domingo, 31 de marzo de 2013

En la rehabilitación de Juan Negrín

Por Javier Redondo, profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III (EL MUNDO, 03/11/09):
EL PSOE ha readmitido al doctor Negrín 63 años después de su expulsión y transcurrido medio siglo desde su muerte.
Que Juan Negrín fuera uno de los dirigentes republicanos más odiados y difamados por el franquismo entra dentro de la lógica y no desmerece necesariamente su figura.
Que su partido le haya tratado con semejante desdén y mantuviera en el limbo su memoria requiere una explicación sobre lo que fueron el socialismo durante todo ese periodo y la República en la Guerra Civil.
Y quizás era eso lo que no convenía remover demasiado.
De modo que Negrín, que cometió muchos y abultadísimos errores, cultivó amistades poco recomendables y prolongó la agonía de la República innecesaria e inútilmente, fue víctima de un doble exilio: uno por su condición de perdedor de la contienda; el otro, por disidente en un partido que buscó en el exilio la unidad de la que había carecido en los años precedentes.
A veces recuperar la memoria tiene sus ventajas y nos obliga a clarificar algunos hechos que deliberadamente se han explicado con trazo grueso para mantener incólumes los mitos de la caverna.
De sobra sabemos que durante la República hubo cuatro pesoes:
*.- uno revolucionario y sindical, liderado por Largo Caballero, que cuestionaba permanentemente el régimen y conspiró contra él en 1934. Era la facción mayoritaria del partido y supuso un constante quebradero de cabeza para los gobiernos republicanos por su maximalismo imprudente.
*.- El segundo PSOE era el posibilista de Indalecio Prieto, que se movía en la calculada ambigüedad y cuya mayor virtud consistió en tener una idea clara de España.
A esta corriente pertenecía Juan Negrín, que se adhirió al partido en 1929 y se consideraba un socialdemócrata sin nada que ver con el marxismo.
Creció políticamente al amparo de Prieto y fundó, junto con Luis Araquistáin y Álvarez del Vayo, la editorial España, que publicó en nuestro país la obra de Remarque Sin novedad en el frente. La amistad entre Prieto y Negrín se quebró en 1938.
*.- El tercer y cuarto PSOE merecen muchas más loas, pero su influencia era inversamente proporcional a la calidad humana y política de sus líderes: Julián Besteiro representaba el marxismo ortodoxo, teórico y lógico. No quería una república burguesa pero mucho menos una república caótica y desquiciadamente revanchista. Fernando de los Ríos lideraba la corriente intelectual, liberal, humanista y serena, heredera del krausismo y de la Institución Libre de Enseñanza.
Posteriormente, en pleno conflicto bélico, a partir de mayo de 1937, cuando Negrín sustituyó a Largo Caballero al frente del Gobierno, los distintos grupos socialistas se realinearon en tres tendencias: por un lado, el posibilismo, aterrado ante el creciente protagonismo del PCE y de Moscú, estaba dispuesto a acabar la Guerra cuanto antes con la mediación de los aliados. Esta posición aglutinó a casi todo el republicanismo no comunista: o sea, el liberal, izquierdista y socialista, desde Azaña a Martínez Barrio, pasando por Prieto, Besteiro y De los Ríos, que ya por entonces lo veía todo desde la distancia como embajador en EEUU.
Por otro lado estaba Largo Caballero con su UGT, que no comulgaba con la mesura posibilista pero renegaba ahora de Moscú tanto como Stalin desconfiaba ya de él porque se negaba a fusionar PSOE y PCE y no consentía un sometimiento tan descarado a la Unión Soviética. Stalin forzó su salida del Gobierno. Pudo hacerlo porque la República, desde comienzos de 1937, estaba en manos del Kremlin. Basta con repasar la amplia nómina de camaradas comunistas, asesores de Stalin, miembros del Komintern o enlaces del NKVD (Comisariado Popular para Asuntos Internos soviético) que operaban en España para saber hacia dónde se había desplazado el centro de gravedad del poder republicano: Krivitski, Voroshilov, Orlov, Stepanov (uno de los alias de Stoyán Minéyevich Ivanov), Togliatti o Stashevski tomaban decisiones militares, trazaban las estrategias políticas y ejecutaban las purgas.
Este panorama se encontró Negrín nada más acceder al poder. Él era la cabeza visible de la tercera rama del socialismo que durante la segunda fase de la Guerra se impuso a posibilistas y caballeristas. Su entreguismo a la URSS no tenía que ver con que perteneciera a la Asociación de Amigos de la Unión Soviética sino con considerar que su única opción era mantener el apoyo de los comunistas y, por tanto, en no hacer nada para invertir la situación. En consecuencia, a esas alturas, la Guerra Civil española no enfrentaba a los partidarios de un régimen legítimo y democrático contra unos golpistas reaccionarios. No, la Guerra enfrentaba a dos totalitarismos: el comunista contra el fascista. El ejército republicano, controlado por el PCE, no luchaba ya por reinstaurar un régimen parlamentario sino por situar a Madrid en la órbita de Moscú, algo que no ocultaron sus emisarios en España.
Esta circunstancia desató, como en un juego de muñecas rusas -dicho sea sin acritud pero con intención- una pelea superpuesta o contenida dentro de la Guerra Civil. Si consideramos que la contienda general constituye el macronivel, la lucha intestina por el poder en el bando republicano se desarrolló en el mesonivel. En Barcelona y Madrid los comunistas ejercieron una represión feroz sobre los miembros del POUM y los anarquistas instalados en la utopía revolucionaria -recordemos el asesinato de Andreu Nin, que pilló a Negrín recién llegado al Gobierno-. Las salvajes purgas merecieron la repulsa de algunos periodistas extranjeros, como Orwell o Bolloten.
Entregado a su suerte, Negrín gobernó con el puño de hierro de Stalin por necesidad mucho más que por convicción. «No puedo prescindir de ellos», repetía. «¿Es que usted cree que a mí no me pesa esta odiosa servidumbre? Pero no hay otro camino», le decía a su correligionario Simeón Vidarte. Las potencias aliadas no tomaban cartas en el asunto. Y encima acabaron pasando por el aro de Hitler al aceptar el oprobioso pacto de Múnich de 1938. Negrín continuó su huida hacia delante pensando, con una tenacidad rayana en el delirio, que detrás del abismo presente no había otro abismo mayor. Poseído de una fe inquebrantable proclamó que «resistir es vencer» porque el tablero internacional acabaría por descomponerse y la inminente Guerra Mundial internacionalizaría la nuestra y se alcanzaría una paz negociada y… Y mientras las tropas de Franco avanzaban posiciones y la gente consumía las píldoras del doctor Negrín: lentejas contra el hambre.
Pese a todo, su política no es lo que le aparta del PSOE cuando Franco entra triunfal en Madrid tras la última batalla ocurrida en el mesonivel: la que enfrentó en la capital a los hombres de Casado -y Besteiro- contra los comunistas. Su expulsión vendría después, en 1946. Gracias a la tercera de las guerras civiles que estallaron en el lado republicano: la desatada en el micronivel. Nos referimos a la titánica lucha de egos y complejos que durante la República enfrentó a Azaña, Alcalá Zamora y Lerroux; durante la Guerra a Azaña contra Negrín, a éste contra Prieto y a Largo contra casi todos; y, por fin, en la posguerra, a Negrín contra el resto.
AZAÑA, QUE NO adquirió visos de hombre de Estado hasta 1937 -pese a lo que se haya dicho sobre él, magnificando gratuitamente su figura- pronunció, al final de lo irremediable, aquel discurso de las tres pes: Paz, piedad y perdón; Negrín, desmejorado, alicaído, arrastrando sus pies por el barro de los frentes de batalla, respondió con las tres erres: Resistir, resistir y resistir. Azaña pensaba que Negrín era un bon vivant al que el 18 de julio sorprendió en mitad de una mariscada. Para Negrín, el alcalaíno era un cobarde y un ególatra. Azaña quería tener cerca a Prieto para parar los pies a Negrín que, por su parte, pretendía mandarle a México. Ambos, Prieto y Negrín habían sido grandes amigos, pero el ex ministro de Guerra estaba harto de que los comunistas le puentearan y ningunearan. Acusó a Negrín de instigar una manifestación espontánea en la que se llamó traidores a los miembros del Gobierno que querían negociar la paz.
Ya en México, Negrín le disputó a Giral la presidencia del Gobierno en el exilio. Al final, él había perdido las tres guerras, pero al menos no había provocado la mayor. Negrín consideró doblemente traidores a todos los que no hicieron nada por evitarla y luego buscaron la rendición. Martínez Barrio se decantó por Giral. Comunistas y negrinistas quedaron fuera. El médico canario fue invitado varias veces a integrarse en el Gobierno pero rehusó (no así los comunistas, que se incorporaron en 1946). Ese año, el PSOE celebró en Toulousse un Congreso extraordinario en el que por fin casi todas las tendencias se unieron en torno a la figura de Llopis, partidario de colaborar con Giral, y Prieto, partidario de aproximarse a los monárquicos antifranquistas y, que, por otro lado, se cobraba cumplida venganza. Faltaron los negrinistas (entre ellos Álvarez del Vayo, Lamoneda y otros) y alguno más (Galarza). Todos los disidentes fueron expulsados del PSOE, hasta hace unos días. Su rehabilitación retroactiva nos ha permitido este breve ejercicio de reconstrucción o, si se quiere, de reconstrucción

Los preparativos revolucionarios



Largo Caballero y otros dirigentes centristas del PSOE anunciaron públicamente que la llegada de la CEDA al gobierno obligaría al PSOE y a la UGT, y por tanto a las Alianzas Obreras, a desencadenar la revolución.
La radicalización de las posturas de Caballero, en palabras, no dejan dudas: "Ya no es cuestión ahora de partidos intermedios entre la clase trabajadora y la burguesía (…) o bien el poder pasa a manos de las derechas, o bien a las nuestras, y como las derechas necesitan para sostenerse una dictadura, la clase trabajadora una vez logrado el poder, ha de implantar también la suya, la dictadura del proletariado. La hora de choques decisivos se va acercando. El movimiento obrero ha de prepararse para la Revolución…" (Diario Adelante, febrero de 1934).

Bajo el pretexto de que nada debía desviar a las Alianzas de la preparación de la insurrección, Largo Caballero y a través de él, el PSOE y la UGT, se negaron en redondo a que éstas participaran activamente en las luchas cotidianas de la clase obrera. En todo momento se opuso a la creación de AO en los barrios, fábricas, tajos, en el campo, para que funcionasen como los comités de la revolución, y por tanto a la posibilidad de elección de delegados en una AO estatal.
En el terreno del armamento para la insurrección sus posiciones eran igual de equivocadas; lejos de organizar sistemáticamente una milicia obrera a partir de las fábricas y los sindicatos, dejó los preparativos militares en manos de un comité presidido por Indalecio Prieto, dirigente del ala derechista del partido, ferviente partidario de la colaboración de clases, y que participaba en la lucha, como más tarde reconocería el propio Caballero, para sabotearla.

El proletariado carecía de un auténtico partido marxista con una táctica para la toma del poder. Todas estas carencias se hicieron más evidentes durante la gran huelga campesina del verano de 1934. La Federación de Trabajadores de la Tierra (FTT) de la UGT presionada por los jornaleros, convocó una huelga contra los salarios de hambre y las jornadas extenuantes.El éxito de la lucha dependía también de su extensión y de la solidaridad de la clase obrera industrial de las ciudades.Las condiciones para ese apoyo estaban maduras, como ponía de manifiesto que la clase obrera tomara la iniciativa en la calle para boicotear todas las demostraciones de fuerza "cedistas", y las huelgas económicas continuaban extendiéndose.
Con todas estas posibilidades para unificar la lucha de los trabajadores y los campesinos, Largo Caballero se negó desde la UGT a promover ningún movimiento de solidaridad con la huelga. La huelga campesina alcanzó 38 provincias y más de 300.000 huelguistas, pero después de 15 días de resistencia y lucha, el hambre y la represión acabó con el movimiento: hubo trece muertos, diez mil detenidos y la FTT fue desmantelada. El campesinado quedaba temporalmente fuera de combate, sin capacidad de reacción. ¿Se podría pensar en una posterior insurrección victoriosa sin la participación activa del movimiento jornalero?
  "Con toda mi alma", hablaba confidencialmente Manuel Azaña el 14 de febrero a Ossorio y Gallardo, "quisiera una votación lucidísima, pero de ninguna manera ganar las elecciones. De todas las soluciones que se pueden esperar, la del triunfo es la que más me aterra". Para Azaña, de "todas las soluciones" la que más le aterraba era el triunfo del Frente Popular, no tanto por el contenido de su programa, sino por la interpretación que del triunfo harían las masas de obreros y campesinos.
El triunfo de las listas del Frente Popular fue tan arrollador que muchos líderes reaccionarios como Lerroux o Romanones perdieron su acta de diputado.
De los 453 diputados elegidos, 257 eran del Frente Popular, pero mirados más de cerca los resultados, sorprende que de esos diputados, 162 tuvieran filiación republicana. Los partidos obreros, también cedieron a los republicanos los puestos de salida en las listas aunque su aportación electoral no se pudiese comparar ni remotamente con la que hacían los partidos y sindicatos de izquierda.
En cualquier caso las masas no esperaron a la acción "legislativa" del parlamento para imponer por la fuerza de los hechos sus puntos de vista. Entre febrero y julio de 1936, hubo 113 huelgas generales y 228 huelgas parciales en las ciudades y pueblos de toda España.
A pesar de todas las resistencias de los líderes del Frente Popular que intentaron aplacar la voluntad de la población, el primer acto de los trabajadores en todos los rincones del país, fue liberar a los presos, abriendo las cárceles sin esperar las órdenes del gobierno, todavía sin constituir.

Esto indicaba la actitud del proletariado ante el triunfo del Frente Popular.
Las huelgas económicas, por aumentos salariales por la readmisión de los despedidos se generalizaron. En las ciudades los comités de acción UGT-CNT ocupaban fábricas y empresas y lograban imponer a los burgueses la readmisión de los despedidos.
La situación en el campo se desbordó: "…En las regiones donde domina la propiedad latifundista…", escribe Manuel Tuñón de Lara, "no se trataba de simples alborotos pasionales, sino del impulso irresistible de los hombres sin tierra para conquistarla. El programa del Frente Popular contenía ya la aplicación intensificada de la Reforma Agraria. Ya sabemos cuan mínima había sido esa explicación en sus dos años de vigencia. Ahora, los asalariados de la tierra habían votado al Frente Popular para que su situación mejorase definitivamente, y la República no fuese una palabra hueca en el campo…".
"…Los campesinos pasaron rápidamente a la acción: en las provincias de Toledo, Salamanca, Madrid, Sevilla, etc… ocuparon grandes fincas desde los primeros días de marzo y se pusieron a trabajarlas bajo la dirección de sus organizaciones sindicales. Una vez que ocupaban las tierras, lo comunicaban al Ministerio de Agricultura para que legalizase su situación.
Este movimiento culminó el 25 de marzo con la ocupación de fincas realizada al mismo tiempo por ochenta mil campesinos en las provincias de Bajadoz y Cáceres…".
"…Según datos del Instituto de Reforma Agraria, de febrero a junio se ocuparon 232.199 hectáreas, en las que fueron asentadas 71.919 familias campesinas, superficie todavía poco considerable, pero mucho mayor que la que había sido objeto de la reforma durante los precedentes años de régimen republicano…"
“...La decisión de las masas de ir hasta el final era firme. Si el Partido Socialista o el PCE hubieran tenido una política marxista basada en un programa revolucionario que plantease abiertamente la toma del poder; la nacionalización de las fábricas y la banca bajo control democrático de los trabajadores, la expropiación de los terratenientes y la entrega de la tierra a los campesinos a través de cooperativas colectivas para su explotación, la formación de consejos de obreros y campesinos para ejercer el control y la democracia política, el derecho de autodeterminación para las nacionalidades históricas, la independencia para las colonias (especialmente Marruecos), en definitiva un programa como el de Lenin y los bolcheviques en 1917, hubieran encontrado el respaldo unánime de la clase obrera y de los jornaleros, de la mayoría aplastante de la población.
Este programa unido a la defensa de la revolución a través de la formación de milicias obreras y de un llamamiento internacionalista a los trabajadores y los pueblos de Europa y del mundo a defender la revolución española iniciando la revolución socialista en sus países, hubiera transformado toda la situación en España y en Europa.
Alguno podría objetar: "un programa así hubiera provocado la respuesta armada de la reacción". Nosotros contestamos: la reacción ya había tomado una decisión firme de aplastar militarmente el peligro revolucionario. El fascismo era una amenaza tan real que sólo con los métodos de la revolución socialista podría esperarse la victoria .
“El problema era precisamente que el poder se encontraba del lado de la burguesía republicana, los nacionalistas catalanes y vascos y los dirigentes estalinistas. "Las condiciones para la victoria de las masas en la guerra civil contra los opresores son:
1.- Los combatientes del ejército revolucionario deben tener plena conciencia de que combaten por su completa emancipación social y no por el restablecimiento de la vieja forma (democrática) de explotación.
2.- Lo mismo debe ser comprendido por los obreros y campesinos, tanto en la retaguardia del ejército revolucionario como en la del ejército enemigo.
3.- La propaganda, en el frente propio, en el frente adversario y en la retaguardia de los dos ejércitos, tiene que estar totalmente impregnada por el espíritu de la revolución social. La consigna: "primero la victoria, después las reformas", es la fórmula de todos los opresores y explotadores.
4.- La victoria viene determinada por las clases y capas que participan en la lucha. Las masas deben disponer de un aparato estatal que exprese directa o indirectamente su voluntad. Este aparato sólo puede ser construido por los soviets de los obreros, campesinos y soldados.
5.- El ejército revolucionario (...) debe llevar a cabo inmediatamente en las provincias conquistadas las más urgentes medidas de revolución social...
6.- Debe expulsarse del ejército revolucionario a los enemigos de la revolución socialista, es decir, de los explotadores y sus agentes, aunque se disfracen con la máscara de "democráticos", "republicanos"...
7.- A la cabeza de cada división debe figurar un comisario con una autoridad irreprochable, como revolucionario y combatiente.
8.- El cuerpo de mando (...) su verificación y selección debe realizarse sobre la base de su experiencia militar, de los informes aportados por los comisarios y de las opiniones de los combatientes rasos. Al mismo tiempo deben dedicarse esfuerzos en la preparación de comandantes procedentes de las filas de los obreros revolucionarios.
9.- La estrategia de la guerra civil tiene que combinar las reglas del arte militar con la tareas de la revolución social...
10.- El gobierno revolucionario, como comité ejecutivo de los obreros y campesinos, tiene que ser capaz de conquistar la confianza del ejército y del pueblo trabajador.
11.- La política exterior debe tener como principal objetivo, despertar la conciencia revolucionaria de los obreros, los campesinos y las nacionalidades oprimidas del mundo entero...".(León Trotsky, España, última advertencia, pág. 113, 114, 115) .

De nuevo se iban a repetir los errores de colaboración de clases del pasado, pero esta vez de forma más dramática. Largo Caballero se opone a listas conjuntas con los republicanos, pero Prieto no sólo lo lleva adelante sino que les da la mayoría en las listas: 152 diputados a los republicanos y 116 a las organizaciones obreras.
Las maniobras e intrigas de Prieto continuaron para evitar que la izquierda, que era la inmensa mayoría, pudiera quedar claramente reflejada en una nueva dirección, cambiando la correlación de fuerzas en el seno del comité nacional y de la comisión ejecutiva.
El congreso del Partido debía celebrarse en junio para decidir sobre los temas vitales en discusión. Por un lado se trataría el tema de Octubre del 34 y la depuración de responsabilidades, y por otro de la estrategia revolucionaria a seguir para la toma del poder.
Sin embargo, los acontecimientos y las maniobras de los reformistas de Besteiro y centristas de Prieto, impidieron la celebración de ese congreso.
Las ideas que la izquierda tenía sobre las "ventajas" electorales del Frente Popular las expresaba Araquistain en Leviatán:"… Tanto los partidos republicanos de izquierda como algunos mandarines socialistas daban por seguro que el Frente Popular no alcanzaría una mayoría absoluta de diputados, o sea, 237. Con 180 -una cifra muy en boga en vísperas electorales- se daban por satisfechos…
El 16 de febrero se votaría por una nueva República, por la República iniciada en 1934; por una República ya en marcha hacia el socialismo.
Así ha sido. Tan convencidos estamos de esto, que para nosotros no hay duda: si los partidos obreros (el socialista y el comunista de acuerdo con sindicalistas y anarquistas) hubieran ido solos a la lucha electoral, hubieran traído una cifra no menor de 250 diputados…"
"…Otro éxito de la fantasmagórica comisión ejecutiva del Partido Socialista: propuso que el próximo congreso del Partido tuviera lugar en Asturias, y abreviando los plazos reglamentarios tan apremiantemente, que las agrupaciones locales no hubieran tenido tiempo material de presentar ninguna proposición de importancia.
El propósito era claro. Se trataba de estrangular ese congreso, impidiendo que se reformaran el programa y los estatutos del Partido, como era y es el deseo, públicamente confesado, de Francisco Largo Caballero, y acaso que se discutiera a fondo la insurrección de Octubre.
En cuanto a elegir Asturias como escenario del congreso, se esperaba, quizá, que una evocación espectacular de los muertos y de los supervivientes de la heroica insurrección obligara a acallar las irreconciliables discrepancias teóricas y tácticas dentro del Partido Socialista y a que sus representantes se dieran otro falso abrazo de paz y fraternidad, como en 1932…
Pero los cálculos le han salido mal a la Ejecutiva. La inmensa mayoría de las agrupaciones se han pronunciado porque el congreso se reúna en Madrid y dentro de los plazos reglamentarios por lo menos. El próximo congreso se celebrará, pues, sin prisas y sin amaños, con la máxima concurrencia del Partido y sin escamotear proposiciones.
La Agrupación de Madrid, que ahora preside Largo Caballero, presentará una importantísima para el futuro del Partido Socialista. En ella se repudian las ilusiones del reformismo y se preconiza, como régimen de transición entre la sociedad capitalista y la socialista, la dictadura del proletariado, organizada en democracia obrera.
Si esta proposición fuera aprobada, su trascendencia para el porvenir de España sería inmensa…"
Mientras tanto, Prieto aspiraba a ser nombrado primer ministro y todos estaban de acuerdo en esta decisión, con la excepción de Largo Caballero que le previno diciéndole que no debía entrar sin el consentimiento del Partido, advirtiéndole que eso se discutiría en el congreso.
Las presiones para llevar a cabo estos planes eran brutales, no sólo por parte de la derecha del PSOE sino del resto de las fuerzas del Frente Popular:"
Pero la izquierda socialista no cedió. Entonces Prieto intentó medidas desesperadas. El Comité Ejecutivo Nacional, controlado por él, aplazó la convención de junio a octubre; prohibió Claridad y le quitó los fondos del Partido…
A pesar de las maniobras de Prieto, estaba claro que la base apoyaba al ala de izquierdas. Caballero había sido reelegido secretario de la UGT por una abrumadora mayoría…"Las elecciones de febrero dan la victoria al Frente Popular y esto es la señal de partida para una movilización general en las fábricas por parte de los trabajadores, en los campos donde se ocupan tierras, por la amnistía, con la liberación inmediata de los presos por los obreros que asaltan las cárceles…
El gobierno trata de reprimir tanto "desorden", enfrentándose al movimiento pero se ve impotente. La UGT, dirigida por la izquierda, participa activamente en las huelgas y ocupaciones de tierras.
Azaña es nombrado nuevo presidente de la República y se nombra un nuevo gobierno, en el que los socialistas se niegan a participar.
La burguesía ve con terror el avance del movimiento obrero. El 18 de julio la reacción se subleva y estalla la guerra civil .
(Revolucion comunista españa 1936. MARXISMO HOY Nº 3. La Revolución española 1931 – 1939)


Revolución y contrarrevolución



REVOLUCIÓN EN LA ZONA REPUBLICANA
El fallido golpe de Estado planteado por algunos militares contra la República había dejado libre de cualquier control a las organizaciones obreras.
La revolución se expandió en aquellos núcleos poblaciones donde el alzamiento había fracasado o no se había producido.
En todos esos sitios se crearon comités de control formalmente constituidos por los partidarios del Frente Popular junto a los anarquistas.
Una de las primeras actuaciones de estos comités de control fue la prohibición de los partidos de derechas y la confiscación de los bienes de todos aquellos que de una forma u otra se hubieran opuesto a la República.
En Madrid la dirección de este movimiento revolucionario recayó en la socialista UGT que trabajaba en relativa armonía con la anarquista CNT.
Detrás de la UGT empezaba ya a dar muestras de un gran activismo político el PCE con un sistema propagandístico hábilmente elaborado.
La división en el seno de PSOE les ayudó también a instalarse cada vez más en el seno de la sociedad republicana.
Los socialistas estaban divididos ya antes de la guerra en tres ramas, la revolucionaria con Francisco Largo Caballero, la moderada con Indalecio Prieto como cabeza más visible y la aún más moderada de Julián Besteiro contraria a la guerra.
Todas las industrias del Madrid republicano fueron requisadas y puestas en manos de comités de trabajadores.
Se estableció un nuevo sistema de reparto de alimentos pagados con vales emitidos por los comités.
El dinero quedó abolido lo que conllevaría un cierto caos económico porque cada localidad tendía a emitir sus propios billetes locales aumentando en gran manera la masa monetaria en circulación.

El ejemplo más claro de la Revolución se encontraba en Barcelona.
La capital catalana parecía el sueño dorado de cualquier anarquista.
Después de combatir a la rebelión, la guerra les había proporcionado la oportunidad ideal de conseguir la libertad y justicia que soñaban y que según ellos, una república burguesa no podía proporcionar.
Los anarquistas, a diferencia de lo que ocurría en Madrid, controlaban completamente Barcelona pero fieles a sus principios se negaban a monopolizar el poder.
En vez de eso, accedieron de buena gana a compartirlo en toda Cataluña dentro del Comité de Milicias Antifascistas.
Este comité fue el encargado de restablecer el orden público, organizar la producción y distribución de alimentos y al mismo tiempo de crear un ejército de milicias para defender la revolución.
Todas las grandes industrias de Barcelona pasaron a manos de la CNT.
Lo mismo ocurriría con los servicios básicos de agua, gas y electricidad.
Pero los anarquistas no eran los únicos integrantes de las fuerzas políticas al servicio de la República. La Generalitat, que como ya hemos dicho había quedado reducida a un gobierno sin autoridad, encontró en el PSUC (Partit Socialista Unificat de Cataluña) un aliado frente al predominio anarquista. El PSUC era un partido comunista afiliado al Komintern que pronto apoyó al gobierno de Lluís Companys con vistas a ejercer una mayor influencia en la política republicana. Otra fuerza a tener en cuenta era el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) partido revolucionario antiestalinista formado por ex comunistas catalanes.

En las ciudades y campos de Castilla la Nueva, y la Extremadura y Andalucía republicana el control lo ejercía también la UGT aunque los anarquistas pronto crearon numerosas colectividades agrarias fieles al ideario anarquista.
La distribución de alimentos de esas colectividades pasaba por las manos del comité local.
En la zona de Aragón controlada por la República se aplicó por primera vez en la historia las prácticas del comunismo libertario, regulado por el Consejo de Aragón radicado en la población de Caspe.
En Valencia, el éxito del comité local de la CNT-UGT a la hora de combatir a los rebeldes les dio la autoridad.
Pero Valencia era una ciudad más burguesa que Barcelona y se realizaron menos expropiaciones.
En el resto del Levante los anarquistas y los socialistas se disputaron el poder. Alcoy era anarquista, así como Xàtiva, Elche y Sagunto. Alzira y Elda eran socialistas.

En los territorios de la costa norte, aislados del resto de la España republicana, surgieron tres tipos de formas distintas de concebir la revolución.
*.- Una centrada en el País Vasco, otra en Santander y la última en Asturias.
*.- El País Vasco quedó sometido a un comité de defensa integrado por representantes del nacionalismo.
*.-  Los anarquistas eran mirados con desconfianza por este comité que decretó la expropiación de los bienes de sólo aquellos que habían participado de alguna manera en la rebelión.
Al mismo tiempo se hizo con el control de las principales industrias de la zona vasca. Sus relaciones con Madrid aunque pasaron por diversos altibajos fueron siempre de colaboración con la causa de la República, básicamente porque se hallaban convencidos de que sólo apoyando a este bando podían llegar a conseguir sus aspiraciones autonomistas.
En Asturias y Santander las relaciones entre la UGT, CNT y demás fuerzas republicanas tendió a estrecharse pero se hacía en falta una mayor cooperación entre ellas y la zona vasca.
Belarmino Tomás, el dirigente revolucionario de 1934, fue nombrado gobernador de la provincia con poderes delegados en el gobierno central.
Pero la táctica militar de estas regiones aisladas tendía a no ofrecer una única línea de actuación lo que iba en perjuicio de su defensa.

La revolución se celebraba en toda la España republicana con inmenso júbilo, pero no sólo era júbilo, también era sangre, la sangre de sus enemigos.
*.- Primera en la lista, la Iglesia. La Iglesia fue atacada porque la religión se había convertido en una de las pasiones de la política española desde 1931.
Para muchos revolucionarios la Iglesia representaba el inmovilismo político, la enemiga de la libertad. También le echaban en cara su ostentación de riqueza y su tradicional apoyo en las clases dirigentes.
La matanza de miembros de la Iglesia en Cataluña y Aragón fue enorme.
Trece obispos y más de 6.000 monjas y sacerdotes fueron asesinados durante los primeros días del frenesí revolucionario.
En ningún momento de la historia de Europa ni incluso en la historia mundial se había mostrado un odio tan desenfrenado por la religión y sus obras.
La guerra había actuado de válvula de escape para estos odios ya milenarios. Los crímenes anticlericales sirvieron para reforzar al mundo la imagen de una República roja y atea.
 No sólo la Iglesia se vio afectada por la revolución.

También entre diversas capas de la sociedad la revolución se cobró su tributo en sangre.
*.- Haber sido miembro de la Falange era fatal en todas partes.
*.- En las ciudades los representantes de la gran industria y de la banca fueron perseguido y en muchos casos asesinados.
*.-  En las zonas rurales la revolución vino acompañada de la confiscación de las tierras de los grandes terratenientes y su encarcelamiento o ejecución sumaria.
*.- Por ejemplo en el Madrid republicano muchas personas fueron ejecutadas en la Ciudad Universitaria al amparo del vacío de poder.
*.- La revolución había posibilitado que cada partido político creara sus propios comités de investigación que actuaban sin ninguna interferencia desde el gobierno central.
Ante la impotencia de la policía y los tribunales estos comités actuaron con total impunidad.
Lo mismo ocurrió en mayor o menor medida en el resto de la zona controlada por la República en los primeros y desenfrenados días de la guerra civil.

CONTRARREVOLUCIÓN EN LA ZONA NACIONAL
En las zonas de la llamada España nacional  todos los partidos políticos que habían apoyado al Frente Popular quedaron prohibidos e incluso desaparecieron los partidos de derechas incluida la CEDA.
Los únicos grupos políticos activos pasaron a ser la Falange y el Carlismo pero totalmente supeditados a la autoridad militar.
 Pocos días después del alzamiento los militares constituyeron la Junta de Defensa Nacional, una especie de órgano provisional de gobierno.
Se creó en Burgos el 24 de julio y su presidente fue el general Miguel Cabanellas.
La Junta era un órgano colegiado en el que los militares exponían y decidían la actuación a seguir durante las primeras operaciones de la guerra.
Al mismo tiempo se ocupaba de la aplicación de medidas contrarrevolucionarias.
Se decretaba la devolución de las tierras expropiadas, se declaraban ilegales todos los sindicatos y partidos del Frente Popular y la naturaleza laica del Estado republicano.

Pero la contrarrevolución también significaba venganza.
La represión fue un acto político dirigido por aquellos militares que, viendo fracasado el golpe, se dispusieron a tratar de invertir la situación creada por el estallido de la guerra civil.

Inicios de la República.



Las elecciones de junio de 1931 dieron el poder a la coalición de republicanos de izquierdas y socialistas.
Durante dos años, hasta fines de 1933, el nuevo gobierno dirigido por Manuel Azaña intentó encontrar solución a los principales problemas que aquejaban al país.
La tarea resultó mucho más complicada de lo previsto y agrandó la separación entre derechas, que creían que las reformas eran demasiado radicales y atrevidas, e izquierdas que creían que eran demasiado moderadas y lentas.

Escándalos como el de Casas viejas, la lentitud de las reformas y el creciente desempleo impulsaron a los socialistas a abandonar un gobierno Azaña desprestigiado.
La crisis desembocó en las elecciones de 1933.

LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA
Las causas de la instauración del régimen republicano: el agotamiento del sistema político de la Restauración y la incapacidad de la monarquía de asumir sus errores durante la Dictadura.
El descontento popular fue antimonárquico y pro republicano.
El rey, Alfonso XIII, estaba aislado, la clase obrera lo consideraba el símbolo de la opresión, la clase media no le perdonaba los siete años de dictadura, incluso para la clase dirigente la monarquía ya no representaba una solución de continuidad.
El nuevo gobierno presidido por el general Dámaso Berenguer trató inútilmente de volver a la situación anterior a la Dictadura, pero fue imposible. La mayoría de la opinión pública estaba ya resueltamente en contra de la monarquía.
En el verano de 1930 se produjo un pacto entre diversos sectores del republicanismo. El “Pacto de San Sebastián”, fue clave en el tránsito de la monarquía a la república. Alcalá Zamora fue elegido presidente del comité revolucionario creado con la firma del Pacto de San Sebastián. Sus principales integrantes:
*.- El republicanismo “histórico”, Alejandro Lerroux, fundador del Partido Radical en 1908.
*.- La nueva izquierda republicana de Manuel Azaña que junto a Marcelino Domingo y Alvaro Albornoz, representaba a los elementos del radical-socialismo.
*.- Los socialistas, Indalecio Prieto convenció a los socialistas para que se unieran a las posiciones republicanas.
*.- El catalanismo de izquierdas (Carrasco Formiguera, Matías Malliol y Jaume Aiguader).
*.- El regionalismo gallego (Casares Quiroga al frente de la ORGA, partido republicano gallego).
*.- El republicanismo moderado (Niceto Alcalá Zamora, Miguel Maura).

Antes de que este Pacto se pudiera plantear como alternativa y salida pacífica, estimulados por diversos círculos militares (Unión Militar Republicana), la guarnición de Jaca, con el capitán Fermín Galán y el teniente García Hernández al frente se sublevaron contra la monarquía y proclamaron la República. Aislados los rebeldes, sus cabecillas fueron fusilados. Los firmantes del Pacto de San Sebastián fueron encarcelados.
En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, las candidaturas republicanas vencieron en todas las principales ciudades españolas. Los datos oficiales señalaron 29.953 concejales monárquicos frente a 8.855 republicanos pero en aquella época los votos de las ciudades eran los que decidían y éstas habían votado mayoritariamente por la República.

La proclamación de la República fue acogida con euforia, representaba la esperanza de una nueva España moderna y más justa. Alfonso XIII salió de España rumbo a un exilio voluntario.
Su primer jefe de gobierno fue Alcalá Zamora.
En el nuevo gabinete podían identificarse miembros de reconocido corte anticlerical o que ejercían profesiones liberales, representantes de la Institución Libre de Enseñanza: Miguel Maura (Gobernación), Fernando de los Ríos (Justicia), Casares Quiroga (Marina), Alvaro de Albornoz (Fomento), Marcelino Domingo (Educación) y Manuel Azaña (Guerra).

Nada más formarse este nuevo gobierno la República tuvo su primera dificultad: desde el balcón de la Generalitat, Francesc Macià, proclamó la Republica Catalana.
Varios ministros viajaron a Barcelona para persuadirle de que abandonara su idea y que aceptase la vía estatutaria.
El 11 de mayo de 1931, el anticlericalismo se convirtió en violencia callejera. Después de un enfrentamiento entre monárquicos y republicanos el día anterior, los partidarios de la República prendieron fuego a seis iglesias en Madrid.
La policía republicana no hizo nada para impedir la quema de los conventos. Manuel Azaña, futuro presidente de la República, dijo ese día: “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”.
Los republicanos promulgaron una Ley de Defensa de la República.
El proceso de reformas quedó paralizado. La izquierda, alarmada, defendía que detrás de Gil Robles se escondía la amenaza del fascismo.
En 1934 el fascismo se extendía por Europa, las dictaduras reemplazaban a las democracias parlamentarias. Los socialistas españoles temían que lo mismo ocurriera en España si la CEDA ocupaba el poder. Para calmarles se formó un gobierno de centro dirigido por el jefe del Partido Radical, Alejandro Lerroux.
Gil Robles y la CEDA lo apoyaron, aunque no entraron a formar parte del mismo, a pesar de que era el partido más votado.

Esperaba la ocasión más propicia para hacerse con el poder. Mientras tanto, la sustitución de las escuelas religiosas por las laicas se pospuso, la Reforma Agraria se abandonó en gran medida, y se produjo una amplia amnistía política hacia los conspiradores de 1932.
La situación fue tornándose cada vez más confusa. Ante las vacilaciones del presidente de la República en promulgar la ley que perdonaba a Sanjurjo y los conspiradores de 1932, Lerroux dimitió en mayo de 1934 siendo sustituido por otro radical, Ricardo Samper, que contaba con muchos menos apoyos en las Cortes.
Ante la debilidad del gobierno, el 4 de octubre Gil Robles retiró el apoyo de la CEDA a Samper que dimitió. Alcalá Zamora no hizo otra cosa que volver a encomendar su formación a Lerroux, pero ahora Gil Robles exigió que tres de sus partidarios de la CEDA entraran como ministros. Este hecho fue suficiente para que los socialistas, que seguían creyendo que Gil Robles era “otro Mussolini”, se levantaran contra el poder constitucional.

En Madrid la UGT declaró la huelga general, en Barcelona, el presidente de la Generalitat Lluís Companys, juzgando erróneamente la situación, proclamó el “Estado Catalán”.
La rebelión fue aplastada. El movimiento revolucionario fracasó en todo el país con una excepción: Asturias.
Las guarniciones en Asturias se vieron impotentes para frenar una ofensiva revolucionaria que produjo violentos combates. Todas las ciudades y pueblos de la cuenca minera quedaron sometidos a un comité revolucionario.
El gobierno tuvo que llamar a las tropas coloniales y la Legión. Los generales Manuel Goded y Francisco Franco coordinaron la ofensiva desde Madrid. Apoyados por la aviación liberaron Oviedo, Gijón cayó el 10 de octubre y en 15 días la rebelión quedó sofocada.

Casi 2.000 personas murieron en la revolución asturiana, algunas ejecutadas sin previo juicio, miles de republicanos y socialistas en toda España fueron encarcelados. La rebelión había fracasado principalmente por su falta de cohesión, pero la izquierda había aprendido una valiosa lección. Durante los dos años siguientes el deseo de amnistía para sus compañeros encarcelados contribuyó a forjar la alianza de la izquierda.

Antes el gobierno debía quedar desprestigiado. El castigo a los rebeldes de 1934 suscitó las primeras divisiones en el seno del gobierno de centro-derecha. Gil Robles y la CEDA eran partidarios de la aplicación de varias penas de muerte.
Alcalá Zamora les recordó las medidas de gracia impuestas a los conspiradores de 1932 y no las ejecutó. Los ministros de la CEDA retiraron el apoyo al gobierno radical de Lerroux.
En marzo de 1935 se vió obligado a incluir cinco nuevos ministros de la CEDA, con Gil Robles al frente del Ministerio de la Guerra.
En octubre de 1935 el gabinete se hundió debido al escándalo del “estraperlo” en el que Lerroux quedó bastante mal parado.
El Partido Radical se desmoronó y el 4 de enero de 1936 el presidente de la República tuvo que disolver por segunda vez las Cortes. Las nuevas elecciones quedaron fijadas para el 16 de febrero.

Mensaje de despedida a los voluntarios de las Brigadas Internacionales.



Barcelona, 15 de Noviembre de 1938
Mensaje de despedida a los voluntarios de las Brigadas Internacionales 
por Dolores Ibárruri (La Pasionaria)
Es muy difícil pronunciar unas palabras de despedida dirigidas a los héroes de las Brigadas
Internacionales, por lo que son y por lo que representan.
Un sentimiento de angustia, de dolor infinito, sube a nuestras gargantas atenazándolas... Angustia por los que se van, soldados del más alto ideal de redención humana, desterrados de su patria, perseguidos por la tiranía de todos los pueblos...
Dolor por los que se quedan aquí para siempre, fundiéndose con nuestra tierra y viviendo en lo más hondo de nuestro corazón, aureolados por el sentimiento de nuestra eterna gratitud. 
De todos los pueblos y de todas las razas, vinisteis a nosotros como hermanos nuestros, como hijos de la España inmortal, y en los días más duros de nuestra guerra, cuando la capital de la República Española se hallaba amenazada, fuisteis vosotros, bravos camaradas de las Brigadas Internacionales, quienes contribuisteis a salvarla con vuestro entusiasmo combativo y vuestro heroísmo y espíritu de sacrificio.
Y Jarama, y Guadalajara, y Brunete, y Belchite, y Levante, y el Ebro, cantan con estrofas inmortales el valor, la abnegación, la bravura, la disciplina de los hombres de las Brigadas Internacionales. 
Por primera vez en la historia de las luchas de los pueblos se ha dado el espectáculo, asombroso por su grandeza, de la formación de las Brigadas Internacionales, para ayudar a salvar la libertad y la independencia de un país amenazado, de nuestra España. 
Comunistas, socialistas, anarquistas, republicanos, hombres de distinto color, de ideología diferente, de religiones antagónicas, pero amando todos ellos profundamente la libertad y la justicia, vinieron a ofrecerse a nosotros, incondicionalmente. 
Nos lo daban todo, su juventud o su madurez; su ciencia o su experiencia; su sangre y su vida; sus esperanzas y sus anhelos...Y nada nos pedían. Es decir, sí: querían un puesto en la lucha, anhelaban el honor de morir por nosotros. 
!Banderas de España!...!Saludad a tantos héroes, inclinaos ante tantos mártires!... 
!Madres!...!Mujeres!...
Cuando los años pasen y las heridas de la guerra se vayan restañando; cuando el recuerdo de los días dolorosos y sangrientos se esfumen en un presente de libertad, de paz y de bienestar; cuando los rencores se vayan atenuando y el orgullo de la patria libre sea igualmente sentido por todos los españoles, hablad a vuestros hijos; habladles de estos hombres de las Brigadas Internacionales. 
Contadles cómo, atravesando mares y montañas, salvando fronteras erizadas de bayonetas, vigilados por perros rabiosos que ansiaban clavar en ellos sus dientes, llegaron a nuestra patria como cruzados de la libertad, a luchar y a morir por la libertad y la independencia de España, amenazadas por el fascismo alemán e italiano. Lo abandonaron todo: cariño, patria, hogar, fortuna, madre, mujer, hermanos, hijos y vinieron a nosotros a decirnos: !Aquí estamos!, vuestra causa, la causa de España, es nuestra misma causa, es la causa común de toda la humanidad avanzada y pro-gresiva. 
Hoy se van muchos; millares se quedan, teniendo como sudario la tierra de España, el recuerdo saturado de honda emoción de todos los españoles. 
!Camaradas de las Brigadas Internacionales! Razones políticas, razones de estado, la salud de esa misma causa por la cual vosotros ofrecisteis vuestra sangre con generosidad sin límites, os hacen volver a vuestra patria a unos, a la forzada emigración a otros. Podéis marchar orgullosos. Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia, frente al espíritu vil y acomodaticio de los que interpretan los principios democráticos mirando hacia las cajas de caudales, o hacia las acciones industriales, que quieren salvar de todo riesgo. 
No os olvidaremos; y cuando el olivo de la paz florezca, entrelazado con los laureles de la victoria de la República Española, ! volved !... 
Volved a nuestro lado, que aquí encontraréis patria los que no tenéis patria, amigos los que tenéis que vivir priva-dos de amistad, y todos, todos, el cariño y el agradecimiento de todo el pueblo español, que hoy y mañana gritará con entusiasmo: 
!Vivan los héroes de las Brigadas Internacionales