predecir con tantos años de antelación.
Ahora, catorce años después, parece una visión de Nostradamus.
Reverte apunta en 'Los amos del mundo',  publicado en 'El Semanal' a una sociedad en los que "ellos, esos hijos de puta, tienen en las manos y en el computador su futuro y el de sus hijos", y "le van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro".
"Ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, van a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street y dicen cosas como 'long-term capital management y hablan de fondos de alto riesgo, acuerdos multilaterales de inversión y neoliberalismo económico salvaje".
En su pieza, que ahora rescata 'El País', añade:
"No crean riqueza, sino que especulan. Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda", detalla, dando en el clavo con lo ocurrido en los últimos años, y asegurando que "hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas".
"De pronto, resulta que el invento tenía sus fallos y que era alto riesgo de verdad. Y entonces, todo el tinglado se va a tomar por saco".
"Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, mientras los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro, resulta que las pérdidas no".
"Las pérdidas, el mordisco financiero, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. El beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación".
Reverte concluye el artículo afirmando: "eso es lo que viene, me temo".
"Nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores. Así que podemos ir amarrándonos los machos. Es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza".
"No crean riqueza, sino que especulan. Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda", detalla, dando en el clavo con lo ocurrido en los últimos años, y asegurando que "hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas".
"De pronto, resulta que el invento tenía sus fallos y que era alto riesgo de verdad. Y entonces, todo el tinglado se va a tomar por saco".
"Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, mientras los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro, resulta que las pérdidas no"

"Nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores. Así que podemos ir
amarrándonos los machos. Es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza".
"No crean riqueza, sino que especulan. Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda", detalla, dando en el clavo con lo ocurrido en los últimos años, y asegurando que "hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas".
"De pronto, resulta que el invento tenía sus fallos y que era alto riesgo de verdad. Y entonces, todo el tinglado se va a tomar por saco".
"Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, mientras los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro, resulta que las pérdidas no"

Los amos del Mundo / Arturo Pérez-Reverte
Artículo premonitorio del escritor y periodista cartagenero Arturo Pérez-Reverte, publicado en "El Semanal" el 15 de noviembre de 1998, y que ahora, diez años después, se revela como una auténtica profecía:
"Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio -o al revés-, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.
Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.
Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza."
Arturo Pérez-Reverte.

domingo, 2 de junio de 2013

Publican el diario de un pistolero de la FAI de 1936: le daban listas


10/10/2007 - Documentos.- Crónica El Mundo.
Publican el diario de un pistolero de la FAI de 1936: le daban listas
Explica claramente cómo los anarquistas mataban a los cristianos y a otras víctimas de forma planificada, y no en tumultos desorganizados.

El investigador y documentalista catalán Miquel Mir publica en Destino el "Diario de un pistolero anarquista".
Se trata del verdadero diario de José Serra, un pistolero de la Federación Anarquista Ibérica en los años de la Guerra Civil española, que desertó a Londres con numerosas obras de arte robadas en iglesias y casas "burguesas", lo que le permitió vivir allí con holgura hasta su muerte.
 Miquel Mir asegura que "obra en mi poder el 80% de la documentación que generó la FAI", documentación que piensa ordenar y entregar a la Generalitat.
Son papeles que los anarquistas se llevaron a Tolouse al finalizar la Guerra Civil; luego, ante la invasión nazi de Francia, pasaron a Londres.
La documentación de la CNT luego pasaría a Ámsterdam, pero la de la FAI quedó en un piso de Londres, porque incluía los nombres de los milicianos que se encargaron de las matanzas de católicos y de "derechistas".
En ese piso de Londres encontró Mir la documentación.
Un ahijado de José Serra, llamado Maurici, que aún vive en Barcelona y tenía 14 años cuando acompañaba a su padrino, heredó el piso y ayudó a Mir a conformar datos del diario.
 Parte del diario de José Serra (un cuaderno de tapas negras escrito a lápiz) lo utilizó Mir en su novela "El roig i el negre" (Edicions 62). Ahora lo publica íntegro, simplemente arreglando la ortografía castellana, muy mala. El diario La Vanguardia publicaba recientemente un par de breves fragmentos.

La historia de un saqueador y pistolero
 José Serra aprendió a manejar armas y vehículos en la guerra de Marruecos.
De vuelta a Barcelona, se afilió a la CNT y participó en la "guerra de los pistoleros" (1920-1923), contra el sindicato libre de la patronal. Antes de entrar en la FAI, ya había matado a un "chivato" de la patronal.
En la FAI le encargaron un camión al empezar la guerra para "ir a saquear las piezas de oro y plata" de iglesias, conventos y familias adineradas. "Hasta noviembre de 1936, con nuestra patrulla realizamos detenciones violentas y matamos a personas por su poca simpatía por la revolución", se puede leer escrito a lápiz, con toda frialdad. Él no sólo conducía, sino que disparaba cuando hacía falta.
Los asesinatos no eran al azar, ni tumultos iracundos. Simplemente, tenían una lista que alguien les confeccionaba con cabeza fría y tranquilidad.
"Antes de salir con el camión, los capitostes nos daban las direcciones de personas que pertenecían a organizaciones consideradas sospechosas. (...) Por la noche teníamos órdenes de matar", escribe el pistolero anarquista.

 José Serra señala a Manuel Escorza del Val como la persona que emitía las órdenes. Era el jefe del Servicio de investigación de la FAI.
 Escorza formaba el vértice de una pirámide que incluía también a Dionisio Eroles, jefe de la Comisaría General de Orden Público y Aurelio Fernández, jefe del Comité Central de Patrullas y secretario de la Junta de Seguridad Interior. Se da la circunstancia de que Miquel Mir está preparando una biografía de Manuel Escorza, el hombre que daba las listas a los milicianos.
"Nos desplazábamos a las casas donde había que hacer el registro, nos llevábamos al sospechoso al camión y cuando estábamos en un descampado de las afueras de Barcelona, le metíamos un tiro y lo dejábamos en las cunetas de las carreteras o caminos", escribe José Serra.
La checa de San Elías, en Barcelona, escenario de numerosos horrores, es hoy la parroquia de Santa Inés
Y más adelante: "Recuerdo que uno de esos detenidos, antes de morir, nos dijo que no sabía por qué le matábamos. Pero le hicimos callar, porque nuestro trabajo era matar y el suyo, morir".
Entre la documentación que ha encontrado Miquel Mir hay, por ejemplo, información sobre los maristas asesinados en octubre de 1936 en la checa de San Elías de Barcelona. Esta información se ha usado en el proceso para la beatificación de 45 hermanos maristas del 28 de octubre de 2007.

Mir lleva años trabajando en esta documentación y ha autentificado 742 órdenes de registro y detenciones (dice el artículo de La Vanguardia del 6 de octubre 20007). Para ello ha llamado a parientes y herederos de los asesinados y ha buscado más documentación para contrastarla.

Causa de la muerte: "Poca simpatía por la revolución"
Oficialmente, la Generalitat de Cataluña reconoce 8.352 víctimas en la retaguardia republicana catalana, de julio de 1936 a febrero de 1939.
Las víctimas (se entiende que personas desarmadas y no combatientes) se repartirían así según estas cifras:
Sacerdotes, religiosos y clero:  2.441
Carlistas: 1.199
Miembros o cercanos a la Lliga Regionalista: 281
Miembros o cercanos a la CEDA: 213
Miembros o cercanos a Acció Ciudadana: 117
Miembros o cercanos a Falange: 108
Sindicato Libre: 110
Fejocistas (de la FEJOC, Federación de Jóvenes Cristianos): 73
Miembros o cercanos a Renovación Española: 70
Unión Patriótica: 36
Otros: 34


Diario de un pistolero de la FAI
Article publicat a “La Vanguardia” el 28/04/05 per Josep Massot
Han pasado casi setenta años desde el inicio de la Guerra Civil y aún quedan por atender muchas historias que una parte de la población preferiría no oír y a otra le traen recuerdos dolorosos.
La que cuenta Miquel Serra Mir (Banyoles, 1955) es una de ellas.
Hace siete años fue reclamado por un conocido para que le ayudara a resolver un tema espinoso.
Un día, al abrir el buzón, su conocido encontró un sobre con remite de un despacho de abogados de Londres.
Le notificaban que había recibido en herencia un piso en Chelsea.
Allí encontró, entre montones de papeles, 48 cuadernos: 31 de ellos escritos en castellano y 17 en inglés.
Miquel Serra, además de poeta y presidente comarcal de ERC, era archivero, y su amigo le encargó la transcripción del manuscrito.
No se dio cuenta de lo que tenía entre las manos hasta dos meses después: era el diario de un pistolero de la FAI, que relataba con lujo de detalles su participación en los saqueos de iglesias y casas burguesas en los primeros meses de la Guerra Civil y hacía una descripción escalofriante de los paseos de la muerte en los que tantos religiosos y civiles fueron asesinados en Barcelona en 1936.
No sólo contaba los crímenes, cometidos al amparo de la revolución, sino también cómo fue apropiándose de un copioso botín (ornamentos religiosos, muebles, cuadros, joyas) depositados en un taller de Poble Nou y en su masía y cómo, tras desencadenarse la represión estalinista contra el POUM y los anarquistas, logró escapar y trasladar gran parte de su botín a Londres.
Miquel Mir ha dedicado estos siete años a comprobar la veracidad de las confesiones del pistolero de la FAI y a novelar el diario en un libro que aparece ahora (Entre el roig i el negre,Llibres del Quatre Cantons).
También a devolver a los propietarios originales los objetos hallados en Londres que ha podido identificar.
El diario comienza en un mas del Penedès, del que Josep S. (1893-1974), el autor del manuscrito, parte en 1916 para convivir a diario durante tres años con el horror de los cuerpos destripados en Yebala, en la guerra del Rif.
Al ser licenciado, se trasladó a vivir a Barcelona, donde se afilió a la CNT y empezó a curtirse como pistolero: su primera víctima fue el encargado de una fábrica textil.
Siguieron muchas más.
Josep S. se empleó en palizas, secuestros, atracos, asesinatos o colocación de bombas, intentando esquivar a los profesionales de la Browning, los matones contratados por los empresarios, y a la policía de Primo de Rivera y Martínez Anido, Barcelona era una ciudad violenta en la que Josep S. aprendió que los límites entre la acción revolucionaria y la rapiña eran muy tenues e ingresó enseguida en el sector radical de la recién creada FAI, partidario de la acción armada, de devolver violencia con más violencia, y a recelar de todos los políticos, incluidos los republicanos.
La proclamación de la II República dio alas a los radicales, que tras participar en los combates contra las guarniciones que se sumaron al golpe de estado, se apoderon de los arsenales militares y desencadenaron el terror en una Barcelona sin gobierno ni policía.
Comenzó el pillaje sin oposición de comercios y sedes de entidades y partidos, como Foment del Treball y la Lliga, cuyos ficheros sirvieron después para desencadenar la violenta represión contra sus militantes.
El Comitè de Defensa ordenó a Josep S. que se hiciera cargo de un camión y él supo sacar provecho de poder contar con un vehículo y libertad de movimientos.
En su diario describe con todo detalle y fría reiteración la saña con que entraban en iglesias y conventos, destrozando cuanto podían, poseidos por una rabia infinita contra lo religioso, sin respetar ni vidas ni patrimonio artístico, antes de prender fuego a los templos.
Él seguía otra estrategia: llegaba con el camión, arramblaba cuanto podía acarrear y después, dando una excusa al resto del grupo, lo transportaba a un escondite y luego, de noche, a la masía del Penedès.
Parte era utilizado para la compra de armas, otra parte se la quedaba él.
Más tarde fue adscrito a las patrullas de control de Sant Elies, en Sant Gervasi, una de las más sanguinarios de la guerra.
Josep S. narra aquí las requisas, confiscaciones de bienes, vigilancia y ejecuciones sin sentido: saquearon las torres, sacaron de sus casas, al romper el alba, a quienes no habían huido, los llevaban en camiones a la Arrabassada, el Morrot, Horta, el Somorrostro, Can Tunis, Pedralbes, la Font del Lleó, la riera de Valcarca, las montañas de Vallvidrera y el Tibidabo.
A veces los arrojaban al mar, después de despojarles de todos los objetos de valor, incluidas las piezas dentales de oro, rotas a martilazos, y para evitar que algún fusilado quedara con vida los remataban con un tiro de gracia en la cabeza.
Les quitaban la documentación para que no pudieran ser reconocidos y dejaban sus cuerpos en cunetas o cerca de cementerios.
Josep S. reconoce que pocos se atrevían a fusilar de día y afirma haber sentido vergüenza y remordimiento por haber dejado que su voluntad quedara disuelta en la de la patrulla.
Todos eran culpables, nadie era culpable, y, como excusa, estaban las noticias que llegaban del lado franquista.
Josep S. fue destinado después al comité del siniestro Manuel Escorza de Val y al final, tras Els Fets de Maig, huyó a Londres gracias a un brigadista británico, para empezar una nueva vida.