miércoles, 15 de marzo de 2017

Uno de cada cuatro alumnos sufre acoso escolar, según un estudio

Lunes, 19 de septiembre de 2005
INVESTIGACIÓN ENTRE 5.000 ESTUDIANTES
Uno de cada cuatro alumnos sufre acoso escolar, según un estudio
EFE
 MADRID.- Uno de cada cuatro escolares de entre 7 y 18 años de edad son acosados por sus compañeros de clase y los alumnos más pequeños -los que cursan Primaria- padecen un acoso siete veces superior al resto de los escolares.
Así lo explicaron los profesores Iñaki Piñuel y Araceli Oñate en la presentación de los resultados del estudio Cisneros sobre violencia y acoso escolar, que fue realizado durante los meses de mayo y junio pasados entre 5.000 alumnos de Primaria, ESO y Bachillerato en 222 aulas de centros públicos, privados y concertados de distintas zonas geográficas de la Comunidad.
Se trata del primer estudio monográfico sobre este tema realizado en la región, aseguró Piñuel, que revela que la forma de violencia más frecuente entre los escolares es la psicológica, manifestada mediante amenazas verbales, desprecio, ridiculización, exclusión, entre otros comportamientos.
Según los datos de este informe, la tasa de acoso por sexos es de un 26,8 por ciento para los niños y de 21,1 por ciento para las niñas, aunque "los comportamientos que reciben las víctimas varían dependiendo del sexo", explicó Piñuel, director de los estudios Cisneros.
Mientras los niños acosados suelen recibir motes, patadas, collejas, zarandeos, amenazas y ser objeto de burlas cuando se equivocan, las conductas más frecuentes contra las niñas suelen ser meterse con ellas para hacerles llorar, hacerles caer mal a otras, prohibir a otros que jueguen con ellas, amenazarlas mediante mensajes y odiarlas sin razón.
Estos comportamientos reflejan que "el tipo de acoso que reciben los varones es más físico mientras que el padecido por las niñas se centra más en lo verbal y en reducir socialmente a las niñas", manifestó Piñuel.
Como consecuencia de estas situaciones de acoso que, según el estudio padecen el 24 por ciento de los alumnos encuestados, las víctimas padecen secuelas psicológicas tales como el estrés psicológico (35%), depresión (36%), baja autoestima (36%), ansiedad (36%), auto imagen negativa (37%), terror (40%), ideación suicida (15%), somatizaciones (14%), entre otras. La situación de acoso escolar "puede padecerla cualquier niño", aseguró la profesora y directora de este estudio, Araceli Oñate, quien destacó además que "el porcentaje de acosadores frecuentes es cada vez mayor".
Además, explicó que ante este tipo de situaciones "los padres deben dar un apoyo incondicional a sus hijos" en vez de responder con frases del tipo "no es para tanto", "eres un poco exagerado" o "eso también me ha pasado a mí", entre otras.
Ambos profesores presentaron también el denominado "Autotest Cisneros" que se encuentra desde a disposición de aquellos padres o profesores que quieran utilizarlo, y que permite medir las situaciones de acoso escolar a través de ocho indicadores (desprecio-ridiculización, coacción, restricción comunicación, agresiones, intimidación-amenazas, exclusión-bloqueo social, hostigamiento verbal y robos), según destacaron.
Para ellos "la violencia y el acoso escolar se deben medir" porque "provocan daños y secuelas que van a producir una infancia dolorosa y van a hacer que esos niños lleguen a la edad adulta con mayor vulnerabilidad ante otros tipos de violencia", apuntaron.

El «peligro» de los primeros años
M. H.
El suicidio de un joven vasco, de catorce años, ha puesto de relevancia estos últimos días, el maltrato físico y psicológico, que muchos jóvenes practican contra otros en las aulas del colegio.
Jokin no lo soportaba más y se arrojó al vacío desde la muralla de Hondarriba (Guipúzcua). El atestado policial confirmó que lo hizo debido al acoso al que supuestamente le sometían sus compañeros del instituto de Talaia.
Uno de los puntos que trató el «Congreso Andaluz de Infancia y Calidad de Vida», celebrado en Sevilla, era los comportamientos disociales en la infancia y la adolescencia. Actitudes de maltrato a los compañeros, a los padres y a su entorno en general fueron analizados por algunos especialistas en el tema. Y sobre la mesa, el dato indiscutible y cada vez más precoupante de los numerosos casos de trastornos disociales y agresivos que se producen en los patios de la escuelas. Cifras acumuladas y sucesos como el de Jokin, que demuestran que la delincuencia juvenil está en una espiral de aumento llegando a provocar incluso la alarma social. Según el catedrático de psicología infantil de la Universidad de Sevilla, Jaime Rodríguez- Sacristan, más de un 10 por ciento de los chicos tienen comportamientos disociales.
Los orígenes según el catedrático son muy diversos: pueden ser de tipo biológico, genético, psicólogico y producidos por la sociedad de nuestros días. «Ójala hubiera una sola causa, así sería más fácil atajar el problema», señala Rodríguez- Sacristán.
Desde la familia a los profesores, pasando por los medios de comunicación influyen en el comportamiento del joven. «De la familia se imitan comportamientos y en la televisión se aprenden actitudes agresivas».afirma el catedrático que añade «que muchas veces los jóvenes se identifican con personajes o modelos televisivos que tienden a la agresividad». Todo este entramado configura la personalidad de un niño, que puede provocar un comportamiento disocial del menor que le lleve desde la oposición a las normas que se le impone hasta el asesinato. Normalmente, «se suele dar más en varones y hembras», asegura Rodríguez- Sacristán, y sobretodo en familias rotas, conflictivas o la que hay ausencia de algunos de los miembros.
Este fenómeno de violencia en las aulas se está denominando últimamente con el término ingles de «bulling». Se basa genéricamente en la humillación de los compañeros ya sea con la puesta de un simple mote, la humillación o el maltrato físico. «Hay muchos factores en la raíz, pero existe la idea de querer demostrar ser superior» señala el catedrático Rodríguez-Sacristán.

Infancia y calidad de vida
El tema de los comportamientos disociales es uno más de los muchos abordaron en Sevilla en el «Congreso Andaluz de Infancia y Calidad de Vida». Organizado por la Fundación Gota de Leche, con la colaboración de la Dirección General de Infancia y Familias de la Junta de Andalucía, este evento abordó mediante conferencias y mesas redondas una tématica que va desde el menor inmigrante a los niños , los derechos humanos o los nuevos riesgos de la infancia.

La Fundación Gota de Leche es una ONG sevillana que tiene como principal objetivo promover acciones que favorezcan el reconocimiento y la aplicación de lo establecido en la «Convención de los Derechos del Niño». Entre sus actividades en Sevilla se encuentran los «desayunos saludables» con niños de El Vacie, los «talleres interculturales» entre niños inmigrantes y no inmigrantes, el desarrollo de proyectos en Hispanoámerica o los cursos para profesionales de la infancia.

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Un 3,5 de alumnos de entre 9 y 18 años se declara agresor y el doble víctimas
El 3,5 por ciento de los alumnos de entre 9 y 18 años se declara agresor y el 6,5 se considera víctima de ataques en el colegio, "una tendencia muy sólida" que no debe crear "alarma social" pero sí "preocupación" entre las administraciones públicas, que deben dedicar "tiempo y dinero" al problema.
Así lo manifestó la catedrática de la Universidad de Córdoba, Rosario Ortega, una de las autoras del estudio "Abordar la Violencia en las Escuelas: Un Informe de España", elaborado junto a Isabel Fernández y Rosario del Rey. Ortega explicó que los datos del estudio, el último en el que se ha analizado la violencia en los centros educativos, son de 2003 pero son aplicables a 2004 porque "corresponden a una tendencia sólida y coherente comparada con otros países europeos".
Aseguró que según sus datos, obtenidos de entrevistas personales a 4.914 estudiantes de 26 colegios de Sevilla, el 43 por ciento de los estudiantes son "ocasionalmente agresivos y se han visto implicados en problemas con algún compañero".
Un estudio publicado también por Ortega y desarrollado en el marco del Proyecto Sevilla Anti-Violencia Escolar (SAVE) en 2000 hace un análisis más exhaustivo sobre el problema y sus conclusiones hablan de que el 31 por ciento de los estudiantes podrían "intimidar" a sus compañeros de clase en distintas circunstancias, mientras que un 25,5 por ciento no sabía si lo haría. Este estudio incluye los resultados de 7 estudios sobre violencia infantil basados en cuestionarios a los estudiantes, el 30,3 por ciento ha causado daño físico, el 41 por ciento ha ejercido violencia verbal y el 21,5 por ciento ha causado daño psicológico.
El autor del informe "Los actores de la violencia escolar" y director de la Unidad de Psiquiatría Infantil del Hospital Clínico Universitario de Madrid, Ignacio Avellanosa, dijo que el acoso en la escuela (bullying en inglés) es un fenómeno "difícil de contabilizar", ya que la mayoría de las víctimas no confiesa los abusos a los que se ve sometida por temor a reconocer sus miedos.
Avellanosa calificó el suicidio del joven guipuzcoano Jokin C. el pasado 21 de septiembre a causa del acoso al que le sometían sus compañeros de instituto como un incidente «terrible» aunque «no se trata de algo nuevo», ya que este tipo de sucesos se ha dado «siempre», incluso en el servicio militar. Según el psiquiatra infantil, el acoso en las aulas es «más frecuente» en la franja de edad comprendida entre los diez y los quince años.
El sexo también es determinante a la hora de evaluar este fenómeno, así los chicos son más propensos a desempeñar la violencia en las aulas aunque, según Avellanosa, cuando se da entre las chicas el problema resulta «más grave» ya que la agresividad es mayor.
Para Avellanosa, en determinadas ocasiones la víctima desarrolla un sentimiento «masoquista» que le lleva a buscar la agresión como un medio para ser aceptado.
Sin embargo, en opinión del psiquiatra infantil, «lo más preocupante» son los espectadores, el grupo que contempla al verdugo con una actitud «pasiva», sin atreverse a plantarle cara. En su opinión, los espectadores del acoso que sufre la víctima por parte del agresor se asemejan, «en cierto modo, a una parte de la sociedad vasca, incapaz de reconocer el problema del terrorismo», afirmó.
Uno de cada cuatro alumnos de Secundaria confiesa maltrato psicológico
Una encuesta realizada por la Universidad Complutense de Madrid entre estudiantes de enseñanzas medias revela que uno de cada 4 alumnos de enseñanzas medias, el 25,81 por ciento, se ha sentido maltratado psicológicamente durante sus estudios.
La investigación fue elaborada por la Escuela de Estadística de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) entre 1.516 estudiantes de Secundaria madrileños cuando realizaban su preinscripción de acceso a esa institución académica, informó la Universidad en un comunicado.

El estudio revela que a la pregunta "¿Te has sentido alguna vez maltratado psicológicamente durante tus estudios?", un 17,7 por ciento asegura que lo ha sido por sus profesores y el 8,11 por ciento por sus compañeros.
Aunque el 91,8 por ciento de los encuestados asegura que nunca ha sufrido una agresión física ni por sus compañeros ni por sus profesores, el 19,4 por ciento dice que ha sido testigo de maltratos psíquicos o físicos a un docente, y el 21,5 por ciento que lo ha visto entre alumnos.

Los alumnos que se describen como maltratados psicológicamente por sus profesores tienen mejores notas que aquellos que se dicen maltratados por parte de sus compañeros.
Según los autores del estudio, de esta encuesta se deduce que los maltratos físico y psicológico se encuentran "fuertemente" relacionados, de manera, afirman, que al sufrir uno de ellos se tiene mayor probabilidad de sufrir también el otro.
Un estudio sitúa un mayor riesgo de violencia en la adolescencia temprana
En la adolescencia temprana existe un mayor riesgo de violencia entre jóvenes y son los cursos y edades que coinciden con dicha etapa -segundo y tercero de la E.S.O y entre 13 y 15 años- los que resultan más difíciles para el profesorado de secundaria, según un estudio del Instituto de la Juventud (INJUVE).
La investigación "Prevención de la violencia y lucha contra la exclusión desde la adolescencia", presentada por este organismo dependiente del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, destaca la necesidad de utilizar la educación para prevenir la violencia y aboga por dar más protagonismo a los jóvenes en su formación.
El trabajo, recogido en tres volúmenes y un vídeo, fue realizado por el equipo de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid a través de encuentros con 825 adolescentes de Fuenlabrada, Móstoles y Getafe y pretende mostrar programas "de defensa de la igualdad" basados en la participación de los jóvenes y en la colaboración entre los agentes del proceso formativo.
Esta "experiencia piloto", demostró, a juicio de la catedrática de Psicología de la Educación de la citada universidad y responsable de la investigación, María José Díaz-Aguado, los beneficios de ayudar a los jóvenes a "afrontar su responsabilidad" y a "fortalecer sus deberes y derechos".
Los resultados obtenidos al estudiar las características de los jóvenes de los tres municipios muestran que "en el ocio, los adolescentes viven menos situaciones de agresión entre iguales que en la escuela, con la excepción de las coacciones con amenazas o con armas, en las que sucede lo contrario".
Asimismo, señala que las "frecuentes situaciones de exclusión y humillación que se producen en la escuela podrían estar en el origen de la orientación a la violencia de los adolescentes que la ejercen" tanto en los centros educativos como en el tiempo de ocio.
Por otra parte, muestra que "la violencia hacia los iguales está estrechamente relacionada con una serie de sesgos y distorsiones morales que contribuyen a legitimarla, -destacando sobre todo los conceptos de 'cobarde' y 'chivato'-, fuertemente arraigados entre quienes agreden a sus compañeros en la escuela".
Los resultados y conclusiones de la investigación serán puestos a disposición de equipos educativos, escuelas y organizaciones, para lo que se ha realizado una tirada inicial de 2.000 ejemplares

«Los profesores tenemos miedo»
CARLOS HIDALGO
«Durante un tiempo, antes de subirme a mi coche, miraba a un lado y a otro, porque tenía verdadero miedo». Éste es el relato, a puerta cerrada, del director de un centro de Secundaria cualquiera, en una zona de la Comunidad de Madrid cualquiera, un día lectivo cualquiera. Aquí no hay nombres propios; eso da igual. Pero sí que hay muchas vivencias, momentos de gran tensión y, sobre todo, de miedo. Porque hay miedo entre gran parte de los profesores.
La visita al centro comienza a media mañana. En principio, todo parece normal y está tranquilo. Algunos chavales van y vienen por el pasillo, rezagados que aún no han podido —o querido— entrar en clase. El escenario es el mismo de siempre, el de hace unos años, pero los actores han ido cambiando; el mosaico multirracial es patente: chicos de Europa del Este, de Suramérica, gitanos, payos, blancos, negros, asiáticos... Es la nueva realidad social, y también la educativa. ¿Está el sistema preparado para este tentáculo de la globalización?
Durante el relato, ni fotos ni grabadora. La resaca del último incidente grave aún martillea. Hace apenas unos días, un chaval repetidor, adolescente y que pasó gran parte del curso anterior expulsado del centro, es requerido a sus puertas por agentes de la Policía Nacional. El director del instituto les informa de que no ha aparecido en toda la mañana por allí. Pero llega poco después. Rápidamente, los funcionarios policiales proceden a su detención. Al parecer, pesa sobre él una acusación de robo con intimidación.
A los tres días ya estaba rondando de nuevo por la zona. Es como guardar agua en un pañuelo. No contento con su última «hazaña», ese mismo día se fue con otra alumna del centro a pegar a una chica de otro instituto. Tuvo que ser escoltada por los profesores a su salida de clase. Aun así, le tiraron de los pelos. Intervino el director. En mala hora. El alumno agresor se tiró encima de él y le pateó hasta el ensañamiento.

...Y después, unas tijeras
Suma y sigue. Porque aquella misma mañana, de vuelta al centro, el adolescente amenazó a una profesora con una piedra y, poco después, a otra con unas tijeras. Está expulsado.
Son hechos reales, pero no privativos de una ciudad o de un tipo de estrato social. Según el estudio sobre violencia escolar entre iguales —de alumno a alumno—, también conocida como «bullying», realizado por el Defensor del Pueblo, casi un 5 por ciento de los chavales que cursan la ESO reconoce que algún compañero le pega. Si le damos la vuelta a la tortilla, durante el reciente congreso sobre «Violencia y Juventud», celebrado en Valencia por iniciativa del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, se puso de relieve que un 12 por ciento de los chicos en esa edad escolar mantiene conductas agresivas y que un 5 por ciento realiza robos y actos con intimidación.
Y vuelta al miedo. Ése que durante un curso hizo que nuestro instituto, uno de tantos, tuviera que recurrir a la vigilancia privada. De poco sirvió. Fueron los mismos padres quienes se quejaron de la presencia del guarda jurado. Porque la familia es, a menudo, juez y parte del problema. «El año pasado —comenta un educador— puse una sanción a un chaval. Le obligué a sentarse durante un examen, y lo único que recibí a cambio fue un insulto. Tuvo que venir la policía al centro porque se presentó la familia con palos para pegarme». «A otros profesores —continúa— les han amenazado; incluso un docente intentó defenderse ante la agresión de un alumno».

Los muebles, por la ventana
¿Y qué hay de drogas y alcohol? «En los últimos 18 años no he visto nunca a nadie fumar en el instituto. Ése no es un problema que padezcamos en el interior del centro, aunque alguna que otra vez sí notas que un chaval viene “colocado”», comentan.
A mitad de la conversación, una profesora, indignada, entra en el despacho. Dice que no aguanta más la situación con un chaval de 15 años, que desestabiliza la clase con continuas quejas. El chico entra y comienza el diálogo. Su currículo académico deja poco lugar a dudas. El chaval sólo quiere saber si, cuando cumpla los 16, podrá salir del centro, ya que el sistema educativo sólo mantiene la escolarización obligatoria hasta esa edad. «Yo, al menos, no le pego a nadie —arguye—. Hay un chaval al que le insultan y le “cascan”; le tienen atemorizado». Tras la charla con él, hace propósito de enmienda. Ojalá. Era la moda de aquel año.
Aunque éste no sea el caso, el director del centro asegura que en él hay chavales «que viven en la calle. Muchos son delincuentes en potencia, si no lo son ya». Como aquellos que irrumpían en medio de una clase y lanzaban por la ventana todo tipo de mobiliario, desde mesas a sillas, pasando por percheros.
Otra de las tónicas que se están dando, aunque no en este centro, es la presencia de bandas juveniles, como los «Latin-Kings», a las puertas de los centros educativos, donde «reclutan» a chavales para llevar a cabo sus acciones violentas. La proliferación de chicos de diferentes nacionalidades, algunas veces y debido a una mala integración —que hace necesario un replanteamiento del sistema actual—, provoca la creación de clanes en los lugares de enseñanza. Las grandes palizas, por lo general, se dan de puertas para fuera, pero «en el patio —comenta el director de un centro—, muchos chicos se sienten amenazados». «He visto peleas increíbles —recuerda—, en las que en un pasillo se han juntado un magrebí, un gitano, un negro, un payo y un suramericano para pegarse». Aseguran, por lo tanto, que existe más discriminación a causa de las razas que por diferencias sexuales.
Resulta difícil huir de los clichés, pero también cerrar los ojos ante una realidad cercenada por lo políticamente correcto. Un ejemplo es la manera de concebir estos años de formación por parte de la cultura gitana. «Si consigues que una chica de esa etnia llegue a 1º de Bachillerato sin que a los 16 años esté casada o embarazada, has logrado una maravilla», comenta el director de un instituto en el que uno de cada diez alumnos de la ESO es de esta raza. «No recuerdo ningún gitano que haya terminado aquí el Bachillerato», afirma.

¿Hay o no hay racismo?
Desde la Oficina del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid se asegura que el desembarco de chicos de otros países no ha supuesto la proliferación de nuevas maneras de violencia entre iguales, en las que las víctimas sean jóvenes de procedencia, por ejemplo, suramericana. El director del centro no está de acuerdo: «Si hay alguien racista en el instituto, tiene una pelea clarísima con los suramericanos; pero éstos también se organizan entre sí».

Termina la visita. Es la hora a la que rugen las tripas y los pupitres quedan vacíos. A través del portón de entrada, una chica le pasa un cigarro encendido a otra. Suena el timbre de salida.


SOCIEDAD
en su mayoría chicas
Tres de cada cien alumnos padecen acoso escolar
Tres de cada cien alumnos padecen acoso escolar o 'bullying' (situación extrema de violencia intimidatoria y persistente por parte de un compañero), de los cuales el 65 por ciento son chicas, que sufren principalmente presiones emocionales (90 por ciento) y físicas (70 por ciento), en clase (75 por ciento) y en el patio (60 por ciento).
Seis de cada diez son sometidas a varios tipos de violencia a la vez y el 40 por ciento de las niñas acosadas tiene 13 años.
En cuanto a episodios de violencia escolar (casos puntuales de agresiones físicas, emocionales, sexuales, económicas o de vandalismo), el 14, 5 por ciento de los entrevistados declara ser víctima de agresiones en el centro, principalmente chicos de 12 a 13 años (seis de cada diez), sobre todo emocional (82, 8 por ciento) y física (50, 9 por ciento) y en el patio (54, 3 por ciento) o en clase (53, 4 por ciento).
Ocho de cada diez víctimas que han sufrido algún episodio de violencia se lo comunican a alguien. La mitad se lo cuenta a un amigo, el 42 por ciento, a su profesor y tres de cada diez, a sus padres, según las conclusiones que se recogen en el informe 'Violencia entre compañeros en la escuela', elaborada por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia y Metraseis y presentado hoy en Madrid.
Asimismo, este documento, realizado con 800 entrevistas telefónicas a jóvenes de 12 a 16 años de todas las comunidades autónomas entre mayo y junio de este año, cifra en ocho de cada diez (75 por ciento) los estudiantes que han sido testigos de violencia escolar, aunque no todos ellos han presenciado acoso a un compañero.
Principalmente, han visto violencia emocional (84 por ciento) y física (76 por ciento), sobre todo en el patio (71, 3 por ciento), en la clase (60 por ciento) y en los alrededores del centro (52 por ciento).
Siete de cada diez testigos informan del problema a un amigo, lo hablan con la propia víctima o lo discuten con el agresor, mientras que tres de cada diez se lo comunican a algún docente (26 por ciento). Intervienen porque son amigos de la víctima (47 por ciento), no les gusta lo que le hacen (44 por ciento), no lo ven correcto (35 por ciento) o sienten pena del acosado (17 por ciento), tal y como refleja el informe, patrocinado por la Generalitat Valenciana y la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM).

Consecuencias: nervios, tristeza y soledad
Las consecuencias negativas para las víctimas existen en el 33 por ciento de los niños que padecen algún episodio de violencia y el 95 por ciento de los que son acosados. Principalmente, se sienten nerviosos (35 por ciento), tristes (26 por ciento), solos (18 por ciento) y bajan sus notas escolares (13 por ciento) en el caso de los que sufren algún tipo de violencia, mientras que los acosados en el ámbito escolar padecen nerviosismo (55 por ciento), tristeza (50 por ciento), soledad (45 por ciento) o reducción del rendimiento (35 por ciento) en mayor medida.
En cuanto al agresor, ocho de cada cien estudiantes se declara agresor, principalmente chicos (8 por ciento), de nacionalidad española (94 por ciento), que ejercen violencia emocional (78 por ciento), a compañeros del mismo curso (63 por ciento). Generalmente, les divierten las actividades de riesgo (59 por ciento), ven películas o juegan con videojuegos violentos (41 por ciento) y sienten rabia u odio hacia los demás (39 por ciento) y ejercen violencia porque entienden que se les provoca (70 por ciento) o la víctima se lo merece (23 por ciento).
A raíz de estos datos, el director del Centro Reina Sofía, José Sanmartín, advirtió de la existencia de un "cortocircuito" por el que las quejas de los alumnos no llegan a la inspección ni a las autoridades educativas para frenar estas situaciones. "No estamos ante un problema privado sino público, puesto que es una conculcación de los derechos humanos", afirmó, tras cifrar entre un 10 y un 15 por ciento la tasa de reproducción del maltrato (se aprende a maltratar cuando se ha sufrido violencia).
Tras asemejar la violencia escolar a la doméstica, Sanmartín hizo alusión a la existencia de un componente sexista "fortísimo" en el acoso escolar, por lo que abogó por una educación no sexista y una formación en la empatía (ponerse en lugar del otro). En concreto, propone soluciones "costosas socialmente" sobre que las familias eduquen a sus hijos en convivencia democrática sin hacer delegación de funciones en la escuela y replantear el rol del profesor.

Piden un Plan Nacional
Por su u parte, el consejero de Educación, Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana, Alejandro Font de Mora, apostó por una iniciativa nacional pilotada por el Gobierno central para que todas las experiencias en materia de lucha contra la violencia y el acoso escolar, fomentando una cultura de convivencia en los centros con elementos comunes.
Para empezar, este responsable educativo presentará mañana al Consejo de Gobierno valenciano un plan de lucha contra esta problemática con medidas de refuerzo del papel de los psicopedagogos, potenciación de las tutorías y mediación del conflicto como elemento transversal en el que todos los miembros de la escuela deben estar formados. 
El  21 de septiembre en San Sebastián un joven de 14 años se suicidó para no seguir soportando el acoso y los malos tratos por parte de sus compañeros del colegio, La muerte de Jokin es un monstruoso fracaso de  dimensiones familiares, educativas, sociales y éticas. La deriva de una sociedad que no se revuelva inmediatamente ante el sacrifico de Jokin no merece sino el calificativo de culpable por acción y por omisión. Nada nos define a todos nosotros mejor que el mensaje desgarrador de un compañero de Jokin en su mismo chat: "Cuanto más tiempo pasa peor me siento. Es como un gusano que come mi interior por no haberte defendido".  A Jokin le persiguieron sistemática e impunemente una “banda” de adolescentes de 4º de la ESO con reiteradas amenazas, humillaciones, vejaciones y palizas, conocidas por una parte del profesorado y alumnado del centro La muralla de Hondarribia se ha llenado de velas, flores y mensajes. La dirección del instituto ha comentado que "Quizás hemos actuado con demasiada  lentitud". todos podemos evitar los acosos en los colegios con este caso nos hemos dado cuenta los acosos en los colegios no era el solo sino muchos mas , niños que se metían con Jokin eran hasta niños de profesores.
Lidia Lorente, Natalia Buleo, Sandra Espada, 6º

Las opiniones: 
Natalia: Jokin se sentía  muy mal yo creo que si lo estás pasando mal lo tienes que decir  porque Jokin  no se lo decía a sus padres ni a tutores y hay en muchos colegios niños también acosados y lo están pasando fatal, y los profesores no hacen caso y tendrían que hacer caso y si los profesores no hacen caso les ponen una multa de un año sin el colegio ni pagándole esa es mi opinión.    
 Sandra: Jokin era un chico de 14 años que se sentía acosado. Yo creo que si hubiera sido yo me habría defendido, o no, por que hay personas que son muy violentas, pero si creo que me habría atrevido a decírselo a mis padres. Ese niño se sentía agobiado y acosado. Y al final se suicidó. Hay personas que son débiles y otras no y amenazándole ellos se sentían muy bien, y pegándole. Yo creo que eso es injusto bueno esta es mi opinión.  

¿Qué es el bullying o acoso?
El Bullying es, entre alumnos compañeros de aula o de centro escolar, que  se trata de procesos en los que uno o más alumnos acosan e intimidan a otro —víctima— a través de insultos, rumores, vejaciones, aislamiento social, motes, etc. Si bien no incluyen la violencia física, este maltrato intimidatorio puede tener lugar a lo largo de meses e incluso años, siendo sus consecuencias ciertamente devastadoras, sobre todo para la víctima.
El acoso sexual, es como el bullying, el acoso sexual podría considerarse como una forma particular de bullying, en la misma medida que podríamos considerar también en tales términos el maltrato de carácter racista o xenófobo. Sin embargo, el maltrato, la agresión y el acoso de carácter sexual tienen la suficiente relevancia como para considerarlos en una categoría aparte. El primero es el absentismo, que da lugar a importantes problemas de convivencia en muchos centros escolares; el segundo cabría bajo la denominación de fraude en educación o, si se prefiere, de «prácticas ilegales  esto es, copiar en los exámenes, plagio de trabajos y de otras tareas, recomendaciones y tráfico de influencias para modificar las calificaciones de los alumnos, y una larga lista de irregularidades que, para una buena parte del alumnado, hacen del centro escolar una auténtica «escuela de pícaros».
María Marquina Soria, y Lidia Lorente, 6º.


DECALOGO ANTIVIOLENCIA EN LOS CENTROS EDUCATIVOS:
1. Adaptar la educación a los diferentes cambios sociales desarrollando la intervención a diferentes niveles y estableciendo nuevos esquemas de colaboración, en los que participen la familia y las administraciones.
2. Mejorar la calidad del vínculo educativo y fortalecer al alumno y al profesor, mediante la emisión de una imagen del educador como modelo de referencia y ayudar a los chicos a que desarrollen proyectos académicos gracias al esfuerzo.
3. Desarrollar opciones a la violencia.
4. Ayudar a romper con la tendencia a la reproducción de la violencia.
5. Enseñar a condenar toda forma de violencia favoreciendo una representación de ella que ayude a combatirla.
6. Prevenir el ser víctima. Hay que ayudar a que nunca los chicos se sientan víctimas.
7. Insertar la prevención de la violencia en un contexto más amplio: desarrollo de la empatía y de los Derechos Humanos.
8. Prevenir la intolerancia y el sexismo. Salvaguardar las minorías étnicas y a los niños que no se ajustan a los patrones de sexo preconcebidos.
9. Romper con la conspiración del silencio: no mirar hacia otro lado, afrontar el problema y ayudar a víctimas y agresores.
10. Educar en la ciudadanía democrática, mejorando tanto la coherencia de los valores que se quieren transmitir a los jóvenes como la práctica educativa: predicar con el ejemplo.