domingo, 28 de abril de 2013

Se declara la Independencia de Cataluña (1934)



Barcelona despertó el 6 de octubre de 1934 bajo un profundo silencio.
Se repartía por sus calles una proclama con este título: «La República Catalana», que decía así:
«Pueblo catalán: en estos momentos propicios, en estos instantes de exaltación, una vacilación constituiría un acto de cobardía que, cualquiera que fuese el autor, Cataluña no perdonaría nunca.
El pueblo está a punto.
Las formaciones están movilizadas para lanzarse a la lucha tan pronto como suene la orden de acción.
¡Fuego al que pretenda cerrar el paso!
¡Nacionalistas!; si ahora no proclamamos la independencia de Cataluña, es porque no queremos.
Que escuchen nuestras autoridades este llamamiento que sale del fondo del alma: obreros, intelectuales, idealistas en los que palpita un anhelo de libertad. ¡A las armas por la República Catalana!»

La Alianza Obrera, amalgama de escamots (en catellano: pelotones). Creados por Miguel Badía, germen miliciano de un ejército revolucionario y secesionista), socialistas catalanistas, elementos del Centro Autonomista de Dependientes del Comercio y de la Industria y comunistas-trostkystas del grupo de Andrés Nin, empiezan a ser los conductores de la agitación.
Se incautan del Fomento del Trabajo Nacional en la Puerta del Ángel instalando allí su Cuartel General.
Redactan una proclama que fijan en los sitios céntricos de la ciudad.
En ella se dice:
«El movimiento insurreccional del proletariado español contra el golpe de Estado cedista ha adquirido una extensión y una intensidad extraordinaria. Jamás se ha conocido en España alzamiento de tanta magnitud… Las noticias recibidas de todo el país no pueden ser más optimistas y alentadoras. Es necesario en estas horas críticas una acción decidida y enérgica. En este sentido la proclamación de la república catalana tendrá sin duda una influencia enorme, provocará el entusiasmo de las masas trabajadoras de todo el país e impulsará vigorosamente su espíritu combativo. Pero no se puede perder el tiempo. Es hoy cuando hay que proclamar la república catalana. Mañana podría ser tarde. Conviene que las masas populares lo tengan presente y cumplan con su deber. ¡Viva la huelga general revolucionaria! ¡Viva la República catalana!»

A las nueve de la mañana del día 6 de octubre, el Presidente Companys se dirigió a Gobernación para mostrar al consejero de Gobernación José Dencás Puigdollers dos manifiestos y a la vez solicitarle su parecer.
Uno de los documentos lo había redactado Juan Lluhí Vallescà y estaba concebido en términos de ferviente republicanismo.
El otro lo había escrito el propio Luis Companys, logrando ligar los conceptos de república y de nacionalismo para proclamar el Estado catalán dentro de la República Federal Española.
Dencás se inclinó por el del Presidente, si bien no interpretaba su manera de pensar, ya que él era partidario de una declaración de independencia total de Cataluña.
Acto seguido José Dencás preguntó al Presidente si creía oportuno que diese orden de movilización y de reparto de armas, siendo la respuesta de Companys afirmativa.
José Dencás ordenó a Miguel Badía Capell (autonombrado general en cap de las Fuerzas de Orden Público) el inmediato reparto de armas a los escamots y el llamamiento a los rabassaires (del catalán ‘rabassa’, el viñedo que era explotado por el aparcero que había plantado la viña) de los pueblos cercanos para que acudieran a Barcelona.
En la Ciudad Condal había cuatro depósitos de armas:
*.-  uno en la Consejería de Justicia y Derecho,
*.- otro en la de Gobernación;
*.- otro en un centro de Las Corts
*.- y el cuarto en la Avenida de San Andrés.
Estas armas, fueron entregadas a los cuatro mil hombres distribuidos por los alrededores de Barcelona.
En algunas calles comenzaron la distribución de fusiles y pistolas transportadas en camiones. Según un informe del general Domingo Batet, «se repartieron públicamente armas cortas y largas y comenzaron a circular grupos armados»
José Dencás ordenó al comandante Enrique Pérez Farrás que concentrara 400 Mozos de Escuadra en el Palacio de la Generalidad.
La distribución de los mandos era la siguiente:
*.- Miguel Badía, con 3.400 paisanos armados;
*.- Coll y Llach, comisario general, con 3.200 guardias de Asalto, a la vez que enviaba emisarios por toda Cataluña con instrucciones detalladas y órdenes de movilización.

Alocución de José Dencás.
Hacia el mediodía, José Dencás pronunció las siguientes palabras:
 «Pueblo de Cataluña: El Gobierno de la Generalidad no abriga duda de que estáis todos a su lado y que contribuiréis con vuestro heroísmo a mantener el orden.
Pero como tenemos noticias que elementos extremistas intentan perturbarlo, hemos tomado las disposiciones del caso y os avisamos que esta tarde será tomada militarmente la ciudad por el Somatén Republicano de Cataluña.
Los extremistas han iniciado una agresión contra la fuerza pública y han cometido algunas arbitrariedades que es necesario evitar, por lo que os pido ayuda a todos en estos momentos de grave responsabilidad.»

Preparativos de la proclamación.
Por la tarde, a partir de la cinco, fueron llegando a la Generalidad comisiones y representaciones, algunas de las cuales pasaban en compañía de diputados al antedespacho de la Presidencia, donde al parecer se celebraba una reunión.
A las seis y media de la tarde, los consejeros abandonaron el Consejo que había venido celebrándose y se dirigieron rápidamente a sus Departamentos respectivos.
En la reunión acababa de tomarse el acuerdo de proclamar el Estado catalán y ofrecer refugio al Gobierno provisional de la República federal española en el territorio catalán, hasta que las circunstancias le permitieran instalarse en la capitalidad del Estado.
Momentos más tarde, el Presidente Companys ordenó a los Mozos de Escuadra que despejaran todas las dependencias del palacio y que en éste no permanecieran más que aquellos que hubieran de cumplir una misión determinada.
El comandante militar de Barcelona, general Domingo Batet Mestres, se encontraba en la «Casa dels Canonges», para conferenciar con el Presidente Luis Companys.
La entrevista fue breve y en ella el general manifestó al Presidente que las órdenes que había recibido del Gobierno le habían de obligar, en caso de un posible alzamiento, a proceder con toda la energía del fuero militar, y que como medida previa había ordenado el desarme de determinada unidad y que fueran subidas al castillo de Montjuich piezas de artillería pesada.
 En la Plaza de la República.
A las 6:30 de la tarde comenzaron a afluir a la Plaza de Cataluña grupos de escamots y de afiliados a los partidos nacionalistas.
Cuando los congregados sumaban varios millares, se organizó la manifestación precedida por dos pancartas en las que se podía leer: «Alianza Obrera», «Exigimos la independencia catalana».
La muchedumbre, entonando Els Segadors, Santa Espina, La Marsellesa, El Virolai y el Cant de la Senyera, penetró en la Plaza de la República.
Poco después de las siete y media regresó a la Generalidad el consejero de Gobernación, señor Dencás, acompañado de los directivos de las agrupaciones de «Estat Català».
La masa humana apiñada en la Plaza de la República y calles adyacentes, llegó al frenesí al aparecer el Presidente Companys en el balcón del histórico salón de San Jorge, siendo saludado con entusiastas aplausos y vivas a la libertad de Cataluña. El público, que se mostraba excitadísimo –y buena parte del cual esgrimía armas– no cesó en sus aclamaciones hasta que el Presidente hizo ademán de que iba a dirigir la palabra.

Discurso de Companys.
El Presidente dio entonces lectura a la siguiente alocución que le había sido facilitada momentos antes por uno de los que formaban el grupo:
«Catalanes: Las fuerzas monarquizantes y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar la República, han logrado su objetivo y han asaltado el Poder.
Los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña, constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones.
Los hechos que se han producido dan a todos los ciudadanos la clara sensación de que la República, en sus fundamentales postulados democráticos, se encuentra en gravísimo peligro.
Todas las fuerzas auténticamente republicanas de España y los sectores socialistas avanzados, sin distinción ni excepción, se han alzado en armas contra la audaz tentativa fascista.
La Cataluña liberal, democrática, republicana, no puede estar ausente de la protesta que triunfa por todo el país, ni puede silenciar su voz de solidaridad con sus hermanos que en tierra hispana luchan hasta morir por la libertad y el derecho. Cataluña enarbola su bandera, llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia debida al Gobierno de la Generalidad, que desde este momento rompe toda relación con las instituciones falseadas.
En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán en la República Federal Española, y al establecer y fortificar la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el Gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica.
El Gobierno de Cataluña estará en todo momento en contacto con el pueblo. Aspiramos a establecer en Cataluña el reducto indestructible de las esencias de la República. Invito a todos los catalanes a la obediencia al Gobierno y a que nadie desacate sus órdenes, con el entusiasmo y la disciplina del pueblo.
Nos sentimos fuertes e invencibles. Mantendremos a raya a quien sea, pero es preciso que cada uno se contenga sujetándose a la disciplina y a la consigna de los dirigentes. El Gobierno, desde este momento, obrará con energía inexorable para que nadie trate de perturbar ni pueda comprometer los patrióticos objetivos de su actitud.
Catalanes!: La hora es grave y gloriosa. El espíritu del presidente Macià, restaurador de la Generalidad, nos acompaña. ¡Cada uno a su lugar y Cataluña y la República, en el corazón de todos!
¡Viva la República! ¡Viva la libertad!»  

Discurso de Ventura Gassol.
A continuación, Ventura Gassol pronunció el siguiente discurso:

Catalanes: Ya habéis oído al Honorable presidente de la Generalidad, Luis Companys.
Sus palabras tienen el eco histórico que nos recuerda que él es el digno sucesor del inmortal Francisco Macià y fiel continuador de su historia de gestas gloriosas y de sacrificios ejemplares al servicio de Cataluña, de la República y de la libertad.
Yo ahora, en nombre del Gobierno, os pido que marchéis por todo Barcelona y por Cataluña a llevar la nueva histórica de la proclamación del Estado Catalán en la República Federal de España.
Ayudad a las fuerzas del Gobierno de Cataluña a imponer el orden, que hoy más que nunca es indispensable. Defendiendo con palabras y con actos, si es que hay necesidad, contra cualquier agresión, cueste lo que cueste y venga de donde venga.
Este movimiento en defensa de la República del 14 de abril triunfa en todas las tierras de España.
Nuestra Cataluña es inmortal.
Nuestra Cataluña es invencible, pero conviene que todos estéis alerta para seguir a cada momento la voz y las órdenes del Gobierno de Cataluña.
¡Viva Cataluña! ¡Viva la República Federal!»

A continuación fue izada la bandera catalana con grandes aplausos, pero con las protestas de un grupo que era portador de una bandera de «Estat Català» (la cuatribarrada con la estrella) y pretendía que fuera aquélla la que ondeara, hasta que desde el balcón se les exhortó a mostrar disciplina a las órdenes del Presidente.
Al abandonar Companys el balcón le esperaban las felicitaciones y plácemes de los consejeros, diputados y correligionarios. Cuando recibió los parabienes del diputado Soler i Plà, el Presidente de la Generalidad dijo en voz alta:


–«Ja està fet! Ja veurem com acabarà. A veure si ara també direu que no soc catalanista!»  (–Ya está hecho! Ya veremos como acabará. A ver si ahora también diréis que no soy catalanista!)   
A poco, fue despejándose la plaza, quedando algunos grupos que disolvían los Mozos de Escuadra.

El Consejo de la Generalidad notifica la proclamación al mando militar de Cataluña.
Después del acto de la Plaza de la República, el presidente Companys, llamó telefónicamente al general Batet manifestándole que en aquel momento acababa de proclamar el Estado Catalán.
El comandante militar le replicó:
«Como catalán, como español y como hombre de humanidad, siento mucho lo ocurrido, pues es un mazazo que me da en la cabeza. Asunto de tanta gravedad no puedo resolverlo en un momento, y si usted ha tenido muchos días para meditarlo, justo es que yo necesite siquiera el plazo de uno, antes de resolver.»

Además le notificó que no podía darse por enterado a través de una llamada telefónica y que esperaba que el Consejo se lo comunicara en regla.
En vista de ello, el Presidente ordenó fuera redactada la correspondiente comunicación, dando cuenta al general del acuerdo tomado por el Gobierno y refrendado por el Parlamento y por el pueblo que había asistido a la proclamación.
 «Excmo. Señor: Como Presidente del Gobierno de Cataluña, requiero a V.E., para que con la fuerza que manda, se ponga a mis órdenes para servir a la República Federal que acabo de proclamar. Palacio de la Generalidad, 6 de octubre de 1934.– Luis Companys. Sr. Domingo Batet, General de Cataluña.»

Fue encargado de hacer llegar dicha comunicación a manos del general Batet el diputado y Director de Trabajo, Juan Tauler.
Al recogerlo el general Batet exclamó: «Ya sé de qué se trata.»
El mensajero interrogó:
¿Tiene respuesta?
«De momento, no, replicó Batet. En todo caso, después.»

Al regresar Tauler a la Generalidad los consejeros tuvieron un breve cambio de impresiones, después se reunieron a cenar en dos improvisados comedores: uno en el antedespacho del Presidente, para el Gobierno, y otro en la Secretaría, para los invitados.
Companys, con los consejeros Juan Lluhí Vallescà y Ventura Gassol Rovira, cenó en las habitaciones de la residencia presidencial, que se comunicaba por una galería con la Generalidad
Cuando era servido el primer plato llegó hasta los reunidos el fragor de las primeras descargas con que se iniciaba el levantamiento.

El Bando declarando el estado de guerra.

Don Domingo Batet Mestres, general de División y del Ejército y jefe de la Cuarta División Orgánica.
Hago saber:
Que de conformidad con lo prevenido en decreto de esta fecha recibido a las veinte horas, queda declarado el estado de guerra en todo el territorio de la región catalana, y asumo, por tanto, el mando de la misma, estando dispuesto a mantener el orden público a todo trance, empleando al efecto cuantas medidas de rigor sean necesarias, esperando de la sensatez y cordura de los ciudadanos que no llegue a precisar su empleo, y que por parte de todos con su civismo y amor a la República, contribuirán al restablecimiento de la paz perturbada.
De acuerdo con los preceptos de la Constitución, Ley de Orden Público, Código de Justicia Militar y Orden de 6 de enero de 1934, después de requerir a los rebeldes y revoltosos a deponer su actitud para quedar exentos de pena, los que no sean jefes, si lo hacen en el término de dos horas a partir de la publicación de este bando, y a cumplir todo lo que en él y en las prevenciones anexas se dispone:

Ordeno y mando:
1º. Los reos del delito de rebelión militar serán juzgados en juicio sumarísimo si a ello hubiere lugar, y castigados con la pena de muerte o con la de reclusión perpetua a muerte, según los casos, y los establecidos en el Código de Justicia Militar.
2º. Serán considerados reos de tal delito, según la Ley, entre otros, los que al alzarse en armas contra el Gobierno legítimo hostilicen a las fuerzas del Ejército, Cuerpo de Seguridad y fuerzas de Asalto, estos dos últimos cuando vistan sus uniformes reglamentarios; los que ataquen a los cuarteles, polvorines o dependencias militares, los que atenten contra las vías o redes de comunicaciones, metros o servicios públicos, incluso los a cargo de empresas particulares, Bancos, fábricas y establecimientos y edificios de todas clases que estén custodiados por fuerzas del Ejército u otras de las unidades armadas citadas anteriormente.
3º. La mera tenencia de armas, artefactos explosivos, incendiarios, de gases (asfixiantes o lacrimógenos) que hagan presumir propósitos de ataque, destrucción o resistencia, si no tuviese calificación más grave, se considerará, según el caso, como tentativa o auxilio a la rebelión.
4º. Incurrirán en análoga calificación los que abandonen su ocupación o trabajo habitual, o los que por haberlo abandonado no se reintegren al mismo y faciliten de este modo los planes de los rebeldes; y en todos los casos, los que atenten contra la libertad individual y de trabajo.
5º. Serán culpables de seducir, provocar o excitar a los rebeldes los que en cualquier forma inciten a la revuelta, desobediencia, resistencia, desacato o menosprecio a las autoridades y sus agentes, cualquiera que sea el medio empleado, incluso la imprenta, el grabado o dibujo.
6º. La agresión, insulto o amenazas a todo militar que vista su uniforme reglamentario, se considerará insulto a la fuerza armada.
7º. Igualmente serán juzgados por la jurisdicción de Guerra los delitos de robo en cuadrilla, secuestro de personas, incendio y cuantos afecten de un modo evidente y directo al orden público, con relación, conspiración, provocación, inducción, excitación, sedición y auxilio a la rebelión citada.
8º. Se recuerda a los reclutas en Caja, a los que se encuentren en primera o segunda situación activa, y a los de la reserva, que por los delitos comprendidos en el Código de Justicia Militar o en este bando, serán reputados como militares y sometidos al fuero de Guerra en toda su integridad.
9º. Por último, se advierte que las autoridades y los agentes autorizados para ello, se consideran como centinela, salvaguardia o fuerza armada, con arreglo al Código de Justicia Militar, y que las órdenes recibidas para hacerse obedecer son severísimas, por lo que deben ser acatadas por todos los ciudadanos, sin distinción de clase ni de categoría alguna por elevada que ésta sea.
Artículo adicional. A los efectos de términos legales, se hace la publicación de este bando a las veinte horas de hoy, día de la fecha.
Como catalán, como español y como hombre que sólo mira y aspira al bien de la humanidad, lamento este momento y espero de la cordura de todos que no se dará lugar al derramamiento de sangre.
Barcelona, 6 de octubre de 1934.
Domingo Batet

Prevenciones anexas al Bando.
1º. Se invita a cuantos rebeldes tengan armas, artefactos explosivos, incendiarios o de gases, a la entrega inmediata de los mismos, o indicar dónde se encuentran, para proceder a su destrucción.
2º. Queda prohibido en absoluto, con la pena de sanciones que expresa el bando, utilizar aviones para efectuar vuelos locales o a distancia, salvo las empresas y líneas regulares autorizadas.
Excepto a los equipos de relevo, que acreditarán su identidad, queda terminante y absolutamente prohibido aproximarse desde las seis de la tarde a las siete de la mañana a las líneas férreas, de energía eléctrica, conducciones de agua, gas, cuarteles, polvorines y dependencias militares, Bancos y establecimientos fabriles e industriales y edificios públicos y serán repelidos por la fuerza sin previa intimación los actos de violencia realizados contra los mismos.
3º. Se declaran incautados y a mi disposición los automóviles de carga, viajeros y particulares, motocicletas, bicicletas, aviones particulares y vehículos de todas clases, tanto en el interior de las poblaciones, como fuera del casco de las mismas, y en las carreteras, caminos, pistas y veredas, en tanto los conductores no se provean de una licencia especial para cada caso y viaje, que será solicitado de la autoridad militar o de los jefes de puesto de la Guardia Civil más próximo de las localidades donde no exista Comandancia Militar, quienes las concederán previas las garantías que se consideren oportunas.
4º. Toda persona que presencia cualquier agresión o acto de violencia, queda obligada a concurrir inmediatamente a la Comisaría, Cuartel, Juzgado, Tribunal o lugar oficial más próximo para aportar su testimonio, y si no lo hiciere, incurrirá en desobediencia grave.
5º. Las fuerzas del servicio de Orden Público, dependientes de la Generalidad (Guardia Civil, Mozos de Escuadra, Cuerpo de Seguridad y Asalto, Somatenes, guardias armados del Municipio) pasarán a depender únicamente de mi autoridad, sin que obedezcan otras órdenes que aquellas que de mí emanen, y serán reputadas fuerzas o auxiliares del Ejército, a los efectos de quedar sometidos a los preceptos del Código de Justicia Militar, por lo que se refiere a disciplina y subordinación, estando dispuesto a castigar con la máxima energía cualquier infracción que cometan.
Todos los individuos pertenecientes a Somatenes presentarán en esta División los carnés correspondientes para su revisión, entregando las armas ínterin al Parque del Ejército; de no efectuarlo en un plazo de cinco horas, contadas a partir de las ocho horas del día de mañana, se les considerará como sediciosos o rebeldes.
6º. No podrá celebrarse ninguna reunión, mitin, conferencia o manifestación pública, ni aun las juntas generales ordinarias o extraordinarias de Asociaciones o Sindicatos, sin autorización, que será solicitada por escrito, con expresión del objeto de la misma, por lo menos tres días antes de que hayan de tener lugar; autorizado que sea cualquiera de dichos actos, asistirá a los mismos, cuando lo consideren conveniente, un delegado civil o militar, según se acuerde en cada caso, el cual podrá suspenderlo tan pronto como por los que tomen parte o asistan a ellos se pronuncien discursos o se profieran frases atentatorias al régimen, al Jefe del Estado o a las autoridades, o exciten a cometer cualquier acto contrario a los mismos o al orden público o hagan la apología de la violencia o la apelación a conseguir por la fuerza cualquier ideal o propósito.
En tales casos serán, además, detenidos en el acto el orador o personas que profieran las frases o conceptos delictivos, y el presidente, y serán puestos a disposición de los Tribunales competentes.

La reunión del Pleno municipal. El acta auténtica de la sesión.
Minutos antes de las diez de la noche comenzaron a llegar al Ayuntamiento los concejales convocados. Todos ellos pasaron seguidamente al pequeño salón del Consistorio, donde debía reunirse el Pleno. Este, que duró veinte minutos escasos, comenzó poco después.
Como en realidad se trató de una sesión verdaderamente histórica, reproducimos textualmente el acta levantada.
Decía así:
«En la ciudad de Barcelona, siendo las 10:20 de la noche del día 6 del mes de octubre de 1934, bajo la presidencia del señor Escofet y con asistencia de los señores Mori, Rosell, Granier, Barrera, Pumarola, Cordomí, Junyent, Cortés, Hurtado, Gispert, Bernades, Altaba, Codó, Salvadó, Pla, Pi y Suñer, Ventós, Durán y Reynals, Vilalta, Martínez Cuenca, Durán y Ventosa, Sagarra, Roda Ventura, Vendrell, Bausili, Codolá, Saltor, Calderó, Carbonell y Oliva, consejeros, se reunió en sesión extraordinaria el Ayuntamiento de Barcelona, actuando de secretario el titular del mismo, don José María   Pi y Suñer.»

El presidente manifestó que se leería una proposición presentada por distintos consejeros, dando cuenta el secretario de la misma.
La proposición dice así:
«Al Ayuntamiento Pleno.– Los consejeros municipales que suscriben, ante la proclamación del Estado Catalán de la República Federal Española, fieles a los ideales que han servido lealmente toda la vida, proponen al Pleno consistorial que acuerde su firme y decidida adhesión al Presidente y al Gobierno de Cataluña.– Barcelona, 6 de octubre de 1934.
Lo firman el alcalde, señor Pi y Suñer; los consejeros-regidores y algunos concejales de la mayoría consistorial.»

Se levantó a defenderla el señor Pi y Suñer, glosando sus conceptos y pidiendo al Pleno que la aprobase.
Durán y Ventosa se opusieron, en nombre de la minoría de Lliga Catalana, extendiéndose en consideraciones para demostrar la improcedencia de dicha proposición.
Rectificaron ambos, sosteniendo sus respectivos puntos de vista.
El señor Estanislao Durán Reynals y Ventosa pidió votación nominal, que dio el siguiente resultado:
Votaron que sí: Mori, Rosell, Granier Barrera, Pumarola, Cordomí, Junyent, Cortés, Hurtado, Gispert, Bernades, Altaba, Codó, Salvadó, Pla, Pi y Suñer, Ventós, Estanislao Durán Reynals, Vilalta, Martínez Cuenca, Carbonell y Oliva, y el presidente Escofet. Total: 22.
Dijeron que no: Durán y Ventosa, Sagarra, Federico Roda, Ventura Vendrell, Andrés Bausili Sanromá, Condolá, Saltor y Calderó. Total: 8.
Dado cuenta del resultado, el presidente declara aprobada la proposición y se levanta la sesión a la 1 de la madrugada.

Contexto:
Proclamada la República el 14 de abril de 1931, siguieron dos años y medio de gobiernos y mayorías parlamentarias de signo republicano y socialista.
El 19 de noviembre de 1933 se celebraron elecciones democráticas, invirtiéndose la situación.
El Centro-Derecha consiguió 375 escaños y la Izquierda, 98. El partido más votado fue la coalición derechista CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) liderada por José María Gil Robles, que obtuvo 115 escaños.
El PSOE quedó reducido a 60 escaños, a los que se sumaron 38 de sus afines, entre los que figuraba el PC con un solo diputado.
Las izquierdas no aceptaron los resultados, impidiendo con amenazas de violencia social, que participara en el Gobierno el partido más votado.
Tras diez meses de desórdenes, declararon el día 5 de octubre de 1934 la huelga general revolucionaria, teniendo sus episodios más destacados en Madrid, con un intento de asalto al Poder, en Barcelona, donde el gobierno autonómico proclamó la independencia de Cataluña, y en Asturias, que vivió una revolución marxista y anarquista de grandes proporciones.

El gobierno de la República respondió militarmente.
En Madrid, el intento fracasó.
En Barcelona quedó aplastado el movimiento tras ser cañoneado el palacio de la Generalidad.
En Asturias, mediante una campaña militar con participación de fuerzas procedentes de otras provincias y de Marruecos, la revolución quedó dominada el 15 de octubre de 1934
Muertos civiles: 1.051; heridos: 2.000; Muertos de las Fuerzas Armadas: 321; heridos: 870; desaparecidos: 7.

«Las nubes van cargadas camino de octubre: repetimos lo que dijimos hace unos meses: ¡Atención al disco rojo! El mes próximo puede ser nuestro Octubre. Nos aguardan jornadas duras. La responsabilidad del proletariado español y sus cabezas directoras es enorme. Tenemos nuestro ejército a la espera de ser movilizado. Y nuestros planes de socialización.» “El Socialista”. 27 de septiembre de 1934

«La rebelión socialista empezó a gestarse el mismo día que el partido socialista abandonó el poder. No disimuló su propósito ni su intento la dirección del Partido Socialista Obrero: se lanzó a la tarea de preparar un movimiento revolucionario.» Diego Martínez Barrio

«La revolución de octubre, lo he dicho y lo he escrito muchas veces, acabó con la República.» Claudio Sánchez Albornoz.

«Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936.» Salvador de Madariaga

«Me declaro culpable ante mi conciencia ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en el movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa, como pecado; no como gloria. Estoy exento de responsabilidad en la génesis de aquel movimiento; pero la tengo plena en su preparación y desarrollo.» Indalecio Prieto Tuero.

sábado, 27 de abril de 2013

Los inicios del movimiento obrero en España.






LOS INICIOS DEL MOVIMIENTO OBRERO EN ESPAÑA:
La industria del algodón y la primera siderurgia necesitó de miles de trabajadores agrícolas en paro. El éxodo rural (menor que en Inglaterra y en otros países europeos) se incrementó a partir de 1830 e hizo crecer los barrios periféricos de las ciudades (sin infraestructuras y servicios y unas viviendas improvisadas),focos de miseria y enfermedades infecciosas (tuberculosis y cólera).
Jornadas laborales de 12 a 14 horas, sin seguridad preventiva, con accidentes frecuentes y sin otro descanso que los domingos. La vida media de los obreros catalanes era de 19 años cuando era de 40 para la clase alta barcelonesa.
Trabajaban por igual hombres, mujeres y niños de hasta 6 y 7 años, con salarios muy bajos (aunque superiores a los del campo). El analfabetismo era generalizado, afectando al 69% de los hombres y al 92% de las mujeres. Una crisis hacía caer las ventas y los despidos se multiplicaban; el paro conllevaba hambre y enfermedad. Con frecuencia se generalizaba la percepción de que las oleadas de inmigrantes a las ciudades constituían un peligro social.

El  desarrollo de la industria supuso el desarrollo del MOVIMIENTO OBRERO EN ESPAÑA.
Desde 1832 el vapor se incorporó a las fábricas. El inicio de la mecanización produjo la eliminación de puestos de trabajo (origen de algunos movimientos luddistas: por ejemplo el incendio de la fábrica Bonaplata en Barcelona en 1835).
Ante el paro, surgieron entre los trabajadores las sociedades de ayuda mutua  y se difundieron  entre ellos las ideas de los socialismos utópicos.
Hasta 1854 la mayor parte de los obreros hicieron causa común con sus patronos en la defensa del proteccionismo (las crisis industriales y los bajos salarios los achacaban a la competencia inglesa) y sus reivindicaciones laborales se centraron exclusivamente en salarios, seguridad en el trabajo y la reducción de sus horarios laborales. No se planteaban la necesidad de un sindicato o de un partido político que atendiera específicamente a sus reivindicaciones
Es a partir de 1848 cuando comenzaron a vincularse las reivindicaciones obreras con las ideas democráticas y republicanas, apartándose así del liberalismo progresista. Las movilizaciones obreras así se desvincularon de las reivindicaciones de sus patronos.

En 1854 se generalizaron las protestas contra la introducción de las hiladoras y tejedoras mecánicas (selfactinas), se produjeron enfrentamientos de los trabajadores con el ejército y sufrieron la represión gubernamental.
El dirigente obrero José Barceló fue ejecutado, la reacción: una huelga general que paralizó Barcelona (julio 1855). Después de diez días de lucha en las calles, los dirigentes obreros llegaron a un acuerdo con el Gobierno: se mantendrían los sueldos y los convenios colectivos hasta que las Cortes aprobaran una nueva reglamentación laboral.
Dos líderes obreros expusieron en Madrid, ante el Congreso de los Diputados, sus quejas (avalados por un escrito respaldado por 33.000 firmas de todo el país). Pedían:
*.- el reconocimiento del derecho de asociación.
*.- la reducción de la jornada laboral a diez horas.
*.- el mantenimiento de los salarios.
*.- el derecho de negociación colectiva.
*.- y el establecimiento de tribunales paritarios para dirimir los conflictos.

El proyecto de Ley del Trabajo que aprobaron las Cortes solo estableció:
*.- la media jornada para los niños y un máximo de diez horas de trabajo para los menores de 18 años.
*.- limitaba las asociaciones de trabajadores al ámbito local siempre que no excedieran de 500 miembros.
*.- legitimaba los convenios colectivos sólo en las empresas de menos de 20 trabajadores.
*.- y establecía Jurados integrados solo por patronos para arbitrar los conflictos laborales.

Ante esta situación, se generalizó en Cataluña la necesidad de un triunfo republicano para que pudieran verse satisfechas las reivindicaciones de la clase trabajadora. En Andalucía los grupos republicanos y socialistas plantearon la República como única fórmula política válida para lograr la solución de los problemas agrarios de Andalucía.
Progresivamente el movimiento obrero fue politizándose: apoyando a los partidos demócrata y republicano (incorporando éstos partidos, en sus respectivos programas, algunas de las reivindicaciones obreras).

Durante los años de GOBIERNO DE LA UNIÓN LIBERAL se prohibieron las asociaciones obreras.
Las Academias obreras se ocuparon de la formación cultural y de la concienciación política de los trabajadores. En ellas, además, los trabajadores recibían clases de aritmética y de gramática y discutían los problemas de las fábricas y las ideas socialistas
A partir de 1863 volvieron las movilizaciones obreras, ya abiertamente politizadas.
Los dirigentes obreros, y los intelectuales próximos a las reivindicaciones obreras, participaron activamente en las sucesivas conspiraciones que demócratas y republicanos urdieron contra el régimen de Isabel II. La represión gubernamental se descargó principalmente sobre éstos y sobre la prensa obrera.
Decepcionados de los partidos, al ignorar éstos sus reivindicaciones, el movimiento obrero se orientó hacia el sindicalismo y la formación de partidos específicamente socialistas.

En la REVOLUCIÓN DE 1868 fue decisiva la participación de los trabajadores industriales, aunque ya distanciados sus líderes de los políticos demócratas y republicanos (a los que acusaban de buscar la conquista de la democracia política obviando la atención a las reivindicaciones de los trabajadores).
Algunos dirigentes del movimiento obrero, como Anselmo Lorenzo, ya estaban en contacto con los dirigentes de la I Internacional y al tanto de sus Congresos y decisiones tácticas.

I INTERNACIONAL.
En octubre de 1868 llegó a España Giuseppe Fanelli,  miembro de la AIT (enviado de Mijail Bakunin, con el objetivo de organizar la sección española de la Internacional sobre la base de las tesis anarquistas).
Fanelli estableció en España dos secciones: una en Madrid y otra en Barcelona.
A la vez, un representante de las Sociedades Obreras de Barcelona asistió en Basilea al Congreso de la Internacional, contactando allí con Bakunin.
Aparecieron nuevos diarios obreros y las huelgas y protestas se extendieron por todo el país.
Definitivamente los líderes obreros se desmarcaron del movimiento republicano por considerarlo burgués.
El contacto con Bakunin y el fracaso del alzamiento republicano de septiembre-octubre de 1869, orientó a un sector importante de las organizaciones obreras hacia el apoliticismo y la desconfianza sobre la política burguesa de los partidos (I Congreso Obrero Español, Barcelona, junio 1870).
El proletariado de Andalucía tuvo un proceso similar, reconociéndose en la corriente antipolítica y antiautoritaria de la Internacional.

 En junio de 1870 se celebró en Barcelona el I Congreso de la Sección española de la Internacional, en él se estableció un Consejo Federal en Madrid y la mayoría catalana impuso la orientación anarquista de no colaboración ni alianza con las fuerzas políticas burguesas.
En 1871, bajo el reinado de Amadeo de Saboya y cuando los trabajadores españoles preparaban su segundo Congreso, sobrevino la insurrección de la Comuna de París.
El impacto que esta revolución provocó el temor en las clases medias y en los dirigentes europeos y se iniciaron medidas represivas contra la A.I.T y quedaron prohibidas las reuniones y las huelgas, fueron detenidos varios líderes sindicales y el Consejo Federal tuvo que instalarse en Lisboa.
En tan difíciles condiciones se celebró la Conferencia de Valencia en la que un reducido número de delegados ratificó la línea anarquista.

ESCISIÓN EN EL MOVIMIENTO OBRERO: ANARQUISMO Y SOCIALISMO.
En diciembre de 1871 llegó a España el dirigente de la Internacional Paul Lafargue, partidario de Marx, entró en contacto con el núcleo madrileño y sus principales miembros (entre ellos Pablo Iglesias) aceptaron sus tesis.
En el Congreso de Zaragoza (abril de 1872) se impusieron de nuevo las tesis anarquistas defendidas por los delegados catalanes, aragoneses y valencianos.
En junio, los líderes marxistas madrileños fueron expulsados y éstos, un mes más tarde, fundaron la Nueva Federación Madrileña, que pronto se convirtió en la sección española del ala marxista de la A.I.T.
Meses después, la escisión en la Internacional se consumó en el Congreso de la Haya.
Al comenzar 1873 la Internacional española contaba con más de 25.000 afiliados, un tercio de los cuales pertenecían a las federaciones catalanas. Estaba claramente implantada entre los obreros textiles, los de la construcción y de las artes gráficas, con varios miles de afiliados. Las federaciones campesinas -salvo en Andalucía-, las de ferroviarios y de los mineros eran menos importantes. Entre sus dirigentes había una mezcla de procedencias (obrera e intelectuales de clase media, estos últimos de ideología más radical y próxima al anarquismo).
Con la I República se produjo una oleada de manifestaciones y huelgas.
La sublevación cantonal, un movimiento de los republicanos federales radicales, no contó con el respaldo de los dirigentes de la A.I.T, aunque muchos obreros internacionalistas participaron activamente en la insurrección. Por este motivo, considerando al movimiento obrero un carácter revolucionario, se incluyó a la A.I.T en la represión posterior.
El 10 de enero de 1874, se decretó la disolución de la Internacional, la mayoría de los dirigentes de la AIT y los de la Nueva Federación socialista madrileña, pasaron a la clandestinidad.
El Sexenio produjo la concienciación política y organizativa del movimiento obrero español y difundió el anarquismo y el marxismo en España: principalmente implantado en Cataluña, Aragón, Levante y Andalucía (anarquismo) y Madrid, Valencia y Sevilla (marxista).

EN EL INICIO DE LA RESTAURACIÓN el movimiento obrero, en la clandestinidad, estuvo definitivamente escindido en dos corrientes diferenciadas: socialista y anarquista.
Para Cánovas la I Internacional era "un terrible foco de inmoralidad” y “el más grave peligro para las sociedades humanas.
En la Restauración, Los Gobiernos, adoptando medidas proteccionistas, intervinieron en la regulación de las relaciones laborales y apoyaron alguno de los derechos reivindicados por los trabajadores.
A pesar de esto, fue constante hasta 1931 la relación entre capitalismo privado, oligarquía agraria y  liderazgo político
Durante la Restauración empezó a consolidarse en España el sindicalismo en dos direcciones diversas.
En 1872 (Congreso de Zaragoza) se escindió el movimiento obrero español en dos:
*.- Anarquistas (obrerismo catalán y aragonés)
*.- y socialistas (de filiación marxista e importante en el obrerismo castellano).
El Decreto de disolución de la I Internacional supuso para el movimiento obrero su paso a la clandestinidad. Resurgió  de nuevo aprovechando la Ley de Asociaciones de 1887.

ANARQUISMO:
*.- Su proceso organizativo fue lento, actuando abiertamente desde 1881.
*.- Con un nivel mínimo con la fundación de la Federación de Trabajadores de la Región Española.
*.- La implantación del anarquismo fue notable en Cataluña, Aragón, Valencia y Andalucía.
Sus divisiones internas y su escasa organización, junto a la represión policial, hizo que a finales de los años ochenta los obreros y campesinos anarquistas se inclinasen:
*.- Los más, por un activismo predominantemente sindical y reivindicativo
*.- Los menos, más radicales optaron por la acción “directa” (la huelga violenta o el atentado).
En la última década del siglo XIX y en la primera del siglo XX se produjo una oleada de atentados contra reyes, presidentes y jefes de gobierno de toda Europa. La respuesta contundente de las autoridades no hizo sino alimentar una dinámica de acción-represión.
Las tácticas de los más radicales sirvió para etiquetar de violento a todo el anarquismo. Convertido en el terror de las clases medias, agudizó los enfrentamientos de clase en las regiones en las que, como Cataluña o Andalucía, el movimiento libertario era más fuerte.

La Ley de Represión de 1896 significó un freno para el anarcosindicalismo (a pesar de ello en 1901 contaba con más de setenta mil afiliados y su acción estuvo centrada en Cataluña, Andalucía, La Coruña y Madrid).
El anarquismo evolucionó hacia su dispersión en pequeños grupos, perdiendo progresivamente su fuerza salvo en Andalucía (base agraria)  y en los núcleos urbanos, especialmente en Cataluña.
En 1907 Solidaridad Obrera representaba el sindicalismo apolítico y tenía una amplia implantación en los sectores obreros barceloneses y en algunos núcleos rurales.
En 1908 Solidaridad Obrera se transformó en la Confederación Regional del Trabajo y dos años más tarde (1910) adquirió ámbito nacional (Confederación Nación del Trabajo, CNT), constituyó la segunda central sindical española (con gran implantación en los obreros agrícolas andaluces e industriales catalanes).
Propuestas:
*.- El rechazo de cualquier autoridad impuesta (libertad individual total y abolición del Estado)
*.- La supresión propiedad privada y la implantación del colectivismo
*.- La Revolución violenta, las huelgas generales y, en algún caso, el terrorismo.
*.- El apoliticismo (no a las elecciones y los partidos)
*.- El Anticlericalismo (ni Religión ni Iglesia)
En 1911 celebró su primer Congreso en Barcelona y defendió como medios de acción, un sindicalismo revolucionario con la huelga general, la acción directa (boicot y sabotaje) y un radical antiparlamentarismo.
Su fuerza siguió radicada fundamentalmente en Cataluña, Andalucía y Aragón. Su menor implantación en Castilla y en el Norte peninsular tuvo como excepción, por su importancia y actividad, la CNT de Madrid del sector de la construcción (integrado en su mayor parte por obreros procedentes del sector agrario andaluz). Las disposiciones gubernamentales volvieron a colocarla en la clandestinidad.

MOVIMIENTO OBRERO MARXISTA:
Desde 1870 tuvo en Madrid su principal fuerza.
Después de la represión de 1874, los socialistas madrileños se reorganizaron en torno al núcleo de los tipógrafos (sector numeroso en la capital, donde se concentraba la prensa y el mundo editorial y el lugar mejor informado de los avatares políticos).
Fueron ellos quienes, junto a algunos intelectuales y otros artesanos, fundaron en una taberna de la calle Tetuán, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE, mayo de 1879).
Una comisión, encabezada por Pablo Iglesias y Jaime Vera, redactó el primer Programa (aprobado el 20 de julio) centrado en tres objetivos:
*.- la abolición de las clases y la emancipación de los trabajadores.
*.- la transformación de la propiedad privada en propiedad social o colectiva.
*.- y la conquista del poder político por la clase obrera.
El programa incluía, además, una larga lista de reivindicaciones políticas y laborales que pretendían la mejora de las condiciones de vida de los obreros.
A lo largo de los años ochenta el PSOE fue definiendo aún más su programa, de clara inspiración marxista. La creación en 1881 del Comité Central permitió completar su organización, al tiempo que ampliaba sus bases.
En 1888, cuando ya había agrupaciones socialistas en las principales ciudades del país, se fundó en Barcelona la Unión General de Trabajadores (UGT), un sindicato de inspiración socialista.
Después tuvo lugar en Barcelona el Primer Congreso del PSOE. Allí se constituyó ya como organización nacional y adoptó el sistema de Congresos periódicos para definir su línea ideológica y su táctica política. Pablo Iglesias fue su líder indiscutible.
A partir de 1888 se marcó la línea divisoria entre el Partido (con objetivos políticos) y el sindicato UGT (con una función reivindicativa e inmediata para la defensa de los trabajadores en una sociedad capitalista).
En 1890 se celebró por primera vez el 1º de Mayo, siguiendo la consigna de la II Internacional. Se produjeron manifestaciones numerosas, como la de Madrid, que convocó a unas 20.000 personas. En Bilbao se prolongó, ante los despidos de los líderes, en una huelga general que obligó al Capitán General a que forzara la negociación de los patronos con los dirigentes obreros.
Desde este año el PSOE comenzó a presentar candidatos a las elecciones, y en las municipales de 1891, por primera vez, fueron elegidos cuatro concejales socialistas en las grandes ciudades. Este éxito, que contrastó con su escasísima influencia en el campo, sirvió al Partido para presentarse como organización que aspiraba al poder.

El desarrollo del PSOE (bajo la influencia directa del socialismo francés y del Partido Socialista Obrero Alemán) y de la UGT fue más lento pero más sostenido.
La principal base militante del partido y del sindicato residió en las regiones industriales del País Vasco (en frecuentes confrontaciones con los sindicatos católicos). Desde Bilbao se difundió a Asturias, en enfrentamiento con el movimiento anarquista. Tales dificultades hicieron que los socialistas del norte se convirtieran en la vanguardia de la UGT. Intervino activamente en la política nacional y sus efectivos se vieron incrementados, sobre todo, con la implantación del sufragio universal en 1890. La época de su  mayor empuje se localizó tras la crisis de 1909 (llegando a contar la UGT en 1912 con 130.000 afiliados). Hasta 1910 Pablo Iglesias no consiguió ser elegido diputado. Sus relaciones con los anarquistas no fueron buenas.
Programa:
*.- Emancipación total de la clase trabajadora
*.- Paso de la propiedad individual a la propiedad social
*.- Posesión del poder político por la clase trabajadora
*.- Rechazo del terrorismo
*.- Oposición a la expansión colonial y pacifismo
*.- Revolución, pero mientras tanto, planteamientos más moderados:
*.- Participación pacífica en las elecciones para difundir las ideas marxistas.
*.- Se propugna la negociación de la UGT con los patrones.

SINDICALISMO CATÓLICO. Impulsado por la encíclica Rerum Novarum, de León XIII (1891) apareció un inoperante sindicalismo católico. El hecho de que el Consejo Nacional de Corporaciones Católicas Obreras (fundado en 1896) estuviera presidido por un político conservador, y vicepresidido por un duque y dos marqueses, expresaba suficientemente lo irreal de los planteamientos del obrerismo católico.