miércoles, 4 de noviembre de 2009

Protectorado español en Marruecos.


Tras la pérdida de sus posesiones americanas con le desastre 1898, la actuación exterior española se orientó hacia el norte de África en un momento en que las grandes potencias Imperialistas se estaban repartiendo el continente africano. España empezó con una tímida política exterior con el objetivo de hacerse un hueco en el reparto de África.
A partir de 1906 inició su penetración en el norte de África.
La Conferencia de Algeciras de 1906 y el posterior tratado hispano-francés supusieron la entrada de España en el reparto de África.
A España se le concedió una franja en el norte, el Rift y un enclave en la zona atlántica: Ifni y Río de Oro.
Los intereses españoles en la zona eran varios:
• Estratégicos: se trataba de evitar que las potencias occidentales, especialmente Francia y Alemania decidieran exclusivamente el destino de Marruecos.
• Económicos, resultaba importante explotar los recursos mineros de las montañas del RIF y parecía rentable la posibilidad de realizar grandes inversiones de capital en la construcción de ferrocarriles y otras obras públicas.
• Política de prestigio: la expansión de Marruecos podría ayudar a la recuperación del prestigio perdido a la vez que posibilitaba la realización de los ideales “africanistas” de aquellos que consideraban a África como una ocasión histórica perdida.
A finales del siglo XIX, el sultanado de Marruecos vivía envuelto en una anarquía e inestabilidad política. Las rivalidades entre Francia, Inglaterra y Alemania tras la Conferencia de Algeciras en 1906 y tras la firma del tratado hispano–francés en 1912, dieron como resultado la división de Marruecos en dos protectorados: uno al sur, de mayor extensión y riqueza adjudicado a Francia; el otro al norte, en las montañas del RIF, más pobre y reducido, adjudicado a España.
El dominio de España en su protectorado no fue nada fácil ni económicamente muy rentable. La ocupación militar del protectorado español en Marruecos estaba resultando una operación difícil y costosa porque el ejército español estaba mal preparado y carecía de recursos. Además, las características del RIF no ayudaban puesto que era una zona muy montañosa mal comunicada y ocupada por distintas tribus.