jueves, 30 de noviembre de 2017

El partido desciende desde hace meses en las encuestas, caída que achaca a su actuación ante el secesionismo catalán, aunque el desgaste comenzó antes

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El poder menguante de Iglesias y Podemos

El partido desciende desde hace meses en las encuestas, caída que achaca a su actuación ante el secesionismo catalán, aunque el desgaste comenzó antes

Irene Montero y Pablo Iglesias, de Unidos Podemos durante un Pleno del Congreso de los Diputados.
Irene Montero y Pablo Iglesias, de Unidos Podemos durante un Pleno del Congreso de los Diputados. ULY MARTÍN
Unidos Podemos sufre una crisis en su núcleo. La coalición nació como un conglomerado alrededor de una marca exitosa y de un líder carismático. Podemos y Pablo Iglesias eran el centro de gravedad de la coalición por su tremenda fuerza electoral: atraían votantes. Pero muchos datos indican ahora que ambos se han desgastado.
Hace meses que Unidos Podemos cae en los sondeos. En el promedio de encuestas ha perdido cinco puntos: lograron el 21% de los votos en 2016 y ahora rondan el 16%. Sus votantes han pasado del entusiasmo a la infidelidad. Solo el 63% asegura que repetiría su voto. Unidos Podemos es la formación con más votantes indecisos —un 21%— y lo que es peor, también la que sufre más fugas. El 5% de sus votantes ahora elegiría al PSOE y otro 4% votaría por Ciudadanos. Son datos del CIS en octubre y seguramente han empeorado.
Pero no todos en Unidos Podemos están sufriendo el mismo castigo. La peor parte se la llevan la formación de Iglesias y él mismo. Las confluencias en Cataluña, Valencia y Galicia apenas han perdido votos. Lo que se ha reducido es la contribución de Unidos Podemos en el resto de territorios. Tampoco han salido mal parada IU, porque mientras Podemos perdía simpatizantes, lo de Alberto Garzón los han ganado. Hace un año en Unidos Podemos había 2,5 simpatizantes de Podemos por cada uno de IU y ahora hay 1,5.
La otra mala noticia para Podemos la protagoniza su líder. Pablo Iglesias se ha convertido en el candidato peor valorado por sus votantes. Lo puntúan con un 5,75 de media. Es una cifra peor que la de Sánchez (6), Rajoy (6,5) y Rivera (6,7). Los sondeos de Metroscopia apuntan lo mismo: solo el 50% de los votantes de Iglesias aprueba su gestión. Es una cifra malísima. Mucho peor que la de Sánchez (71%), Rajoy (85%) o Rivera (90%). Otros líderes de Unidos Podemos tienen mejores datos. Garzón, por ejemplo, recibió un 6,5 de valoración. Estas cifras desplazan el centro de gravedad de Unidos Podemos y reducen el peso de su núcleo. El dato más elocuente son las cifras de simpatizantes. ¿Con qué partido simpatizan los votantes de Unidos Podemos? Un 9% simpatiza con las confluencias y hasta el 22% lo hace con IU. Solo el 33% simpatiza con Podemos. El resto lo hace con otros partidos (PSOE y Ciudadanos) o con ninguno. Son datos duros para la marca estatal de Podemos, que solo aporta la mitad de los simpatizantes. No podemos calcular la contribución en votos de cada socio, pero probablemente serán proporciones parecidas.
Esta situación cambiará el equilibrio dentro de Unidos Podemos. Las confluencias van a actuar con más autonomía. Si hay cuestiones donde sus intereses y los de Podemos no coinciden, tendrán menos miedo de levantar la voz e imponer su criterio. Lo vimos la semana pasada cuando Compromís se desmarcó del grupo para votar contra el Cupo vasco. También es probable que escuchemos cosas diferentes de Alberto Garzón, que desde el verano ha pedido más visibilidad y que en la crisis catalana ha tenido una posición más dura contra el independentismo. Es probable, por último, que la crisis de Podemos e Iglesias sirva para reactivar o mantener viva la contestación interna dentro del partido.
La esperanza de Podemos y su líder pasa por culpar a Cataluña. Es evidente que la cuestión catalana les ha dañado. No es casual que Iglesias reciba las mejores valoraciones en Cataluña, o que sea precisamente allí donde consigue batir a Garzón. Pero esas esperanzas no deberían exagerarse. Primero, porque los malos datos empezaron a llegar hace meses y pueden tener otras causas. Pero sobre todo por cómo funcionan los votantes. Las personas que se han alejado de Podemos durante la crisis catalana no volverán necesariamente cuando la crisis pase. El desgaste de estos meses puede permanecer. A esto los expertos lo llaman histéresis, pero el resto podemos llamarlo memoria.

«No tengáis miedo de aprender de vuestros errores»

El Papa a los jóvenes de Myanmar: «No tengáis miedo de aprender de vuestros errores»

Les aconseja «pasión por los derechos humanos y la justicia»

Enviado especial a MyanmarActualizado:
Al cabo de cuatro días emocionantes y agotadores, el Papa Francisco se ha despedido de Myanmar con una misa para los jóvenes, esperanza de reconciliación y apertura democrática del país. Dirigiéndose a ellos «como un abuelo, más que un padre» les ha dicho: «No tengáis miedo de aprender de vuestros errores».
Emocionados por haber sido elegidos para la despedida de este primer viaje de un Papa a su país, los jóvenes tomaban conciencia de su responsabilidad como Evangelios vivos cuando les decía que «vosotros sois una buena noticia», y les invitaba a gritarla, «pero no con vuestras voces sino con vuestra vida, con vuestros corazones».
Desde el altar de la catedral de Rangún, Francisco les exhortaba a llevar la Buena Noticia a «vuestros hermanas y hermanas que sufren, y que necesitan vuestras oraciones, vuestra solidaridad, pero también vuestra pasión por los derechos humanos y la justicia».
Mil quinientos muchachos y muchachas le acompañaban en el interior del templo y varios miles fuera, mientras que muchísimos otros fieles de Myanmar y los países cercanos seguían la ceremonia en «streaming».
En un tono de mayor intimidad, Francisco ha sugerido a los jóvenes: «Hablad con el Señor en la oración. Aprended a escuchar su voz, hablándole con calma desde los más profundo de vuestro corazón».
Les ha aconsejado también «hablad también con los santos, nuestros amigos del cielo que nos sirven de ejemplo. Como san Andrés, cuya fiesta celebramos hoy».
En tono muy familiar, les ha comentado que Andrés, el hermano de Simón Pedro, «fue un sencillo pescador que acabo siendo un gran mártir. Pero antes cometió sus errores, tuvo que ser paciente y aprender gradualmente a ser un verdadero discípulo de Cristo. Así que no tengáis miedo a aprender de vuestros propios errores».
La misa ha sido celebrada en inglés, birmano y latín, mientras que las oraciones de los fieles fueron leídas en los idiomas de las principales etnias minoritarias, de las que forman parte la mayoría de los católicos -kachín, karen, kayan, chin y tamil- así como también en chino para los jóvenes que seguían la ceremonia desde el gigantesco país vecino.

Al término de su homilía en italiano, el Papa ha pronunciado en birmano sus últimas palabras de despedida, dirigidas a los jóvenes y a todos los habitantes del país: «¡Dios bendiga Myanmar!».

Los espejos falsos

Los espejos falsos

La sacudida tectónica depende de que 300.000 catalanes escépticos se decidan a compremeterse con su propio destino

Ignacio Camacho
Actualizado:
Hay un signo de optimismo en esta larga precampaña abierta desde la aplicación del artículo 155. Y es que por primera vez desde 2012, en las elecciones catalanas no se ventila un proceso de secesión sino el futuro del secesionismo. No es el camino hacia la independencia sino la continuidad en el poder de sus partidarios lo que está sometido a un encubierto plebiscito. Ésa es la gran novedad del 21-D, la que le otorga un carácter decisivo: que existe una posibilidad, complicada pero verosímil, de que las urnas otorguen la victoria al constitucionalismo. De que el gobierno de Cataluña deje de ser un predio manejado por los nacionalistas en régimen de monocultivo.
Depende de trescientos mil votos. Ésa es la cifra aproximada en que los expertos electorales cifran el salto cualitativo. Trescientos mil ciudadanos que habitualmente no votan en las autonómicas porque tienden a considerarlas un coto privado del nacionalismo, y que si se movilizasen podrían provocar un vuelco político. El trasvase de sufragio entre bloques será mínimo y además puede tender a embalsarse en la ambigüedad populista, cuya postura anfibia esconde la clara inclinación hacia los postulados del soberanismo. El gran corrimiento de tierras, la sacudida tectónica, sólo se puede producir si esos catalanes habitualmente ausentes, cansados, escépticos o descomprometidos, se decidiesen a intervenir en su propio destino.
Por eso tiene lugar esta batalla dialéctica entre los socialistas y Ciudadanos, con el PP como participante descolgado. Están disputándose la primacía y el voto útil, el liderazgo del cambio. Todos, también los independentistas, saben que la mayoría es muy difícil, y que la presidencia saldrá de cábalas de despacho. De pactos en los que Miquel Iceta, situado en una posición central del tablero –no por su propia posición, sino por las de los demás– tratará de sacar partido al margen de su resultado. Las descalificaciones, los ataques, los agravios, el fuego cruzado, son parte de una escenificación de tintes dramáticos. El mismo juego que rige al otro lado, donde un Puigdemont coaligado consigo mismo ha optado por la radicalidad estrambótica para mantenerse desde la distancia en primer plano. No le importa que fuera de su propio bloque de simpatizantes abducidos lo tomen por un payaso; lo que le interesa es ganarse su espacio de referencia frente a un Junqueras que se consume en prisión ante el protagonismo de su verdadero adversario.
Puro teatro; al final, con los votos recontados, se entenderán los que puedan entenderse, los que estén en condiciones de sumar en el reparto. Y ahí el PSC tiene ventaja porque puede bascular en ambas direcciones y darle valor estratégico a sus escaños. Hasta que ese momento llegue, la campaña será un debate de rivalidades en el interior de cada bando. Hacen falta trescientos mil electores nuevos para romper esos espejos falsos.

Ignacio CamachoIgnacio CamachoArticulista de Opinión

El partido desciende desde hace meses en las encuestas, caída que achaca a su actuación ante el secesionismo catalán, aunque el desgaste comenzó antes

El poder menguante de Iglesias y Podemos

El partido desciende desde hace meses en las encuestas, caída que achaca a su actuación ante el secesionismo catalán, aunque el desgaste comenzó antes

Irene Montero y Pablo Iglesias, de Unidos Podemos durante un Pleno del Congreso de los Diputados.
Irene Montero y Pablo Iglesias, de Unidos Podemos durante un Pleno del Congreso de los Diputados. ULY MARTIN
Unidos Podemos sufre una crisis en su núcleo. La coalición nació como un conglomerado alrededor de una marca exitosa y de un líder carismático. Podemos y Pablo Iglesias eran el centro de gravedad de la coalición por su tremenda fuerza electoral: atraían votantes. Pero muchos datos indican ahora que ambos se han desgastado.
Hace meses que Unidos Podemos cae en los sondeos. En el promedio de encuestas ha perdido cinco puntos: lograron el 21% de los votos en 2016 y ahora rondan el 16%. Sus votantes han pasado del entusiasmo a la infidelidad. Solo el 63% asegura que repetiría su voto. Unidos Podemos es la formación con más votantes indecisos —un 21%— y lo que es peor, también la que sufre más fugas. El 5% de sus votantes ahora elegiría al PSOE y otro 4% votaría por Ciudadanos. Son datos del CIS en octubre y seguramente han empeorado.
Pero no todos en Unidos Podemos están sufriendo el mismo castigo. La peor parte se la llevan la formación de Iglesias y él mismo. Las confluencias en Cataluña, Valencia y Galicia apenas han perdido votos. Lo que se ha reducido es la contribución de Unidos Podemos en el resto de territorios. Tampoco han salido mal parada IU, porque mientras Podemos perdía simpatizantes, lo de Alberto Garzón los han ganado. Hace un año en Unidos Podemos había 2,5 simpatizantes de Podemos por cada uno de IU y ahora hay 1,5.
La otra mala noticia para Podemos la protagoniza su líder. Pablo Iglesias se ha convertido en el candidato peor valorado por sus votantes. Lo puntúan con un 5,75 de media. Es una cifra peor que la de Sánchez (6), Rajoy (6,5) y Rivera (6,7). Los sondeos de Metroscopia apuntan lo mismo: solo el 50% de los votantes de Iglesias aprueba su gestión. Es una cifra malísima. Mucho peor que la de Sánchez (71%), Rajoy (85%) o Rivera (90%). Otros líderes de Unidos Podemos tienen mejores datos. Garzón, por ejemplo, recibió un 6,5 de valoración. Estas cifras desplazan el centro de gravedad de Unidos Podemos y reducen el peso de su núcleo. El dato más elocuente son las cifras de simpatizantes. ¿Con qué partido simpatizan los votantes de Unidos Podemos? Un 9% simpatiza con las confluencias y hasta el 22% lo hace con IU. Solo el 33% simpatiza con Podemos. El resto lo hace con otros partidos (PSOE y Ciudadanos) o con ninguno. Son datos duros para la marca estatal de Podemos, que solo aporta la mitad de los simpatizantes. No podemos calcular la contribución en votos de cada socio, pero probablemente serán proporciones parecidas.
Esta situación cambiará el equilibrio dentro de Unidos Podemos. Las confluencias van a actuar con más autonomía. Si hay cuestiones donde sus intereses y los de Podemos no coinciden, tendrán menos miedo de levantar la voz e imponer su criterio. Lo vimos la semana pasada cuando Compromís se desmarcó del grupo para votar contra el Cupo vasco. También es probable que escuchemos cosas diferentes de Alberto Garzón, que desde el verano ha pedido más visibilidad y que en la crisis catalana ha tenido una posición más dura contra el independentismo. Es probable, por último, que la crisis de Podemos e Iglesias sirva para reactivar o mantener viva la contestación interna dentro del partido.
La esperanza de Podemos y su líder pasa por culpar a Cataluña. Es evidente que la cuestión catalana les ha dañado. No es casual que Iglesias reciba las mejores valoraciones en Cataluña, o que sea precisamente allí donde consigue batir a Garzón. Pero esas esperanzas no deberían exagerarse. Primero, porque los malos datos empezaron a llegar hace meses y pueden tener otras causas. Pero sobre todo por cómo funcionan los votantes. Las personas que se han alejado de Podemos durante la crisis catalana no volverán necesariamente cuando la crisis pase. El desgaste de estos meses puede permanecer. A esto los expertos lo llaman histéresis, pero el resto podemos llamarlo memoria.