miércoles, 31 de enero de 2018

Ciudadanos no entrará en ningún Gobierno de PP, PSOE o Podemos


Ciudadanos no entrará en ningún Gobierno de PP, PSOE o Podemos
El partido naranja quiere evitar hipotecas ante las elecciones generales
Se marca como techo pactos puntuales o de estabilidad allí donde no gane
Los populares temen un pacto de “todos contra el PP” con Ciudadanos
J. CASQUEIRO / JUAN JOSÉ MATEO Madrid 29 ABR 2015 - 10:16 CEST

Ciudadanos no firmará pactos que impliquen su entrada en Gobiernos allí donde no gane las elecciones, pese a las presiones de PP y PSOE para que el partido de Albert Rivera haga público a cuál de las dos formaciones apoyaría tras los comicios municipales y autonómicos del 24 de mayo.
En la estrategia de Ciudadanos, según confirmó este periódico, pesa la voluntad explícita de cambiar los hábitos políticos del país, el temor a que el partido quede prisionero de las decisiones que tomen Ejecutivos en los que no mande y el deseo de llegar a las generales de noviembre sin hipotecas que castiguen los electores.

*.- Gran parte del plan fiscal de Rivera coincide con el de FAES
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“Allí donde no hayamos ganado no estaremos en el Gobierno”, confirmó este martes a EL PAÍS José Manuel Villegas, vice secretario general de Ciudadanos y jefe de gabinete de Rivera. “Como mucho, habrá o podrá haber acuerdos puntuales de Gobierno a cambio de medidas concretas, y nos plantearemos pactos de estabilidad dependiendo del volumen de coincidencias programáticas, pero siempre desde fuera del Gobierno”, insistió. “Que haya elecciones generales puede ser una segunda derivada [en el planteamiento de la formación], pero esta propuesta no cambiará después de las elecciones”, subrayó. “Creemos que hablar de consejerías y cargos distorsiona la discusión del acuerdo. Nosotros queremos hablar de medidas, no de cargos, y no queremos confundir a la opinión pública entrando en un Gobierno que no controlamos”.

Los dos partidos mayoritarios presionan a Ciudadanos para que se pronuncie. A menos de un mes para las elecciones del 24 de mayo, el PP, por ejemplo, teme la formalización de un pacto entre el resto de formaciones para desalojarle del poder. En ese acuerdo, Ciudadanos resultaría doblemente clave: su posición central en el arco ideológico no solo le permite pactar con todos, incluido Podemos, sino que le convierte en el único aliado posible del PP.

La formación de Rajoy acusa a la de Rivera de formar un frente antipopular de cara a los próximos comicios

“De grandes pactos contra la prosperidad de España hemos estado muy hartos en el pasado”, expresó María Dolores del Cospedal, secretaria general del partido y presidenta de Castilla-La Mancha, el pasado fin de semana. Esteban González Pons, vicesecretario de Estudios y Programas del PP, también advirtió contra “el frente” que se estaría formando ante su partido. “En estas elecciones ocurrirá como en todas las municipales ya celebradas: que el PP será el único partido que se presenta en todas partes para gobernar y todos los demás para que no gobierne el PP”, sostuvo el portavoz de La Moncloa, José Luis Ayllón.

Fuentes del PP señalan a las comunidades de Murcia, Madrid y Castilla-La Mancha como las primeras en las que han apreciado movimientos con vistas a formar un pacto en su contra que incluiría a Ciudadanos. En el caso de la autonomía que preside Cospedal, afirmaciones tan tajantes se basan, según el argumentario que maneja el PP, en tres elementos: el partido de Rivera firmó el pasado verano un pacto en defensa de la sanidad pública con el resto de grupos; uno de sus candidatos fue diputado regional del PSOE y el coordinador autonómico también ha sido militante socialista.

Los criterios para cerrar un acuerdo

“Para llegar a cualquier acuerdo poselectoral en nombre de Ciudadanos resultará necesaria siempre la aprobación del Comité Ejecutivo, a propuesta del Comité de Acuerdos Poselectorales”.
“Será condición previa para entablar negociaciones con cualquier partido que en el ámbito institucional al que pueda circunscribirse el posible acuerdo no tenga cargos electos imputados por corrupción política”.
“No descarta de antemano llegar a acuerdos con ningún partido político, siempre que respeten los principios democráticos establecidos en la Constitución y en las leyes”.
“Solo formará parte de Gobiernos cuando los ciudadanos le hayan otorgado mayoritariamente su confianza”.
“Ciudadanos se planteará los posibles acuerdos con otras formaciones siempre pensando en los ciudadanos y no en el reparto de cargos ni en intereses partidistas”.
“Los acuerdos de Ciudadanos siempre se realizarán basándose en el cumplimiento de su programa”.
“El contenido completo de los acuerdos suscritos por Ciudadanos se hará público y su cumplimiento será evaluado periódicamente”.
La lista de criterios que rige las alianzas poselectorales de Ciudadanos, sin embargo, obliga a la formación de Rivera a “no descartar de antemano llegar a acuerdos con ningún partido”, como recordaron fuentes de su dirección, que someterá cualquier opción de pacto a un comité que elevará propuestas a la ejecutiva.

“No somos sectarios”, dijo Fernando de Páramo, secretario de Comunicación de Ciudadanos, que es la única formación que no ha firmado un acuerdo local para la reforma de la ley electoral en Murcia porque del mismo se excluía al PP. “No vamos a reunirnos con nadie hasta después de las elecciones. Lo primero son las urnas, que son las que marcan los tiempos”, señaló.

La estrategia del partido para los comicios del 24 de mayo resulta inseparable de las elecciones catalanas y de las generales, que previsiblemente diseñarán un panorama político inédito en la historia de España.

La formación naranja ha cimentado su discurso alrededor de la lucha contra la corrupción y ha diseñado su táctica por contraposición a “la vieja política”. Sus dirigentes creen que traicionar esa posición en Andalucía, apoyando a la socialista Susana Díaz sin que firme su decálogo anticorrupción, les penalizaría en los comicios del 24 de mayo. También mantendrá el criterio de no pactar con grupos nacionalistas, decisión que le reporta réditos en toda España, como se puede comprobar en las ovaciones que recibe Rivera cada vez que menciona ese punto. Finalmente, los estrategas de Ciudadanos quieren defender con firmeza su idea de gobernar solo allí donde ganen sus candidatos, sin entrar en coaliciones. La meta es llegar sin hipotecas a las generales y conseguir que no surjan barones territoriales que distorsionen el discurso único del núcleo duro de Rivera.

“No luchamos contra nadie”, resumió una fuente de la dirección. “Unos dicen que somos la muletilla del PP y otros la del PSOE. ¡Que se pongan de acuerdo!”, apostilló. “La vieja política sigue estancada en el siglo pasado, en las dos Españas”, añadió. “No comprenden que en Ciudadanos tenemos un proyecto de ilusión para todos los españoles. Las dos Españas ya no existen”.

Un calendario de pactos frenético

Si las negociaciones para formar Gobierno en Andalucía son ejemplo de algo, España vivirá un frenético año de pactos en lo que queda de año. El 22 de marzo, los electores andaluces dieron la victoria a Susana Díaz, la presidenta saliente, del PSOE. Más de un mes después, Díaz todavía no ha formado Ejecutivo y, según los partidos que podrían facilitar su investidura (Podemos y Ciudadanos), aún está lejos de hacerlo. En consecuencia, es factible que las negociaciones andaluzas se enreden tanto como para que comience el próximo 8 de mayo la campaña de las municipales y autonómicas sin que se hayan resuelto.
Lo mismo podría ocurrir, a su vez, con los Gobiernos de las 13 comunidades autónomas que se votarán el 24 de mayo. Allí donde no haya mayorías absolutas habrá que negociar, y el proceso de búsqueda de acuerdos podría extenderse hasta las elecciones catalanas, anunciadas para septiembre. Ningún partido podrá desligar una cosa de la otra, como tampoco podrán tomar decisiones sin tener antes en consideración la gran cita de 2015: a finales de año hay elecciones generales.
«A mí no me cogerán ni vivo ni muerto. No me convertirán en un muñeco de feria ni se ensañarán con mis restos». Estas fueron las palabras del Führer poco antes de morir.



Las contradicciones de "Podemos": ideología e hiperliderazgo
Alfredo Torrado. Rebelión

Señalar las contradicciones de Podemos se ha convertido en un tópico, como la conclusión de que estas contradicciones se manifestarán si gobiernan y que entonces deberán resolverlas o éstas acabarán con la formación.
Me parece, al contrario, que las contradicciones más aparentes no son tales; que, aun así, explican parte de su éxito y que el peligro, para Podemos, puede venir más bien de su falta de contradicciones, de un exceso de liderazgo.
Las contradicciones más visibles de Podemos son:
*.-  la contradicción entre la “democracia participativa”, más o menos “directa”, de los “círculos” y el hiperliderazgo de Iglesias; la contradicción entre la autoproclamada identidad de izquierdas de sus dirigentes y la insistencia en que “no es un problema de izquierdas ni de derechas, sino de decencia”, etc.
*.- Este es un discurso que parece convenir por igual a propios y a extraños; pero imaginemos, sólo para hacer más patente la contradicción a los propios, que un político de derechas dijera: “yo soy de derechas, se me nota a la legua [como dice Iglesias], pero si consigo el poder no voy a hacer políticas de derechas, sino decentes”. Por último, la contradicción entre el “patriotismo” y la defensa del derecho de autodeterminación de Cataluña, el País Vasco, etc. La enumeración podría seguir.

Al contrario de lo que se piensa, estas contradicciones aparentes, de discurso, han servido para captar las simpatías más diversas: en una época de desesperación, Podemos ha ofrecido un menú contradictorio en el que cada uno puede escoger el primer plato que más le guste sin mirar lo que pide el de al lado y sin pensar en el segundo plato.
No creo que Podemos “resuelva” estas contradicciones. Lo más probable es que se diluyan en favor de uno de sus términos, en la medida en que el partido crezca electoralmente. En esa medida, la "democracia real” de los círculos será limitada o quedará en función del hiperliderazgo; la “política de la decencia” dará paso a políticas de izquierdas, suavizadas por las exigencias de la realpolitik; y el “derecho a decidir” dará paso al patriotismo pseudofederal, común, en mayor o menor medida, a PSOE e IU.
Pero si Podemos no cumple con las enormes expectativas que está generando (para empezar, en sus líderes), se disolverá, con la misma rapidez con la que ha emergido, en los términos contrarios de sus contradicciones, dejando tras de sí una espuma de “democracia real”, “decencia” y “derecho a decidir”.
¿Por qué? Porque la “contradicción principal” es la contradicción entre liderazgo y democracia, y esta contradicción puede ser que se mantenga y sea superada internamente; pero hacia fuera, habiendo renunciado los líderes de Podemos, por necesidad, a un discurso ideológico en los términos clásicos, y aun dominantes (por mucho que se diga), de izquierda y derecha, lo único que se mantiene es el liderazgo. Por eso el liderazgo se convierte en hiperliderazgo, sin contrapeso de ningún tipo. De hecho, lo es también hacia dentro, porque sigue siendo fundamentalmente un liderazgo mediático, muy descompensado (no hay otro dirigente de Podemos que tenga la presencia mediática que tiene Iglesias).

Podemos no es un partido ideológico, sino un partido de líder. No es que no haya ideologías en Podemos o en sus líderes; por supuesto que las hay. Hay ideologías diversas, ideas e ideologemas sueltos, pero no una ideología mínimamente coherente. La cohesión se produce en torno al líder. Lo importante no es la ideología política, sino lo que diga Pablo Iglesias. Iglesias ha conseguido algo que no tiene, a día de hoy, ningún otro dirigente político en España: liderazgo. Podemos es Pablo Iglesias, por mucho que él pretenda, como todo líder ha pretendido siempre, que no es así, que Podemos es mucho más que él, que él no es un “macho alfa”, que quien piense eso no ha entendido lo que es Podemos, etc, etc... Ningún líder se ha presentado nunca meramente como un líder.

Ahora bien, más allá de las contradicciones aparentes, la verdadera contradicción, no superada, de Podemos es la siguiente: En el momento en que Iglesias vea que no va a ganar, que no cumple las/sus expectativas o que su liderazgo es cuestionado, se retirará, como amenazó con hacer si no era votada su propuesta en la asamblea del 18-19 de octubre, y como de hecho sigue haciendo, al declarar en la entrevista de Évole que si Podemos no obtiene buenos resultados en las próximas elecciones, se marchará. ¿Por qué? No sólo porque subjetivamente Iglesias tenga conciencia de que es el líder y que, como ha repetido una y otra vez, está sólo para ganar, sino porque sabe que, a falta de ideología, él (apoyado por su equipo, claro está) es el único que puede dar cohesión y dirección a Podemos y a sus votantes. Por eso, sin Pablo Iglesias, Podemos quedaría dejado de la mano de dios. A no ser que se encontrase otro líder o que, entretanto, Podemos lograse formarse ideológicamente. Pero esta última posibilidad es poco probable, puesto que justamente en la medida en que Iglesias mantenga su liderazgo, Podemos no se cohesionará ideológicamente, sino en torno a él.
Esta es la contradicción, no resuelta, del hiperliderazgo. La fortaleza de Podemos es su debilidad. Iglesias es su único fundamento sólido, pero por ello es también su talón de Aquiles. A día de hoy, Podemos depende absolutamente de Pablo Iglesias. Podemos es Pablo Iglesias.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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