lunes, 4 de mayo de 2015

CIUDADANOS

JOSÉ MARÍA CARRASCAL
Porque en política, como en la vida, «no se puede estar medio embarazado». Se está con los corruptos o no se está
QUÉ es Podemos ya lo sabemos porque ha sido uno de sus fundadores posiblemente su «padre intelectual» el que, en un momento de frustración, rabia o celos, nos lo ha dicho: un «grupo que empieza a parecerse a los que pretenden sustituir (la casta)», que dan más importancia a la televisión que a la sustancia.
O sea, oportunistas de tomo y lomo.
Qué es Ciudadanos ya es más difícil de saber, porque no tienen la arrogancia intelectual de los profesores de la Complutense y, en cambio, mucha más experiencia, al haberse forjado nadando contra corriente en las agitadas aguas de la política catalana.
Sólo eso es ya es un importante dato a su favor.
Si se le añade que Podemos se apoya principalmente en la cabreo de los españoles, mientras Ciudadanos se apoya en la esperanza, tendremos la razón de la caída en barrena de los de Iglesias y el dispararse como un cohete de los de Rivera.
Pero Ciudadanos tiene que hacer mucho más que sonreír y mostrar buenas maneras para demostrarnos que merece no ya gobernarnos, sino co-gobernarnos. Y los pasos que ha dado al empezar a moverse por la política nacional han sido todos erróneos.
El primero, poner su política económica que hoy es casi la política del Estado en manos de un profesor, de un intelectual. «Los intelectuales en la política son como los cisnes fuera del agua» escribió Sebastián Haffner.
Desde luego, sólo a un intelectual puede ocurrírsele subir el IVA del pan y bajar el de las entradas del cine.
Por otra parte, lo de estar dispuestos a entenderse con todos es, como punto de partida, bueno. Pero meterse en la cama con todos ya es otra cosa muy distinta.
Y hacer posible que Andalucía siga gobernada por el mismo partido que la ha llevado a tener más paro que Grecia y ser la comunidad más atrasada de España, teniendo unas condiciones naturales y unas gentes que fuera de ella han demostrado una capacidad laboral y empresarial de primera categoría es, en el mejor caso, un tremendo error, en el peor, una chapuza.
Más, cuando la que van a dejar en el cargo es una señora puesta por los que han tenido que irse acusados por la justicia, sin idea de cambiar, como demostró poniendo al frente de la cámara al dirigente de una de las cajas de ahorros en bancarrota, y, menos aún, sin idea de política, adelantando unas elecciones para «tener más seguridad» y encontrarse con que tiene menos seguridad que antes.

Se me dirá que van a votar «no» en la primera votación y abstenerse en la segunda. Pero eso es aún peor porque huele a pasteleo y confirma que su líder en Andalucía es un ex miembro de AP, que pactó con el PSOE la alcaldía de San Lúcar antes de pasar a Ciudadanos. Sin que valga que lo hacen por «responsabilidad». Las cárceles están llenas de individuos que actuaron «responsablemente». Si es lo que van a hacer en otras plazas, adiós, muy buenas. Porque en política, como en la vida, «no se puede estar medio embarazado». Se está con los corruptos o no se está.

sábado, 2 de mayo de 2015

La caída del miliciano: un análisis apoya la teoría de la escenificación.

La exposición que se abre la próxima semana en el Museo Nacional de Arte de Cataluña sobre Capa reabre la polémica de «El soldado caído». Un estudio de las fotos alienta las sospechas sobre la mítica imagen.
- En «Documento» (sobre la imagen, junto a «Foto») estudio comparativo de las fotografías publicadas en la revista «Vu»
14 de mayo de 2010. 10:53h
J. R. Puyol /J. Ors - Madrid.
El cinco de septiembre de 1936, un joven Robert Capa de 22 años captó una imagen que la historia convertiría en el símbolo de la Guerra Civil española. Su nombre: «El soldado caído». Una instantánea tomada, en principio, en Cerro Muriano, Córdoba, con una Leica (como demuestra el formato rectangular del negativo; si hubiera sido cuadrado, entonces habría pertenecido a la otra cámara del fotógrafo: la Rolleiflex).
Durante décadas, la postura de aquel soldado, con camisa clara, brazo extendido y retratado, hipotéticamente, en el mismo instante en que una bala lo alcanzaba, representó la barbarie del fascismo. Desde ese momento, la fuerza de la foto ha crecido en el imaginario colectivo hasta alcanzar la categoría de mito. Esta semana, el Museo Nacional de Arte de Cataluña inaugurará «¡Esto es la guerra! Robert Capa en acción», una retrospectiva dedicada al autor y donde también está presente su compañera, Gerda Taro. Una muestra que se podrá visitar desde el 7 de julio hasta el 27 de septiembre y que realza la personalidad y la influencia de uno de los grandes fotoperiodistas de la historia en un momento en que también ha aparecido  la llamada «maleta mexicana», un conjunto de negativos que contienen trabajos de Capa, Taro y Seymour.
En 1975, Phillip Knightley publicó «The first Casualty: Crimea to Vietnam». El libro contenía el testimonio de un anciano periodista británico, O.D. Gallagher, que aseguraba que Capa le había reconocido que la secuencia del miliciano de 1936 había sido una escenificación. Sus palabras fueron: «...un oficial republicano les dijo que iba a ordenar a varios soldados que fueran con Capa a unas trincheras cercanas y que podían escenificar unas maniobras para que las fotografiasen». Richard Whelan, biógrafo oficial del reportero húngaro, rebatiría estas palabras. La declaración, sin embargo, cuestionaba por primera vez la veracidad de una de las imagénes más emblemáticas de su autor y avivaba las sospechas. Desde entonces su autenticidad es un enigma.

Severas dudas
Al margen del día en que se obtuvo la fotografía, el lugar del acontecimiento y la persona que aparece en ella, un análisis «forense» de la imagen deja en el observador severas dudas. El estudio de algunos aspectos determinados de la foto alientan la teoría de la escenificación. La publicación, el 23 de septiembre de 1936, en la revista «Vu», en la página 1.106, reproduce por primera vez «El soldado caído» junto a otro fotograma perteneciente al mismo reportaje en el que se contempla a otro combatiente abatido. ¿Cuántas veces se puede captar, en el mismo sitio, a la misma hora y con el mismo encuadr, a dos soldados derribados por disparos? Para la mayoría de los profesionales  de la fotografía, una o ninguna.
Resulta difícil obtener dos instantáneas similares sin estar preparado. Hay que subrayar otro aspecto: ambas imágenes, de un parecido innegable y un entorno prácticamente igual, jamás volvieron a publicarse juntas. Capa, en su libro «Death in the Making» (dedicado a Gerda Taro) no incluyó en su interior ninguna de las dos (ni otras de la serie de Cerro Muriano). Sólo la sobrecubierta reproducía el conocido miliciano, y resulta sorprendente.

El momento justo
Capturar el instante exacto de la muerte de un hombre es un caso casi excepcional. El propio Capa fue incapaz de reproducir ese momento cuando tomó la instantánea de un soldado norteamericano que caía muerto delante de él por el disparo de un francotirador el 18 de abril de 1945 en Leipzig, Alemania). Al cotejar las dos instantáneas de «Vu» se puede identificar una disposición especial de los rastrojos del campo que son esclarecedores. Un tallo vertical y otros dos horizontales en el suelo forman un eje cartesiano. Si sobre esa referencia se colocan ambas imágenes superpuestas se observa que  ambos combatientes cayeron exactamente en el mismo sitio, como prueban la coincidencia de ese eje y el paisaje que hay detrás: son idénticos. Otra referencia es el abultamiento de un terrón en el suelo, justo en el lado inferior derecho, que ayuda a enmarcar a los dos soldados. Las fotos mantienen el mismo encuadre, están tiradas  a la misma hora y desde el mismo lugar (¿Y qué reportero quedaría expuesto a un fuego cruzado de los dos lados?).

A estas evidencias se suma el material publicado por la revista «Regards» en el número del 24 de septiembre de 1936 (justo un día después de «Vu»). Ahí aparecen más fotos de la serie de Cerro Muriano (como se puede ver en la imagen superior de esta página). También hay dos milicianos en el suelo como si estuvieran muertos. Algunos expertos han señalado que, por la disposición de esos cuerpos, no parece que estuvieran muertos. La «maleta mexicana», además, ha aportado el cuerpo  de otro republicano tumbado en la tierra muy parecido, por las referencias de su uniforme, al que se ve en «Vu», debajo de «El soldado caído». ¿Todos están muertos? Y si no lo estaban, ¿qué hacían todos ellos tumbados?
El único soldado que cayó el 5 de septiembre de 1936 en Cerro Muriano fue Federico Borrell García, que, curiosamente, no es ninguno de los que aparece en esas secuencias. Si se compara su retrato con el rostro de «El soldado caído» (como demuestra magistralmente el documental «La sombra del iceberg», de Hugo Doménech y Raúl Montesinos), se aprecia que apenas comparten parecidos. Mientras Borrell es un hombre joven, el miliciano abatido que aparece en la célebre fotografía es un hombre que ya ha entrado en edad adulta.
Robert Capa, joven y de  izquierdas, ya había fotografiado con anterioridad unas maniobras en Santa Eulalia (que  él mismo terminó admitiendo). Un reportaje, como se ve en  algunas fotografías del libro «Death in the Making», en el que un conjunto de hombres descendía por una colina (de una manera muy parecida a la de Cerro Muriano) para cargar hacia unas supuestas posiciones enemigas. Algunas de sus características se distinguen en la serie de Córdoba.

Un hombre sin identidad
¿Quién es «El soldado caído»? Una investigación arrojó la teoría de un nombre: Federico Borrell García, conocido como «Taino», el único combatiente republicano que, según la documentación histórica, cayó en Cerro Muriano. La aparición, en el diario anarquista «Ruta Confederal» (en la imagen de la izquierda), en el que un compañero, como homenaje a su amigo, describía su muerte en una necrológica elogiosa, tachaba esa posibilidad. De hecho, «Taino» cayó, a las cuatro de la tarde, al ser alcanzado por los disparos del enemigo cuando permanecía oculto detrás de un árbol. En las fotografías de Robert Capa es evidente que no aparece ningún árbol. El documental «La sombra del iceberg» comenta este aspecto y, también, incluye otra prueba. En la camisa de «El soldado caído» no hay rastros de sangre y un forense afirmaba que esa no es la postura lógica de caer después de recibir el impacto de una bala.

El secreto de la maleta mexicana
La aparición en México de una maleta con 126 carretes fotográficos  (cerca de 4.300 imágenes) de la Guerra Civil española datados entre mayo de 1936 y marzo de 1939 y pertenecientes a Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour, conocido como «Chim», abría la posibilidad para limpiar de sospechas la fotografía del republicano abatido de Robert Capa. Sin embargo, aportaba una instantánea nueva: una imagen vertical con un miliciano tumbado en el terreno con el rifle sobre el pecho y con la mano en el arma. Sumaba un combatiente más a la lista de soldados que ese día aparecen en el suelo. Y, por tanto, aumentan las interrogantes. ¿Cuántos hombres cayeron en esa jornada? La tesis oficial sostiene que durante unas maniobras un hombre recibió un disparo. Si resulta que sólo murió en esa fecha un soldado, ¿qué hacían los demás milicianos tumbados en la ladera de la famosa colina de Córdoba?

La maleta mexicana, cuyos documentos se presentan ahora en el MNAC, también contiene tres hojas de contactos de la serie que Robert Capa sacó en la batalla de Segre en 1938.  Unas instantáneas que demuestran la genialidad del autor y por qué es una referencia incuestionable del fotoperiodismo del siglo XX. La exposición muestra este trabajo y repasa los reportajes que sacó durante la Segunda Guerra Mundial, como las conocidas instantáneas del desembarco de Normandía.
Leer más:  La caída del miliciano: un análisis apoya la teoría de la escenificación  http://www.larazon.es/la-caida-del-miliciano-un-analisis-apoya-la-teoria-de-la-escenificacion-JLLA_RAZON_161827#Ttt1LXkYrAW7RyjZ

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EL LÍDER DE PODEMOS DICE QUE LA SALIDA DE MONEDERO NO LES AFECTARÁ EN LAS URNAS

A Pablo Iglesias ya sólo le preocupan los votos
01/05/2015@11:48:45 GMT+1
Por EL IMPARCIAL/Efe
A Pablo Iglesias ya sólo le preocupan los votos
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha hecho este viernes las primeras declaraciones tras la rueda de prensa en la que anunció la salida de su número dos: "No va a restar votos", ha asegurado. Iglesias ha adelantado que el lunes, la Ejecutiva decidirá el sustituto de Juan Carlos Monedero.
Iglesias se cobra su primera víctima, impone su férrea autoridad y defenestra a Monedero
PABLO IGLESIAS, TARDE PERO BIEN, por Luis María ANSON
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha manifestado que la dimisión de Juan Carlos Monedero, cofundador del partido, no va a "restar votos" a su formación y ha añadido que seguirán "trabajando para ganar" las elecciones. Iglesias ha hecho estas declaraciones en la concentración de técnicos de la subcontrata de Telefónica, frente a la sede de esta empresa en la Gran Vía en Madrid, que llevan 38 días de huelga reivindicando sus condiciones laborales.
El secretario general de Podemos ha definido de "muy dolorosa" la salida de Monedero, secretario de Programa y Proceso Constituyente, del partido y se ha referido a que es "un intelectual", que tiene que "volar", pero del que necesitan su "capacidad crítica". "Juan Carlos sigue en Podemos". Ha calificado de "maravilloso" haber hecho el camino con él hasta aquí, y confía en "seguir caminando juntos".
Iglesias ha manifestado que le ha "emocionado mucho la carta que ha escrito en el diario Público" y ha adelantado que la ejecutiva del lunes hará una propuesta al Consejo Ciudadano sobre quién debería sustituir a Monedero.
Se ha referido a los comentarios que recibe en la "calle", en los que recibe el apoyo de la gente. "El otro día una señora me paró y me dijo que habíamos hecho lo más importante: hacer que todos los sectores se muevan. Pero para nosotros eso no es suficiente", ha apostillado. "Trabajamos para ganar", ha agregado.

PABLO IGLESIAS, TARDE PERO BIEN
Luis María ANSON
En esta misma sección publiqué el pasado mes de febrero dos artículos titulados Pablo Iglesias y Monedero y A vueltas con Monedero, en los que propugnaba abiertamente la destitución del controvertido dirigente. Podemos no debía seguir soportando la carga del señor Monedero si quería mantener la ilusión despertada en amplios sectores de la sociedad española. El fardo Monedero era demasiado pesado para que lo aguantaran los hombros de Podemos. Durante tres meses la presencia del dirigente ha resultado devastadora para el partido de Pablo Iglesias. Tarde pero bien, la dimisión de Monedero, hábilmente forzada por su líder, ha devuelto el sosiego al partido.
El 2 de febrero escribía yo que “la generosidad de Iglesias debe encontrar su término, según muchos simpatizantes de Podemos, en Monedero. El daño que sus trapisonderías americanas están haciendo al partido es inconmensurable. Su agresividad amenazadora tampoco parece de recibo. Sin rasgarse las vestiduras, son muchos los que consideran imprescindible que Pablo Iglesias prescinda de Juan Carlos Monedero cuanto antes. Salvador Sostres ha escrito que “Monedero tiene en la mirada la guillotina jacobina, la checa republicana, el gulag estanilista y los campos de concentración”. Un sector cualificado de la opinión pública no considera exageradas las afirmaciones de Sostres. Más bien las com-parte. No quiero entrar en descalificaciones personales pero sí en el análisis de la difícil colaboración entre Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. Rectificar es de sabios y las trampas de Monedero en sus negocios iberoamericanos exigen tomar medidas antes de que algún equipo periodístico de investigación -y hay varios actuando- publiquen reportajes devastadores para el crédito de Podemos. Se comprende que no será fácil para Pablo Iglesias tomar una decisión pero esas son las exigencias del liderazgo.” Hasta aquí lo que escribí hace tres meses. El tiempo y el desgaste sufrido por el partido ha aconsejado a Pablo Iglesias la liquidación de Juan Carlos Monedero, al que ha escabechado de forma hábil y contundente. Aunque un poco tarde

PABLO IGLESIAS Y MONEDERO
Luis María ANSON
Nadie que no quiera perder la objetividad podrá negar el éxito de la manifestación de Podemos. Fue multitudinaria y se celebró en el más completo orden, sin violencias, sin cristales rotos ni contenedores quemados como vaticinaban algunos. Como una cuestión de hecho, éxito rotundo de Podemos y de Pablo Iglesias que robusteció su liderato. Los grandes partidos políticos convencionales están en la obligación de reflexionar sobre lo ocurrido en lugar de ese estúpido desdén con que han juzgado la manifestación.
Pablo Iglesias es simpático, abierto, comunicativo. Habla con precisión, siempre con sencillez, sin aspavientos ni sobreactuaciones. Podemos ha encontrado en él a un líder auténtico. Su imagen es la contraria a Monedero. La generosidad de Iglesias debe encontrar su término, según muchos simpatizantes de Podemos, en Monedero. El daño que sus trapisonderías americanas están haciendo al partido es inconmensurable. Su agresividad amenazadora tampoco parece de recibo. Sin rasgarse las vestiduras, son muchos los que consideran imprescindible que Pablo Iglesias prescinda de Juan Carlos Monedero cuanto antes.
Salvador Sostres ha escrito que “Monedero tiene en la mirada la guillotina jacobina, la checa republicana, el gulag estanilista y los campos de concentración”. Un sector cualificado de la opinión pública no considera exageradas las afirmaciones de Sostres. Más bien las comparte. No quiero entrar en descalificaciones personales pero sí en el análisis de la difícil colaboración entre Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. Rectificar es de sabios y las trampas de Monedero en sus negocios iberoamericanos exigen tomar medidas antes de que algún equipo periodístico de investigación -y hay varios actuando- publiquen reportajes devastadores para el crédito de Podemos.
Se comprende que no será fácil para Pablo Iglesias tomar una decisión pero esas son las exigencias del liderazgo.



A VUELTAS CON MONEDERO
Luis María ANSON
Hace unos días, el pasado 2 de este mes, escribí en “Al aire libre”:
“No quiero entrar en descalificaciones personales pero sí en el análisis de la difícil colaboración entre Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. Rectificar es de sabios y las trampas de Monedero en sus negocios iberoamericanos exigen tomar medidas antes de que algún equipo periodístico de investigación -y hay varios actuando- publiquen reportajes devastadores para el crédito de Podemos. Se comprende que no será fácil para Pablo Iglesias tomar una decisión pero esas son las exigencias del liderazgo”.
El espacio “Plaza Podemos” es la plataforma en la que los simpatizantes del partido de Pablo Iglesias expresan sus aplausos, sus críticas o sus denuncias. Más de un millar de entradas manifiestan el deseo generalizado de que Juan Carlos Monedero dimita. Está claro que Pablo Iglesias, si quiere mantener limpia su personal hoja de servicios, tiene que prescindir de Monedero. El desgaste es ya considerable. Y crecerá en el futuro. Cada día se descubre una trapisondería nueva y los partidarios de Podemos asisten estupefactos a un espectáculo que creían se contemplaba solo en otros partidos.
Todavía está a tiempo Pablo Iglesias. Puede pedirle a Monedero que dimita discretamente. Si no acepta, deberá entonces destituirle. Es una cuestión de higiene política.

Monedero cayó tras un pulso con Errejón en la dirección de Podemosel

El cofundador de la formación dimitió de sus cargos tras meses de distanciamiento
FRANCESCO MANETTO Madrid 1 MAY 2015 - 21:23 CEST
La salida de Juan Carlos Monedero de la dirección de Podemos se formalizó el pasado jueves aunque lleva meses gestándose dentro de la organización.
Nadie expulsó abiertamente al politólogo, que ya había abierto una reflexión personal sobre su futuro y, según su versión, se sentía incómodo en la primera línea de la actividad política. No obstante, hay que leer su dimisión en un contexto de pulso, a veces soterrado, a veces sin disimulo, con miembros de la Ejecutiva y el Consejo Ciudadano, en la que los dirigentes más determinantes para la estrategia del partido son Íñigo Errejón y Carolina Bescansa.
El número dos de Podemos, Errejón, es secretario de Política y, después de Pablo Iglesias, el máximo responsable del proyecto. Coordina la campaña electoral de las elecciones autonómicas del 24 de mayo, una cita decisiva para el futuro de la formación, y supervisa todos los mensajes clave, impulsando un giro hacia la centralidad y el tacticismo.
El redactor del programa marco de esos comicios, que se presentará el martes, ha sido, en cambio, Monedero.
Aunque este dirigente redujo su presencia pública en los últimos meses, tras el enfrentamiento con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, su figura sigue teniendo una dimensión simbólica importante para entender el partido. Y sus críticas a la estrategia, formuladas horas antes de presentar a Iglesias su renuncia, representan un golpe al proyecto actual de Podemos.
Pero en este proceso hay más elementos, y en él pesan los equilibrios y las relaciones internas. Si Monedero estaba decepcionado con los argumentarios, el torbellino de la política activa y lo que llamó “vorágine del aparato” o “partitocracia”, también en la organización se respiraba incomodidad con algunas de sus actitudes. .
Tras conocerse, en enero, los cobros de más de 400.000 euros por trabajos de asesoría para los Gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, el secretario de Proceso Constituyente pasó a un segundo plano. Pero en la gestión de esa crisis, que culminó con una rueda de prensa, se cometieron varios errores, según reconocen fuentes del partido. Ya en aquel momento estuvo sobre la mesa y en las conversaciones el papel que debía desempeñar Monedero. Finalmente, prevaleció la estrategia de la resistencia. Es decir, ante lo que los dirigentes de Podemos califican de “cacería”, en referencia a los “ataques” de los medios y de los otros partidos al profesor de Políticas, optaron por cerrar filas con él. Si esos golpes tenían exclusivamente un blanco, según este relato, el sacrificio de Monedero hubiera alentado nuevos ataques a otros cargos y portavoces del partido. Además, esa decisión hubiera podido trasladar también una imagen de debilidad.
El pasado jueves, después de lanzar sus críticas, había dirigentes de Podemos que todavía circunscribían las afirmaciones de Monedero a una reflexión personal. El profesor de Políticas, que a menudo actuaba al margen de la organización, tenía que consultar su decisión con su círculo de confianza. Lo hizo con el propio Pablo Iglesias, quien aceptó su dimisión. A pesar de estos mimbres, y de la amistad que ambos aseguran compartir, también queda en el partido la interpretación de que la dirección de Podemos ha dejado caer a Monedero. Y que ahora, con él en un segundo plano, comienza una nueva etapa en la que resulta esencial el control de daños.

En menos de una semana comienza la campaña electoral, y ayer Iglesias confió en que la dimisión de Monedero no afectará al resultado de la formación en las próximas elecciones autonómicas y municipales. “Creo que no”, afirmó ayer en una concentración de apoyo a los técnicos de subcontratas de Telefónica en huelga. “Nosotros vamos a seguir trabajando para ganar”, mantuvo el líder de la formación, quien además aseguró que se emocionó al leer la carta, llena de elogios, que escribió el responsable del programa en su blog. El secretario general envió otra carta a los simpatizantes de Podemos explicando algunas de las circunstancias de la dimisión. “Desde hace meses venía hablando con él de las dificultades que estaba viviendo a raíz de pertenecer a la dirección de Podemos... Juan Carlos y yo pensamos hace tiempo que él no es un hombre de partido”.

El exideólogo exigía que Podemos fuese fiel a los principios

Monedero echó un pulso a Errejón, pidió el 'arbitraje' de Pablo Iglesias ("O Íñigo o yo") y, tras perder por rojo, dimitió
Pablo Iglesias confía en que la crisis de la marcha de su mano derecha no le hunda en las urnas. Periodista Digital, 02 de mayo de 2015 a las 08:15
Monedero se esconde... y su padre da la cara: "Por las zancadillas ha dicho, ahí os quedáis"
Ignacio Camacho: "Monedero ha puesto en apuros serios la credibilidad de Podemos y han optado por empujarle hacia atrás"
Nadie en Podemos admite en público que se haya expulsado a Juan Carlos Monedero, pero la verdad es que la salida de Juan Carlos Monedero de la dirección de Podemos se produjo tras un pulso entre los principales dirigentes de la formación.
 Monedero no planteó un pulso a Iglesias sino a Iñigo Errejón, el número dos de la organización. No había sitio para ambos. Esa es la tesis que expone Ernesto Ekaizer en su blog --Arbitraje y culto a la personalidad--, citando "fuentes que dicen conocer el desenlace":
Entre las discrepancias está el peso que según Monedero debería suponer América Latina --la teoría del populismo del fallecido sociólogo Ernesto Laclau-- en el programa y la acción del partido. Otra parece haber surgido en el debate de los programas relacionados con las Comunidades Autónomas españolas.
Pero, dicen esas fuentes, esas discrepancias tenían nombre y apellido: Iñigo Errejón. Según esta interpretación, Monedero habría forzado el arbitraje de Pablo Iglesias. Un arbitraje sobre el número dos de la organización. Al fin y al cabo, también Errejón había tenido su pecadillo con la Universidad de Málaga.
“O Iñigo o yo”. Pero con una aclaración: decidiera Iglesias lo que decidiera, Monedero seguiría aceptando el superliderazgo de Iglesias.
La salida de Juan Carlos Monedero de la dirección de Podemos se produjo tras un pulso entre los principales dirigentes de la formación. La cúpula le dejó caer cuando manifestó sus discrepancias respecto al proyecto político --Monedero critica a los suyos: "Podemos deja de tener tiempo para reunirse con un pequeño circulo porque es más importante un minuto de TV"--y el giro hacia la moderación, del que el número dos, Íñigo Errejón, es el principal responsable. La salida de Juan Carlos Monedero de la dirección de Podemos se formalizó el jueves 30 abril 2015 aunque llevaba meses gestándose dentro de la organización.
 En menos de una semana comienza la campaña electoral, y este 1 mayo 2015 Pablo Iglesias confió en que la dimisión de Monedero no afectará al resultado de la formación en las próximas elecciones autonómicas y municipales --Monedero critica que Podemos ya es casta y deja la política mientras Pablo Iglesias confía en que su dimisión no le haga perder muchos votos--.
“Creo que no”, afirmó ayer en una concentración de apoyo a los técnicos de subcontratas de Telefónica en huelga. “Nosotros vamos a seguir trabajando para ganar”, mantuvo el líder de la formación, quien además aseguró que se emocionó al leer la carta, llena de elogios, que escribió el responsable del programa en su blog.

El secretario general envió otra carta a los simpatizantes de Podemos explicando algunas de las circunstancias de la dimisión. “Desde hace meses venía hablando con él de las dificultades que estaba viviendo a raíz de pertenecer a la dirección de Podemos... Juan Carlos y yo pensamos hace tiempo que él no es un hombre de partido” --Los dardos envenenados que lanzó Monedero al despistado Iglesias antes de esconder la mano --

La hora más difícil de Podemos

El partido corre el doble riesgo de romperse intentando llegar al centro y, para empeorar las cosas, de aterrizar tarde en un centro ya ocupado por otros, o de atrincherarse en la izquierda para sobrevivir
JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA 2 MAY 2015 - 00:00 CEST 
NICOLÁS AZNÁREZ
La decisión de Juan Carlos Monedero de abandonar la dirección del partido que fundara en compañía de Pablo Iglesias sitúa a esta joven pero exitosa formación ante su hora más difícil.
El duro aldabonazo que han significado sus declaraciones criticando la corrupción ideológica y estratégica del proyecto originario de Podemos, sólo levemente matizadas con posterioridad en una epístola titulada A mi amigo Pablo, podrían marcar el comienzo del fin del proyecto de esta formación.
Las predicciones sobre lo que le pudiera ocurrir a Podemos a partir de ahora dependen de qué tesis de las dos siguientes uno considere más plausible.

La primera tesis sostiene que Podemos sólo es un estallido de ira que se ha alimentado de la concatenación de una serie de circunstancias extraordinarias pero irrepetibles:
*.- la dureza y profundidad de la crisis económica,
*.-  la frustración con el bipartidismo de una mayoría de ciudadanos,
*.- la sucesión de escándalos de corrupción y, por último,
*.-  la debilidad de las alternativas existentes (UPyD o Izquierda Unida) para movilizar dicha insatisfacción.
Agitada esa mezcla, ciertamente explosiva, en la coctelera de las elecciones europeas —idóneas por su configuración en un único distrito y un sistema electoral estrictamente proporcional— Podemos habría sido catapultado hacia los cielos en los sondeos llevados a cabo en el otoño de 2014.
Pero, continuaría esa tesis, desaparecidas en parte o en su totalidad esas circunstancias (sea por el repunte de la economía, el cambio de liderazgo en el PSOE o la aparición de Ciudadanos), el proyecto habría tocado techo y comenzado a retraerse, quedando condenado a desempeñar un papel secundario y marginal, cuando no a desaparecer, por la radicalidad de sus propuestas ideológicas, las divisiones internas y la pérdida de centralidad en el debate y tablero político.

LA POLÍTICA DE LOS OPORTUNISTAS

La crisis desatada en Podemos por la renuncia de Juan Carlos Monedero a sus puestos de responsabilidad es una llamada de atención a los ciudadanos que aspiran a encontrar en minorías oportunistas la alternativa al bipartidismo.
Monedero no se ha limitado a abandonar sus cargos internos. Ha hecho un demoledor análisis de lo que representa Podemos como opción política: nada.
Nada constructivo, nada renovador, nada ilusionante, nada democrático.
La ideología de Podemos hace viejo de nacimiento a cualquier partido, porque es la izquierda totalitaria de siempre.
Pero es momento de mirar por elevación, ir más allá de la anécdota Monedero y reflexionar sobre lo que aportan al futuro político de España partidos que surgen alrededor de una persona y luego van construyendo su ideario a retazos, tomando prestadas de otros partidos sus propuestas menos conflictivas y dejando en el éter cualquier compromiso con las cuestiones más espinosas.
Cuando el ciudadano está harto, cualquiera que aparezca con un mensaje a medio camino de PP y PSOE cuenta con el trato de favor de la opinión pública.
Sin embargo, este primer impacto es efímero si tras las personas no hay un programa ideológico para el gobierno de un país.
Podemos se estrelló con su propio vacío cuando tuvo que precisar sus principales propuestas económicas y quiso saldar su confusión con una pirueta imposible que lo llevara del chavismo a la socialdemocracia nórdica.
Unión, Progreso y Democracia tiene un pronóstico aún menos halagüeño, porque no ha sido capaz de demostrar suficiente personalidad política frente a Ciudadanos para mantenerse con vida propia, ni de, por el contrario, ordenar una transición que lo llevara a la confluencia con el partido de Albert Rivera.
Ciudadanos debe tomar buena nota de estos casos de política efímera. La imagen, el marketing, la empatía son condiciones necesarias pero no suficientes para hacerse un hueco al sol de la política, porque la crisis ha desarrollado en los españoles un sentido del escepticismo implacable. No están para bromas, siquiera con el Gobierno que ha evitado la quiebra de la economía española y ha hecho posible su recuperación incipiente.

El ejercicio de la política no es gaseoso, sino sólido y la solidez se demuestra cuando hay que empezar a tomar decisiones. Hablar y pontificar desde la barrera es mucho más fácil que lidiar con un 23 por ciento de tasa de desempleo y una política de reformas y ajustes que remedien lo que este país gastaba por encima de sus posibilidades. Los que no tienen que decidir nunca se equivocan. A los que nada tienen que ofrecer la realidad les pasa por encima. ABC